viernes, 20 de febrero de 2026

Contar con presbíteros extranjeros y extradiocesanos. Dos asuntos finales

Con lo anotado hasta ahora, se podría dar por acabada la presentación y evaluación de esta estrategia pastoral. Pero, si lo hiciera, quedaría fuera la mención de algunas semillas de futuro, que, a pesar de todo, es posible que también estén surgiendo.

Fuente:   Religión Digital

Por Jesús Martínez Gordo (Teólogo)

19/02/2026

 

En efecto, conozco una diócesis cuyo obispo parece haber decidido contar con sus propias fuerzas ministeriales, tanto presbiterales como laicales, entre otras razones, porque además de seguir siendo cierto que “no hay mal que dure cien años”… también lo es que se puede estar asistiendo -al menos, en este caso y tras una penosa historia- a una reconfortante recuperación de la “normalidad eclesial” y a implementar una pastoral “integral” o articuladora.

Entiendo que son dos asuntos que merecen ser expuestos, aunque sea brevemente, antes de dar por finalizado este capítulo dedicado a “contar con presbíteros extranjeros y extradiocesanos”, más allá de que la voluntad y el proyecto propuesto acaben contaminados o diluidos en otras opciones más propias de otros tiempos y con escaso o muy limitado futuro pastoral. 

 

La complicada recuperación de la "normalidad eclesial"

Como he indicado, existe una diócesis en la que, finalizada la presidencia de un obispo que decidió, en su día, someterla a la estrategia pastoral contrarreformista y tridentina contando con presbíteros extranjeros y extradiocesanos, su sucesor ha tomado la decisión de desentenderse de tal estrategia y del modelo de Iglesia favorecido y recuperar al presbiterio diocesano y al pueblo de Dios que todavía se encuentre en disposición de caminar hacia una iglesia de pequeñas comunidades vivas y con futuro, es decir, ha decidido contar con las propias fuerzas y, luego, una vez acordado el diseño de futuro y vistas las disponibilidades, solicitar, si se ve necesario, ayuda.

Es una estrategia que está ensayando a la espera de que sea posible salir, cuanto antes, del atolladero pastoral y eclesial recibido de su predecesor; algo en lo que se ha implicado personalmente teniendo muy en cuenta, en primer lugar, que es necesario ir recolocando a una buena parte -o a la totalidad- de los presbíteros, laicos, laicas, religiosos y religiosas extradiocesanos y extranjeros en sus diocesis originarias; en particular, a los que han manifestado -de una u otra manera- una singular sintonía estratégica, espiritual y teológico-pastoral con su predecesor; y más, si ha sido “apasionada”. 

En un momento posterior, ha acompañado esta primera decisión de otra, consistente en recuperar a algunos de los presbíteros extranjeros y extradiocesanos en consonancia con los objetivos propios de la colaboración entre iglesias hermanas del programa “Fidei donum”, así como de los que son específicos de la “cooperación misionera”.

Y, sobre todo, ha propuesto una estrategia y un plan de actuación pastoral presididos por la firme voluntad de contar con los posibles “restos parroquiales” o “rescoldos comunitarios” que todavía tengan voluntad de ir adelante

Y, por supuesto, con los presbíteros diocesanos -sin descartar a los extradiocesanos y extranjeros- que tengan fuerzas para seguir adelante con la nueva estrategia pastoral que se está diseñando y que, obviamente, sintonicen creativamente con la espiritualidad y teología del ministerio ordenado aprobadas en el Vaticano II y tímidamente implementadas en el postconcilio hasta el Sínodo mundial de obispos de 1971; o que, al menos, estén en disposición de ponerse, eclesiológica y pastoralmente, al día. 

 

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