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viernes, 8 de junio de 2018

Carta de Francisco papa a los cristianos de Chile


Al Pueblo de Dios que peregrina en Chile

Queridos hermanos y hermanas:

El pasado 8 de abril convocaba a mis hermanos obispos a Roma para buscar juntos en el corto, mediano y largo plazo caminos de verdad y vida ante una herida abierta, dolorosa, compleja, que desde hace mucho tiempo no deja de sangrar[1]. Y les sugería que invitaran a todo el Santo Pueblo fiel de Dios a ponerse en estado de oración para que el Espíritu Santo nos diera la fuerza de no caer en la tentación de enroscarnos en vacíos juegos de palabras, en diagnósticos sofisticados o en vanos gestos que no nos permitiesen la valentía necesaria para mirar de frente el dolor causado, el rostro de sus víctimas, la magnitud de los acontecimientos. Los invitaba a mirar hacia donde el Espíritu Santo nos impulsa, ya que "cerrar los ojos ante el prójimo nos convierte también en ciegos ante Dios"[2].

Con alegría y esperanza recibí la noticia de que han sido muchas las comunidades, los pueblos y capillas donde el Pueblo de Dios estuvo rezando, especialmente los días que estábamos reunidos con los obispos: el Pueblo de Dios de rodillas que implora el don del Espíritu Santo para encontrar luz en la Iglesia "herida por su pecado, misericordiada por su Señor, y para que sea cada día convertida en profética por vocación"[3]. Sabemos que la oración nunca es en vano y que "en medio de la oscuridad siempre comienza a brotar algo nuevo, que tarde o temprano produce fruto"[4].

1. Apelar a Ustedes, pedirles oración no fue un recurso funcional como tampoco un simple gesto de buena voluntad. Por el contrario, quise enmarcar las cosas en su preciso y precioso lugar y poner el tema donde tiene que estar: la condición del Pueblo de Dios "es la dignidad y la libertad de los hijos de Dios, en cuyos corazones habita el Espíritu Santo como en un templo"[5]. El Santo Pueblo fiel de Dios está ungido con la gracia del Espíritu Santo; por tanto, a la hora de reflexionar, pensar, evaluar, discernir, debemos estar muy atentos a esta unción. Cada vez que como Iglesia, como pastores, como consagrados, hemos olvidado esta certeza erramos el camino. Cada vez que intentamos suplantar, acallar, ningunear, ignorar o reducir a pequeñas elites al Pueblo de Dios en su totalidad y diferencias, construimos comunidades, planes pastorales, acentuaciones teologías, espiritualidades, estructuras sin raíces, sin historia, sin rostros, sin memoria, sin cuerpo, en definitiva, sin vidas. Desenraizarnos de la vida del pueblo de Dios nos precipita a la desolación y perversión de la naturaleza eclesial; la lucha contra una cultura del abuso exige renovar esta certeza

Como le dije a los jóvenes en Maipú quiero decírselo de manera especial a cada uno: "la Santa Madre Iglesia hoy necesita del Pueblo fiel de Dios, necesita que nos interpele […] La Iglesia necesita que Ustedes saquen el carné de mayores de edad, espiritualmente mayores, y tengan el coraje de decirnos, 'esto me gusta', 'este camino me parece que es el que hay que hacer', esto no va. Que nos digan lo que sienten y piensan"[6]. Esto es capaz de involucrarnos a todos en una Iglesia con aire sinodal que sabe poner a Jesús en el centro.

martes, 1 de mayo de 2018

¿En quién confiará el Papa para nombrar a los nuevos obispos chilenos?



A estas alturas es más que probable que dentro de muy poco Juan Barros dejará de ser obispo de Osorno. Los osorninos habrán podido representar a muchos católicos chilenos que piensan que ningún obispo debiera serles impuesto. Esta situación, podrá volver a ser posible en casos similares y aunque no deseable nos deja muchas lecciones.

En este momento en que los obispos chilenos se aprontan a encontrarse con el Papa Francisco, para reflexionar en conjunto los hechos y establecer un plan de acción, surgen dos preguntas. Una es por la idoneidad de quienes serán nombrados obispos en reemplazo de los que eventualmente dejarán el cargo. Estos pueden llegar a ser nueve en un plazo relativamente breve. Preocupa quiénes llegarán a serlo.



¿Qué obispos nuevos podrán echarse sobre los hombros el peso de la masiva desconfianza de los fieles en sus autoridades? Estas, precisamente, han perdido autoridad. Hoy no basta la investidura. El común de los bautizados es mucho más crítico. Espera que los sacerdotes den cuenta de sus dichos y de sus actos.

