miércoles, 22 de diciembre de 2021

Fe y compromiso social

Fuente:   ATRIO

Julián Díaz Lucio

02/12/2021

 


Respondiendo a la petición de Antonio Duato en ATRIO de aportar algo para el encuentro atriero sobre fe y derechos humanos en la sociedad actual, yo solo puedo testimoniar cómo he vivido este doble y unitario compromiso.

En el proceso maduración y crecimiento en mi fe cristiana, creo que he ido creciendo en lo que Fernando Urbina  describía esta fe, y que recogí en unas jornadas de reflexión con él:

La fe cristiana no era para él simplemente afirmar dogmas, sino aceptar en el corazón al Dios de Jesucristo. Al hablar de la fe, decía que tenía que ser personal, iluminada y comprometida. Personal, en cuanto que tenía que ser una experiencia de cada persona; iluminada, es decir, que tenía que iluminar, dar luz, a todos los aspectos de la vida; y comprometida, porque la fe se tiene que traducir en compromisos concretos en la vida. La razón es porque “una espiritualidad que no se encarna en el espesor de lo real y no lo asume, es incapaz de evangelizar”.

 

Hoy añadiría también la cualidad de purificada, que propone Antonio, y descubierta por mí tanto a nivel escriturístico, desmitologizando cantidad de aspectos y pasajes de la Escritura; como también histórico, liberándome de tantos aditamentos que la historia ha ido añadiendo a la praxis eclesial. Todo este proceso me ha ido dando una profunda libertad interior, y capacidad de discernimiento para separar el trigo de la paja en cuanto a doctrinas y comportamientos.

Pero visto todo lo anterior, mi pobre experiencia es que la fe cristiana, el seguimiento a Jesús de Nazaret me ha ido atrapando tan vitalmente a lo largo de mi vida, que yo, sin ella, no sé si sería hoy vitalmente lo que soy. Para mí Jesús de Nazaret ha ido como bajando de escalafón, para convertirse en el espejo de Dios, en la expresión clara del Dios misericordioso que él refleja, A través de su seguimiento creo que Dios mismo ha pasado por mi vida, y  me ha descubierto y experimentado algo de su amor misericordioso.

¿Cómo se ha reflejado esto en mi relación con los demás? He ido descubriendo a la vez el valor absoluto de cada persona. Y aquí mi trabajo en la JOC ha sido decisivo para experimentar esta realidad. “Un joven trabajador vale más que todo el oro del mundo”, decía Cardijn. Y esta visión la he ido agrandando a todas las personas que he tenido que tratar a lo largo de mi trabajo pastoral y relaciones personales. La fe cristiana me ha ayudado a profundizar esta visión y experiencia.

Si la creación entera es sacramento de Dios, que ha dicho el papa Francisco, mucho más cada persona es sacramento de Dios. Yo suelo decir que el Santísimo está en la calle, más que en el sagrario, porque en cada persona está Dios mismo. Y esta visión y experiencia la siento desde mi experiencia de fe cristiana, que es la que me da luz y fuerza en mi caminar. ¿Que estoy imbécil e iluminado? Puede ser, pero es mi vida, vivida más como utopía a la que quiero dirigir mi existencia, que como logro ya adquirido. Es lo que ha dado y da ahora sentido a mi vida.

A la vez mi fe cristiana me ha ayudado a ser más crítico con las realidades y acciones, eclesiales, políticas o sociales, que no concuerdan con el Proyecto que he descubierto en Jesús de Nazaret.

Pero a la vez, me ha ayudado a ser más comprensivo y valorativo con todas las religiones y proyectos sociales y religiosos que ayudan de hecho al crecimiento de las personas y pueblos. Me quito el sombrero ante tantas personas, incluso sin fe explícita religiosa, que se juegan el pellejo por ayudar a los demás y construir otra sociedad más humanitaria en multitud de rincones del mundo.

¿Cómo compagino todo esto con la no dualidad? Yo trato de vivir, no de elucubrar. Todo lo que existe, especialmente toda la realidad humana, y especialísimamente los excluidos, son para mí como sacramento de Dios, de esa realidad originaria y total, Dios, en la que estoy inmerso, y que me interpela a través de todo y especialísimamente, a través de la vida toda y mi relación con  las personas.

Toda esta vida interior la vivo y alimento a través de mi pobre oración cada vez más simple y sin palabras, e igualmente a través de la lectura del evangelio, intentando percibir en él las llamadas a vivir en plenitud y en compromiso con los demás; como también me ayudan e interpelan los artículos de los diferentes portales de Internet que frecuento. Pero sobre todo me han ayudado y me ayudan los testimonios de los que modernamente han dado su vida por la causa de Jesús, como los mártires latinoamericanos, o los místicos modernos como Madeleine Delbrel o Fernando Urbina, y a la vez amigos cristianos actuales, que no los cito por respeto.

Concluyo, pienso que la desafección religiosa actual no se debe al no haber comprendido la no-dualidad de lo que llamamos Dios y nosotros, sino que la gente se ha apartado de la fe porque se han construido y fomentado otros dioses, que son también antiguos, como el tener, el futbol o el consumismo; pero también la falta de actualización teológica e institucional de la Iglesia, y sobre todo los antitestimonios de los que nos confesamos cristianos, incluida la jerarquía.

Julián Díaz Lucio

Diciembre 2021

 

 

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