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miércoles, 9 de noviembre de 2016

COMA ÉTICO



JOSAN MONTULL

Se llamaba Laura, tenía doce años y estaba en primero de la ESO. Se reunió la noche de Haloween con sus amigos para hacer botellón. Era en San Martin de la Vega, a 40 Km de Madrid. El lugar era perfecto para la fiesta… un descampado, un cerro de muy difícil acceso y sin ninguna iluminación. La movida era barata, los chavales pusieron 8 € por cabeza para la fiesta.

Como no podían comprar alcohol, le dieron el dinero a un chaval mayor de edad que se embolsó 5€ por ir al Súper a comprar botellas.

En un momento de la fiesta la cría se enfadó con sus amigos y se metió entre pecho y espalda una botella de ron para superar el cabreo. Fue tanto lo que bebió que se desmayó. Al principio sus amigos se burlaban de ella, “Mira, tío, qué floja, va a echar las papas”. Cuando la cosa se puso fea, y puesto que ella no reaccionaba, temerosos de lo que pudiera ocurrir, la metieron en un carro de un Supermercado y la llevaron al Centro de Salud. Tardaron una media hora. En ese momento pidieron ayuda. Laura llegó con parada cardiorrespiratoria y fue trasladada en UVI móvil al Hospital 12 de Octubre... donde murió pocas horas después.

Sus padres, a los que la policía había alertado en dos ocasiones por el exceso de alcohol que había ingerido la cría meses antes, lloraron su pérdida. Su pueblo decretó un día de luto oficial y su Instituto hizo un minuto de silencio.
5 euros, eso costó la vida de Laura.

Otras noticias de menores iban llegando y alarmado a los mayores: peleas organizadas, grabadas y difundidas en Lugo protagonizadas por chavales de 14 años, más comas etílicos en otras partes del país…

Mientras tanto un colectivo de padres y madres iniciaban una huelga pidiendo que los profesores no pusieran deberes a sus hijos durante el fin de semana, los partidos políticos seguían sin ponerse de acuerdo con la enésima Ley de Educación; la Administración seguía haciendo malabarismos con la Enseñanza: habían quitado una hora de Religión, luego habían retirado la asignatura de Ética, antes otros la habían quitado de Ciudadanía y unos y otros quitaban y ponían diciendo que la Escuela no puede educar en valores, que debe ser la familia.

Ese día el país entero hablaba de la cobra que dos famosos habían protagonizado en televisión y de los amores y desamores de los ricos que se paseaban impúdicamente en las pantallas como si nos fuera la vida en ello esos romances adolescenciales.

En el Parlamento algunos políticos cobraban por insultar y hacer de la mala educación una gracia.

Y mientras esto ocurre nadie dice nada… nadie se atreve a decir que entre unos y otros hemos desprovisto de cualquier armazón ético a nuestros chavales. Los padres no hacen de padres y hacen de amigos, los profesores se ven obligados a hacer de padres, los policías tienen que hacer de profesores… y así se va fabricando una generación desprovista de referentes éticos porque nadie se pone de acuerdo en nada y porque la exigencia se ha convertido en sinónimo de algo pretérito.

Una amiga profesora me decía: pide una tutoría y las familias presentarán dificultades para poder acudir y concordar la cita; quítales el móvil a sus hijos y al cabo de una hora los tendrás allí para pedirlo.

En eso les podemos convertir, en pequeños déspotas caprichosos a los que hay que domeñar dándoles cosas y no exigiéndoles nada.

Mientras tanto, los mayores iremos poniendo pegas a la defensa de valores humanos por el pudor cobarde de respetar la libertad de los chavales; les daremos cosas, pero no les daremos tiempo; les daremos caprichos pero no les regalaremos exigencia; les reiremos las gracias pero no les pararemos los pies; les entretendremos pero no nos atreveremos a quererlos.

Es verdad, Laura murió de un coma etílico, víctima, como tantos adolescentes, de un coma ético que —por nuestra cobardía— está dejando a nuestros chavales tirados en la vida, tirados por 5 euros, tirados en carros de Supermercados.

jueves, 18 de febrero de 2016

¿Por qué se encabronó Bertín Osborne?

Por Ignacio Villota Elejalde



Esa es la expresión que utilizó Bertín, cuando en una tertulia en cierta cadena de radio, la moderadora sacó a relucir los muertos o asesinados del bando republicano. Aunque encabronar suene como mal, en el diccionario de la Academia de la Lengua se define como irritar, enojar. Efectivamente, a Bertín le estaba irritando que le hablaran de la Memoria Histórica, es decir, del recuerdo, de la justa rehabilitación de tantos ejecutados por el bando franquista y de la recuperación de sus restos. Todo ello a partir de la ley de Zapatero, para cuya ejecución el gobierno de Rajoy no ha librado  ni un euro en toda la legislatura. La tesis de Bertín Osborne, como la del Partido Popular y toda la derecha, es que hay que olvidar algo tan lejano. Que a él le mataron siete tíos en Paracuellos del Jarama y que ya lo ha olvidado. Algo parecido a lo que un joven dirigente del PP, dijo sobre este tema: “Los socialistas son unos carcas que hablan de la guerra del abuelito”.  Luego se retractó, pero ya estaba dicho.

Bertín y muchos bertines de este país olvidan que los “muertos por  Dios y por España” fueron homenajeados, enaltecidos y resarcidos por Franco. Que su recuerdo quedó grabado en las páginas doradas de la historia del Movimiento Nacional, aunque, obviamente, dejaron mucho dolor en sus familias. Pero lo que parece que no saben es que los muertos o asesinados por el bando franquista lo fueron por “rojos”, “marxistas”, “republicanos sin Dios”, “odio a España” y mil otras lindezas y sandeces. No se les rehabilitó nunca, se satanizó su memoria, a sus familiares se les vilipendió, a veces se les persiguió, les colgaron el sambenito de rojos… todo ello porque sus muertos fueron socialistas, comunistas, nacionalistas o, simplemente, leales a la República.