Fuente: Mensajero, DSI, Julio-Agosto
EN tiempos marcados por la polarización, la crispación emocional y la degradación del lenguaje político, la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) debe ser una fuente crítica e inspiradora para quienes desean construir una política distinta. Una política que no se reduzca al cálculo de intereses, al antagonismo permanente o al marketing de los afectos, sino que recupere su vocación original: el cuidado del bien común y el servicio a la dignidad humana.









