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domingo, 7 de julio de 2019

Curas de la comunidad, casados o no


Jesús Martínez Gordo (en RD)



La pederastia eclesial, el acceso de las mujeres al ministerio ordenado, la reforma de la curia y el Sínodo de la Amazonía están siendo los grandes retos de Francisco en este año. Y si bien es cierto que ha afrontado el primero de ellos con coraje y que la reforma de la Curia vaticana parece estar bien encaminada, también lo es que no ha cerrado el debate sobre el acceso de las mujeres al diaconado y, por ello, al sacerdocio. Después del verano, le toca el turno al Sínodo de la Amazonía; un encuentro en el que vuelven a ponerse sobre la mesa tres referencias capitales en el pontificado del Papa Bergoglio: la preferencia por los pobres y las periferias del mundo; la reforma de las comunidades cristianas y la activación de un nuevo modelo de gobierno eclesial.

Víctor Codina es uno de los teólogos expertos, nombrado a propuesta de la Red Eclesial Panamazónica y co-redactor del documento preparatorio del Sínodo del próximo octubre. En este texto, escrito tras consultar a 100.000 personas de 170 etnias originarias y de nueve países de la región, se sostiene que los problemas que asolan a la Amazonía son: la sistemática violencia en forma de violaciones de los derechos humanos, sobre todo en relación con las mujeres; el narcotráfico; la difusión del consumo de la droga; la destrucción de las culturas; las migraciones forzosas; la trata de seres humanos y los homicidios de líderes indígenas y populares.

Me parece muy bien, ha dicho Víctor Codina, que los ciudadanos del Primer Mundo, os intereséis por el debate que se ha abierto sobre los curas casados, pero, por favor, no permitáis que los árboles os impidan ver el bosque de la tragedia humana y ambiental que están provocando los intereses de las grandes multinacionales con su búsqueda compulsiva de las riquezas naturales (madera y metales); con la construcción de infraestructuras (pantanos y carreteras); con su apropiación de la tierra y, cómo no, con la contaminación del suelo, de las aguas y del aire.

En el marco de este “hecho mayor” se ha de entender la propuesta de una Iglesia con rostro amazónico, es decir, defensora del territorio y de la vida de sus miembros, femenina, descentralizada, descolonizada, promotora de vocaciones autóctonas y habilitada para ordenar sacerdotes a “indígenas” “respetados y aceptados por su comunidad, aunque tengan ya una familia constituida y estable”.