Anselmo Borges: "Nuestra Señora no se apareció en Fátima a los pastorcillos"
"El clericalismo, el carrerismo eclesiástico y los obispos-príncipes son la peste de la Iglesia"
(José Manuel Vidal, en RD).- Filósofo y teólogo, profesor de la Universidad de Coimbra, el religioso portugués Anselmo Borges (Paus, 1944) publica 'Francisco: Desafios a Igreja e ao Mundo' (Gradiva), en cuya presentación estuvo el presidente de la República. Profundamente 'franciscano', crítico y libre, el escritor denuncia el "adormecimiento" de la Iglesia portuguesa, fustiga "el clericalismo y el carrerismo" como "la peste de la institución" y espera que la visita del Papa a Fátima sirva para sacudirla de su letargo. Aunque allí no se apareciera la Virgen a los pastorcillos.
¿Cuál es la tesis de fondo de su libro 'Francisco: Desafios à Igreja e ao Mundo'? ¿Se resume en el título de la obra?
En cierto sentido, la tesis está en el título. Creo que el profesor jesuita Juan Masiá, que leyó el libro, dice lo esencial, aunque haya que descontar lo que exagera en función de nuestra amistad: 'En el contexto de un mundo globalizado, Anselmo Borges presenta una excelente síntesis para entender el desafío franciscano y jesuita del Papa. El autor utiliza, de forma brillante, dos claves del pensamiento y de la acción del Papa Francisco: el discernimiento, para diagnosticar los desafíos, y la misericordia, para sanar las heridas. Anselmo Borges, que acompaña el camino de Francisco por las periferias del cuidado de la vida en la Iglesia y en las familias, en la cultura, en la ecología, en la bioética, en la economía y en la política, demuestra que es capaz de articular de una forma certera la implicación que convierte los desafíos a la Iglesia en desafíos de Francisco al mundo del siglo XXI'.
¿Cuáles son los objetivos que persigue con esta nueva publicación?
Estoy convencido de que Jesucristo es y anunció la mayor revolución de la Historia de la Humanidad. Él es el Evangelio vivo de Dios para todos: la buena noticia de que Dios es Amor y Misericordia. Desgraciadamente, muchas veces lo que la Iglesia comunicó, con palabras y obras, fue y es, en expresión de Nietzsche, un 'Antievangelio', es decir una noticia triste y que no lanza hacia la felicidad.
Ahora, el Papa Francisco trae de nuevo el Evangelio y la gente percibe en él, en sus palabras, en sus gestos y en sus actitudes, quién es, lo que hizo y lo que quiere Jesús. A mi jucio, el Papa Francisco es un líder político-moral global decisivo para el futuro de la Iglesia y de la Humanidad.
¿Comparte la tesis de que Francisco es el Papa de la primavera?
No hay duda alguna. El Concilio Vaticano II fue una primavera, a la que siguió un largo invierno. Uno de los signos más dramáticos de eso se constata en la condena de tantos teólogos, asi como en el nombramiento de obispos conservadores. Francisco quiere que se camine en la línea del Vaticano II.
La primavera se plasma en el mismo nombre que Bergoglio eligió: Francisco. El Papa es franciscano por opción y, por eso, es cristiano. Ésta es la revolución de Francisco: él es cristiano, no porque haya sido bautizado, sino porque sigue a Jesús en su vida. Basta ver cómo se comporta. Es sencillo, humilde, abraza, besa, está con todos y, sobre todo, con los que nadie o muy pocos están: los más pobres, marginados, ofendidos, humillados, la gente de las periferias.
Pero, al mismo tiempo, el Papa es jesuita, formado para la eficacia, en el contexto del mundo actual globalizado. Por eso, lucha para activar una revgolución dentro de la Iglesia: tolerancia cero para la lacra de la pederastia, transparencia plena en el Banco Vaticano, reforma profunda y constitucional de la Curia romana (¿será reformable la Curia?), primado de la pastoral sobre el dogma en la atención a las personas concretas, del Evangelio sobre el Derecho Canónico, gobierno sinodal de la Iglesia en todos los niveles, inculturación del Evangelio en las diferentes culturas, participación activa de los laicos, no discriminación de las mujeres, el próximo Sínodo es para y con todos los jóvenes (también con los alejados de la Iglesia, los agnósticos o los ateos), apertura de puertas para el fin del celibato obligatorio con la ordenación de hombres casados, diálogo con y entre las diferentes Iglesias cristianas (nunca se presenta a sí mismo como el Papa, sino como el obispo de Roma y elogia a Lutero, fue a Egipto, encontrándose con el papa de los coptos y con el Imán de la mezquita-universidad de Al-Azhar) y diálogo interreligioso, concretamente con el Islam moderado.
Anuncio y denuncia
