NOTA: En el equipo de mantenimiento del BLOG hemos llegado a entender que, en las circunstancias que nos envuelven (el CONFINAMIENTO POR «COVID-19») bien podríamos prestar el servicio de abrir el BLOG a iniciativas que puedan redundar en aliento para quienes se sientan en soledad, incomunicadas o necesitadas de expresarse.
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Fuente: ElPais
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La negación de las denuncias de víctimas de abusos por sacerdotes o religiosos significa negar valor a la palabra de las féminas, y por tanto, una falta de respeto hacia ellas
La mayoría de los periodistas que escriben sobre el Vaticano hace mucho que no frecuentan las iglesias, como demostró hace unos días un detalle relevante. Casi todos los que han escrito artículos han recibido la decisión del papa Francisco de ampliar a las mujeres los ministerios de lectorado y acolitado como un importante paso adelante en la apertura de la vida de la Iglesia a las mujeres, y casi todos ignoraban que hace décadas que las fieles leen las lecturas durante la misa, incluso en San Pedro durante las liturgias papales, y asisten al sacerdote durante la misa, distribuyendo también la eucaristía.
En resumen, el breve documento del Vaticano hecho público esta semana no ha supuesto una apertura, sino una institucionalización de una práctica que lleva décadas vigente en todas partes; es un reconocimiento oficial, pero también supone un control de la jerarquía. Al mismo tiempo, el documento pontificio contiene una aclaración que puede tener consecuencias negativas: en el mismo texto, se coloca el diaconado [la fase previa al sacerdocio], junto con la ordenación sacerdotal, en una categoría diferente, la de “ministerios ordenados”, abiertos solo a los hombres.
