Por Jesús Mtz. Gordo, teólogo (en kiosko y más)
El semanario satírico ‘Charlie Hebdo’ vuelve a ser objeto de polémica en el primer aniversario del atentado yihadista sufrido por su redacción. En esta ocasión por una caricatura en la que Dios, bajo el título ‘Un año después el asesino sigue corriendo’, lleva un fusil Kalashnikov a la espalda y, manchado de sangre, huye. En el editorial, Laurent Sourisseau, el director del semanario y uno de los supervivientes del ataque terrorista, denunciaba a los «fanáticos embrutecidos por el Corán», pero también «a los benditos idiotas de otras religiones» que «nos deseaban el infierno en el que creen por habernos atrevido a reírnos de la religión».
Las reacciones no se han hecho esperar. Muchos periódicos han recogido el editorial publicado por L’Osservatore Romano y titulado ‘La fe manipulada’. El diario vaticano denunciaba «una imagen que hiere a todos los creyentes de las diferentes religiones». Es una caricatura, proseguía, citando a Anouar Kbibech, presidente del Consejo francés del culto musulmán, «que no ayuda, en un momento en el que necesitamos estar codo con codo». Esta reacción vaticana sintonizaba con el comentario realizado por un portavoz del episcopado francés cuando se preguntaba si éste es «el tipo de polémica que Francia necesita». Y con el mismo cardenal VingtTrois cuando se negaba a comentar dicha portada porque, sencillamente, «se ha hecho para provocar».
Menos conocidas son las declaraciones de Bruno Forte. Tanto la caricatura como el editorial, manifestaba el teólogo y secretario general del Sínodo de los obispos, están muy alejadas «de la verdad, porque todas las religiones, no solo la cristiana, sino también la hebraica y la musulmana, predican la no violencia en nombre de Dios. Si acaso, lo violento es asumir una postura ideológica» que juzga y excluye a los demás en nombre de una pretendida posesión absoluta de la verdad.