jueves, 23 de diciembre de 2021

Birgit Weiler: “Solo seremos una Iglesia auténticamente sinodal si superamos la marginalización de las mujeres”

Birgit Weiler, coordinadora del Documento para el Discernimiento Comunitariode en la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe, participa en el II Coloquio Vedruna “Las Mujeres en la Iglesia y en la sociedad”

“Cada vez más personas jóvenes mujeres y también hombres, con mayor acceso a una educación que les ayuda a reflexionar críticamente, no están dispuestos a aceptar más relaciones de dominio jerarquizadas, clericalizadas… ¿De qué Dios nos hablan si Dios prefiere al varón y solo quiere ser representado por el varón?, se preguntan”.

 

Fuente:   Vedruna

16/12/2021

 


Como Iglesia “nos jugamos mucho” en la erradicación de la desigualdad contra la mujer. “Esto no es solo cosa de las mujeres; tiene que ver con la misión, con nuestra credibilidad en el mundo de hoy”. Son palabras de la general de la congregación Vedruna, María Inés García, en el II Coloquio “Las Mujeres en la Iglesia y la sociedad”. El acto sirvió de presentación de un cuestionario llevado a cabo en la congregación durante la celebración del Consejo General Ampliado (CGA), el pasado mes de abril, en el que las participantes, en representación de todas las provincias de la congregación (África, América, India, Japón y la delegación de Filipinas) votaron la discriminación de la mujer en la Iglesia como uno de los temas prioritarios en los que trabajar hasta 2023, fecha del próximo capítulo general.

En vísperas del inicio del CGA, María Inés García, general de la congregación, protagonizó el I coloquio sobre la mujer en la Iglesia con la superiora de las Hijas de Jesús (jesuitinas), María Graciela Francovig, y Pedro Aguado, general de los Escolapios, además de Mamen Barrena, coordinadora general del Laicado Vedruna. Todas las ponentes coincidieron en la necesidad de prestar al problema del machismo eclesial mucha mayor atención, sin miedo a alzar una voz crítica, al tiempo que señalaron la sinodalidad –la apuesta del Papa Francisco por una Iglesia más horizontal y participativa– como vía de solución. Sinodalidad e igualdad de la mujer, inistió María Inés García, deben “ir de la mano”.

El diagnóstico es ampliamente compartido por las hermanas Vedruna. Los resultados de la encuesta apuntan al clericalismo como la gran causa de discriminación en la Iglesia. La demanda de las participantes no es solo un mayor acceso de las mujeres a los ámbitos de decisión, sino también nuevas formas del ejercicio de la autoridad y una mayor educación en igualdad. Esto es, una mayor sinodalidad.

En este segundo coloquio, el pasado 4 de diciembre, intervino la teóloga alemana Birgit Weiler, misionera en Perú y profesora en la Pontificia Universidad Católica de Perú, que constató grandes coincidencias entre las conclusiones del estudio Vedruna y las demandas sobre la igualdad de la mujer que se constatan hoy en la Iglesia de Latinoamérica. La religiosa, de la Congregación de las Hermanas Misioneras Médicas, acaba de participar en la I Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe, donde fue una de las coordinadoras del Documento para el Discernimiento Comunitario. En 2019 fue una de las expertas invitadas por el Papa a participar como experta en el Sínodo de la Amazonía.

Junto a Weiler, intervinieron la Vedruna Inma Eibe, teóloga, enfermera e integrante del grupo musical Ain Karen, y el autor del estudio, Ricardo Benjumea. Moderó la periodista Patrizia Morgante.

 

“En este Dios no podemos creer”

Para Birgit Weiler la demanda de igualdad de la mujer en la Iglesia ha cobrado “una fuerza como no la habíamos tenido nunca en América Latina”, y está muy vinculada con la credibilidad de la Iglesia, un problema que afecta hoy a todos los continentes.

“Cada vez más personas jóvenes mujeres y también hombres, con mayor acceso a una educación que les ayuda a reflexionar críticamente, no están dispuestos a aceptar más relaciones de dominio jerarquizadas, clericalizadas… ¿De qué Dios nos hablan si Dios prefiere al varón y solo quiere ser representado por el varón?, se preguntan. En este Dios no quieren creer. El cardenal Hollerich [presidente de la COMECE, la Comisión de Episcopados de la Comunidad Europea] me dijo que experimenta algo muy similar con jóvenes [que le dicen]: ‘En este Dios no podemos creer. O cambia algo, o vamos a buscar otros caminos para vivir nuestra fe”.

Con el patriarcalismo “todos salimos perdiendo: nosotras, los varones también. La iglesia en sí misma se cierra las puertas del futuro, enferma y envejece sin remedio”, resaltó en la misma línea Inma Eibe. “¿Cuántas personas optarán por no pertenecer y permanecer en un ámbito donde, de partida, la desigualdad es tan clara y evidente?”

Por un lado, reconoció la religiosa Vedruna, en los últimos años se han producido “pasos importantes”, particularmente en lo que se refiere al acceso de mujeres a ámbitos de responsabilidad, “pero resultan insuficientes; a mí me resultan insuficientes”. Con notables excepciones como las que se viven en muchas “pequeñas parroquias, comunidades cristianas, experiencias intercongregacionales…”, la realidad es que “la desigualdad es una realidad objetiva” que provoca mucho abuso de poder y mucho sufrimiento en muchas personas”. Ante lo cual a menudo la Vida Religiosa femenina opta por permanecer en silencio “porque nos da miedo, porque nos sentimos inseguras, por comodidad…”. Sin embargo, esta no es una batalla que haya que dar “solo por nosotros, sino por las mujeres y varones que vienen detrás”.