A efectos de elegir a los nuevos obispos, convendría elaborar un perfil de los candidatos de acuerdo a la realidad en la que se está. A mi parecer, las personas podrían tener al menos estas tres características. Han de ser sujetos con una capacidad de conectarse emocional y culturalmente con todas las generaciones. Esta empatía no tiene por qué ser mera simpatía, sino aptitud para entender por dentro a la gente de esta época y su cultura, y compadecerse con los más diversos sufrimientos humanos.

Por lo mismo, segunda característica, se requiere sujetos con una sólida formación como para tener una visión amplia que permita usar la enseñanza tradicional de la Iglesia para ayudar a las personas y no para oprimirlas con ella. Estas dos características se requieren conjuntamente. No puede ser que los obispos se perciban como alejados del sentir y del pensar de los católicos.

jueves, 23 de abril de 2015

Poligamia Episcopal

De Agustín Cabré, cmf
(En RyL)


El anillo tiene un significado fácilmente entendible en las culturas del mundo. Su forma circular indica plenitud, eternidad, un anillo no tiene ni principio ni fin. Un anillo es símbolo de poder y así antiguamente a los reyes se les otorgaba un anillo como signo de autoridad. El anillo tiene significación de compromiso y así se ha usado en las ceremonias de matrimonio. Con ese significado profundo de compromiso hasta la muerte lo ha usado la iglesia católica.
 
Uno de los signos que se realizan en la liturgia de consagración de un nuevo obispo es la entrega de un anillo para su mano derecha. Tiene el mismo significado que en los desposorios. Es una señal visible de la relación esposo-esposa que tiene el obispo con su iglesia particular. Así lo dice el Nº 34 del Directorio para el Ministerio pastoral de los obispos: “en cuanto Pastor, servidor del Evangelio y esposo de la Iglesia, debe revivir, junto con su presbiterio, el amor esponsal de Cristo en relación con la Iglesia su esposa”.
 
El símbolo del anillo implica que el obispo ame de verdad a su diócesis. Que le sea fiel y no la abandone, ni desee otra. Que le haga profesión de fidelidad hasta el fin.
Sin embargo, muchísimos obispos empiezan contrayendo nupcias con una iglesia a la que son designados y después son cambiados a otra, y quizá a una tercera. Por eso el título de esta nota no es ofensivo ni herético.
 
Es lo que ha sucedido últimamente con el nombramiento de Juan Barros como obispo de Osorno. Se puede decir que el obispo es polígamo.
 
Barros comenzó con una “esposa” morenita, pero más vieja que el mundo. Se trataba de una iglesia (una comunidad de cristianos ) que había existido en Bilda, al interior de Mauritania, en Africa occidental, y que ya estaba desaparecida en los anales de la historia. Esto fue en 1995 cuando pasó de secretario del cardenal Juan Fco. Fresno a obispo de “Bilda”.

viernes, 27 de marzo de 2015

Sobre el poder en la Iglesia

 
 (De  R y L)

Las estructuras deben sacar las oportunidades de abusos de poder. Pues, en la Iglesia hay abusos de poder... (José Comblin).


I n t r o d u c c i ó n

Siempre más queda claro que la cuestión fundamental para los cristianos hoy día es la cuestión del poder. La cuestión del poder es la principal novedad, el principal reto que la cultura contemporánea dirige a la Iglesia después de Vaticano II. El Concilio no trató de la cuestión. Trató de evitarla, porque en aquel tiempo la cuestión del poder todavía no era un tema dominante de la cultura occidental.

En Lumen Gentium el Concilio trató de evitar la palabra poder cuando se refiere a la jerarquía. Usa la palabra “munus”, oficio o palabras que dicen servicio. En esa forma se evita abordar la cuestión del poder. Es evidente que evitó voluntariamente la palabra poder (salvo en algunos pocos casos como en 18, a, en donde la palabra “poder sagrado” es inmediatamente suavizada por la palabra servicio).

La jerarquía trata de apartar el asunto pensando que es una cuestión irrelevante, pero su relevancia está siempre más evidente. El clero, formado para manipular conceptos edificantes, rechaza la idea de que algo pudiera ser motivado por cuestiones de poder en la Iglesia. Se presume que todo se hace por amor. Aún la condenación de los herejes se hace por amor. Es un servicio a la Iglesia. Sucede que, como en cualquier sociedad humana, la cuestión del poder es relevante en la Iglesia. Más aún: ella es inevitable.

La actual relación de poder todavía es la relación definida en la cristiandad medieval. Las formas han cambiado, pero el fondo quedó igual.