viernes, 24 de diciembre de 2021

Un pequeño grito de alarma

La Postilla del día: el silencio de Francisco sobre la reforma de la Curia y sobre la tan anunciada nueva Constitución Apostólica durante ocho años. Un pequeño grito de alarma

 

Luis Badilla

Redacción de "Il sismografo"

23/12/2021


 

Hoy, con su noveno discurso a la Curia romana, con motivo de los saludos de Navidad 2021, el Pontífice, como en numerosos discursos anteriores, ha vuelto a martillar los defectos, vicios, insuficiencias y malas prácticas de cientos de personas —en su mayoría sacerdotes, religiosos y religiosas, entre ellos cardenales, arzobispos y obispos— que son todos sus colaboradores en el gobierno universal de la Iglesia que preside en la caridad.

Es un discurso que el Papa Bergoglio reitera desde tiempos lejanos cuando era, como sucesor del Cardenal Antonio Quarracino, arzobispo de Buenos Aires.

Mucho de todo esto que Francisco viene diciendo desde hace dos décadas es una fuerte denuncia que se encuentra en la base de la muy amplificada reforma de la Iglesia que, además de la conversión de corazones —de la que Jesús ya habló hace más de 2000 años— pasa por el cambio radical de estructura y reglas.

Concretamente, pasa también de manera decisiva por una nueva y dinámica Constitución Apostólica, enriquecida por los tiempos cambiantes, después de los 30 años de la precedente de S. Juan Pablo II;  que la llamó "Pastor Bonus". 

Sobre la nueva, que sabemos por el propio Papa que se titula o se titulará "Evangelium praedicate", ocho años después del inicio de su elaboración por el Consejo de Cardenales (primero 9 y ahora 7), hoy, ante la Curia, el Santo Padre no ha dicho una sola palabra.

Y sin embargo Francisco el 1 de septiembre en una amplia entrevista con la cadena de radio española Cope, habló extensamente sobre el tema diciendo cosas que nunca había dicho. Es evidente que el Papa Francisco favorece a los medios de comunicación en general y poco o nada revela a los órganos competentes de la Iglesia o incluso a sus propios medios de comunicación, o a la misma parte superior de la jerarquía, que a menudo son los últimos en enterarse.

La nueva Constitución Apostólica es algo muy importante, más aún, importantísimo, ya que la Iglesia de hoy carece de una ley fundamental. La vieja Constitución, efectivamente caducada, no se puede aplicar porque ha sido neutralizada por decenas de Motu Proprio. 

El nuevo, hasta su promulgación, es como si no existiera. Esta situación es muy delicada e insidiosa, especialmente en un momento en el que crecen las divisiones, el antagonismo e incluso el odio mutuo entre las partes en desacuerdo dentro de la Iglesia y dentro de la misma jerarquía.

Hoy, el Papa, en referencia a la Curia, su trabajo y su servicio, ha hablado de participación, comunión y misión. Todo esto es sacrosanto y está muy bien propuesto, y de manera reiterada, pero ¿qué pasa con la reforma concreta, su codificación legal, el espíritu de los cambios que se vienen haciendo desde hace ocho años? ¿Qué dicen de los cronogramas y por qué? ¿Cómo será este diaconado en el futuro y qué pueden esperar las Iglesias particulares de este servicio?

Hoy, el Papa, con su singular silencio, ha asestado un duro golpe a su pontificado ante el que sólo queda una esperanza: que pronto diga algo al respecto y aclare cuanto antes esta oscuridad. 

También en este caso le podemos aplicar un recordatorio suyo que ha formulado en varias ocasiones sobre la crisis ecológica: en una crisis, la puntualidad también es fundamental. 

Una buena solución no es suficiente. Debe hacerse en los momentos adecuados.

Solo hay que añadir, como dijo hace unos días el cardenal Pietro Parolin: la Iglesia no es del Papa y ni siquiera de los obispos o sacerdotes. Es de los bautizados. Queremos recordar que estos bautizados están llamados, según la ley suprema y perfecta, Cristo, a ser sus discípulos y no súbditos de un soberano.

 

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