Eibe recurrió a la imagen de la cananea, “una mujer que no es judía y convence a Jesús a través de un diálogo largo”. La primera respuesta que recibe es un no. Pero “insiste una y otra vez, no por ella, sino por su hija”, para admiración del propio Jesús. Esa es la actitud, a su juicio, que hay que mantener. Primero, “mucha formación, no solo teológica”, sobre esta problemática. Y después, fuertes dosis de “perseverancia”, sabiendo que, como la cananea, “vamos a recibir de la Iglesia muchas veces un no por respuesta”.

Dirigiéndose en particular a la Familia Vedruna, hermanas y laicado, la experta biblista destacó que “tenemos un potencial real, un poder real”, debido a la fuerte presencia social de la pastoral Vedruna en diversos campos, desde la educación a los hospitales, pasando por el trabajo con los jóvenes. “Que no nos dé miedo el poder”, dijo. “Podemos y debemos utilizarlo adecuadamente para impulsar el camino de igualdad, empoderamiento y promoción de la mujer, como hizo Joaquina de Vedruna, también dentro del ámbito eclesial”.

 

Una nueva concepción del poder

El camino no parte de cero. Birgit Weiler destacó la aportación en la Iglesia de muchas mujeres a lo largo de la historia para recuperar la igualdad que imperaba en las primeras comunidades cristianas. En particular, la misionera se detuvo en la teología feminista surgida desde los años 70 del siglo XX, “en el espíritu de Jesús, que se atrevió a interpelar relaciones de dominio de varones a mujeres en su cultura y en su época”.

Pese a esta fuerte raíz evangélica, “no es fácil hablar libremente en América Latina de una teología feminista, porque se interpreta fácilmente como en contra de los varones, en contra de la jerarquía…”, reconoció. El objetivo, sin embargo, es “liberar a las personas, empezando por las mujeres, pero invitando también a los varones en este movimiento contra lo que nos oprime, lo que no nos permite vivir libremente con la dignidad que Dios nos ha dado. De eso se trata, una liberación hacia una vivencia más auténtica del Evangelio, que exige “el cambio de las estructuras patriarcales” y una revisión de “cómo entendemos el poder”.

 

Un grito desde América Latina

Se han ido dando pasos importantes. Inma Eibe se refirió a varias respuestas en la encuesta de religiosas que señalaban que no se les había permitido leer en las Eucaristías o no habían podido acceder a estudios de Teología. Las recientes reformas del Código de Derecho Canónico han logrado que ese tipo de situaciones sean definitivamente historia.

En cuanto a la situación concreta de América Latina, Weiler se refirió a la demanda que hizo el Papa a la Comisión Pontificia para América Latina de organizar de una jornada de reflexión sobre la presencia de mujeres en la Iglesia y la sociedad, que tuvo finalmente lugar en marzo de 2018. Entre las conclusiones, destacó, se reconoció “la invisibilización de las mujeres y su exclusión de muchos ámbitos eclesiales”, además de la propuesta de un sínodo sobre la mujer.

En esa línea de reflexión prosiguió en noviembre la I Asamblea Eclesial de América Latina y El Caribe, con la participación de más de 70.000 personas.

En la Síntesis final hay una fuerte demanda, “ya un grito por un nuevo lugar para la mujer en la iglesia y en la sociedad”, destacó la teóloga, que fue una de las elegidas para coordinar el Documento para el Discernimiento Comunitario de la Asamblea.

Se reconoce abiertamente, prosiguió citando textualmente, que en el ámbito eclesial “algunas autoridades, en no pocos casos, son conservadoras, machistas y clericalistas”, y dificultan “el acceso de las mujeres a roles de liderazgo o dirección en una Iglesia dominada por varones, cuando ellas son la gran mayoría del pueblo de Dios, de las misioneras, religiosas, etc.”.

Si la Iglesia “margina al laicado en general, aún más a la mujer”, se lee en otra de las citas del documento, junto a la denuncia de que “la voz de las religiosas a veces ha sido ignorada (minimizada)”. También se señala “una teología patriarcal, que no es liberadora, que no considera el pensamiento de la mujer y no se ha adaptado a la nueva realidad”, y que tampoco “se abre seriamente la reflexión sobre la posibilidad de recepción de ministerios ordenados a las mujeres, cuando la Iglesia está poblada mayoritariamente por mujeres”.

Como conclusión final, de cara al sínodo sobre la sinodalidad de 2023, Birgit Weiler considera que “solo seremos una iglesia auténticamente sinodal si superamos el clericalismo y la marginalización y exclusión de las mujeres”.

Además, advirtió de que, a pesar de la fuerza que va tomando este movimiento, va a haber muchos momentos de desánimo. Una cosa es hablar y otra, cuando llega el momento pasar a la acción. “Cuando varones sienten que esto va en serio, sobre todo clérigos y obispos, una hace una experiencia dolorosa. Incluso bienintencionadamente, actúan desde un sistema donde está muy claro quién tiene el poder. Hay que asumir que esto va a ser un proceso, no va a cambiar de la noche a la mañana”.

Mientras tanto, afirmó, las mujeres “necesitamos acompañarnos mutuamente en nuestras diversas experiencias”, las positivas y las negativas. “Es muy importante la solidaridad entre nosotras”; “tiene un efecto muy transformador”.

 

 

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