Francisco aterriza este sábado en la isla Mediterránea, justo después de unas elecciones, en pleno conflicto ucranio y en medio de un clima local algo enrarecido por la inmigración
Fuente: El País
Por: Daniel Verdú
Roma
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Un hombre camina delante de una valla publicitaria que anuncia la llegada de Francisco a Malta.DARRIN ZAMMIT LUPI (REUTERS)
El Papa llega este sábado a Malta en un viaje aparentemente simple, pero complicado por la naturaleza del momento y el humor que transpira la isla tras las recientes elecciones legislativas, que han confirmado por tercera vez a los laboristas. El Vaticano no suele organizar viajes cercanos en el tiempo a periodos electorales para evitar interpretaciones políticas —en este caso podría venderse internamente como un espaldarazo—. Pero en esta ocasión, el viaje fue pospuesto dos veces por la pandemia y ha terminado casi solapándose con las urnas. Además, la isla está marcada a fuego por la llegada de inmigrantes a través del Mediterráneo y por un cierto hartazgo de sus ciudadanos hacia esta situación. Francisco, que permanecerá menos de 48 horas ahí, deberá hacer equilibrismos para afrontar un aterrizaje que oscila entre la indiferencia y algún tipo de resquemor hacia el discurso de acogida que mantiene desde su llegada a la silla de Pedro en 2013 y que deberá ahora adaptar a la situación de la isla. Todo ello, además, con el eco de la guerra en Ucrania de fondo, a la que deberá referirse en la tradicional rueda de prensa en el vuelo de regreso a Roma.








