Por Jesús Mtz. Gordo, teólogo (en kiosko y más)
El semanario satírico ‘Charlie Hebdo’ vuelve a ser objeto de polémica en el primer aniversario del atentado yihadista sufrido por su redacción. En esta ocasión por una caricatura en la que Dios, bajo el título ‘Un año después el asesino sigue corriendo’, lleva un fusil Kalashnikov a la espalda y, manchado de sangre, huye. En el editorial, Laurent Sourisseau, el director del semanario y uno de los supervivientes del ataque terrorista, denunciaba a los «fanáticos embrutecidos por el Corán», pero también «a los benditos idiotas de otras religiones» que «nos deseaban el infierno en el que creen por habernos atrevido a reírnos de la religión».
Las reacciones no se han hecho esperar. Muchos periódicos han recogido el editorial publicado por L’Osservatore Romano y titulado ‘La fe manipulada’. El diario vaticano denunciaba «una imagen que hiere a todos los creyentes de las diferentes religiones». Es una caricatura, proseguía, citando a Anouar Kbibech, presidente del Consejo francés del culto musulmán, «que no ayuda, en un momento en el que necesitamos estar codo con codo». Esta reacción vaticana sintonizaba con el comentario realizado por un portavoz del episcopado francés cuando se preguntaba si éste es «el tipo de polémica que Francia necesita». Y con el mismo cardenal VingtTrois cuando se negaba a comentar dicha portada porque, sencillamente, «se ha hecho para provocar».
Menos conocidas son las declaraciones de Bruno Forte. Tanto la caricatura como el editorial, manifestaba el teólogo y secretario general del Sínodo de los obispos, están muy alejadas «de la verdad, porque todas las religiones, no solo la cristiana, sino también la hebraica y la musulmana, predican la no violencia en nombre de Dios. Si acaso, lo violento es asumir una postura ideológica» que juzga y excluye a los demás en nombre de una pretendida posesión absoluta de la verdad.
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lunes, 11 de enero de 2016
lunes, 28 de diciembre de 2015
FE, CREENCIAS Y CERTEZAS
Por Ignacio Villota Elejalde
Vivimos tiempos, siempre los hemos vivido, en que las grandes
religiones, entendidas como ciencias acabadas, con sus montajes ideológicos y
certezas logradas ponen en peligro el requisito básico de la convivencia
humana, la tolerancia, e intentan lograr el triunfo de las ideas religiosas y
sus, a veces, logros económicos por medio de la imposición, de la violencia y
de la muerte.
Durante estos últimos años hemos asistido a la irrupción
violenta, a la masacre y el terror de grupos fanatizados del mundo musulmán
que, llevados por un sentido literal asfixiante de su libro sagrado, se
inmolan, aterrorizan y asesinan, llevando a las poblaciones y a los políticos a
miedos incontrolables que, incluso pueden conducir a mentes normalmente
sensatas a conclusiones ideológicas y políticas peregrinas. El fin de los
fanáticos musulmanes sería rehacer las glorias políticas culturales y
religiosas de sus califatos.
Nosotros en el cristianismo sabemos algo de todo esto. No sé
si incitados por teólogos llenos de certezas, o acaso también, por comerciantes
flamencos, ingleses o franceses que vieron en la aventura del Próximo Oriente
la posibilidad de pingües negocios, la Iglesia, a través de aquel grito del
papa Urbano II “Dios lo quiere”, se lanzó a la aventura de la I Cruzada. Había
que rescatar los Santos Lugares por los que Jesús transitó. Convencidos de
poseer la razón y de que era la voluntad de Dios echar a los musulmanes de
aquellas tierras eminentemente cristianas, en opinión del Papa, los cruzados
ejercieron la violencia durante muchos años. No aterrorizaban en el sentido
moderno de la palabra, con dinamita y bombas de racimo, pero sí asediaron,
mataron y ejecutaron a infieles hijos de Mahoma.
Nosotros, los creyentes cristianos, siempre hemos de estar
alerta ante la sutil tentación de confundir las creencias con las certezas, y
andar a “certezazos” con los de dentro o los de fuera que no estén de acuerdo
con ellas. Y para hablar de estas cosas nos sirve el Evangelio de estos días.
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