Contar con presbíteros extranjeros y extradiocesanos. Dos asuntos finales
Con lo anotado
hasta ahora, se podría dar por acabada la presentación y evaluación de esta
estrategia pastoral. Pero, si lo hiciera, quedaría fuera la mención de algunas
semillas de futuro, que, a pesar de todo, es posible que también estén
surgiendo.
Fuente:Religión Digital
Por Jesús Martínez Gordo (Teólogo)
19/02/2026
En efecto, conozco una diócesis
cuyo obispo parece haber decidido contar con sus propias fuerzas ministeriales,
tanto presbiterales como laicales, entre otras razones, porque además de seguir
siendo cierto que “no hay mal que dure cien años”… también lo es que se puede estar asistiendo -al menos, en este caso y tras una penosa historia-a una reconfortante
recuperación de la “normalidad eclesial” y a implementar una pastoral
“integral” o articuladora.
Entiendo que son dos asuntos que
merecen ser expuestos, aunque sea brevemente, antes de dar por finalizado este
capítulo dedicado a “contar con presbíteros extranjeros y extradiocesanos”, más
allá de que la voluntad y el proyecto propuesto acaben contaminados o diluidos
en otras opciones más propias de otros tiempos y con escaso o muy limitado
futuro pastoral.
La
complicada recuperación de la "normalidad eclesial"
Como he
indicado, existe una diócesis en la que, finalizada la presidencia de un obispo
que decidió, en su día, someterla a la estrategia pastoral
contrarreformista y tridentina contando con presbíteros extranjeros y
extradiocesanos, su sucesor ha tomado la decisión de desentenderse de tal
estrategia y del modelo de Iglesia favorecido y recuperar al presbiterio
diocesano y al pueblo de Dios que todavía se encuentre en disposición de
caminar hacia una iglesia de pequeñas comunidades vivas y con futuro, es
decir, ha decidido contar con las propias fuerzas y, luego, una vez acordado el
diseño de futuro y vistas las disponibilidades, solicitar, si se ve necesario,
ayuda.
Es una estrategia que está
ensayando a la espera de que sea posible salir, cuanto antes, del
atolladero pastoral y eclesial recibido de su predecesor; algo en lo que se ha implicado personalmente teniendo muy
en cuenta, en primer lugar, que es necesario ir recolocando a una buena parte
-o a la totalidad- de los presbíteros, laicos, laicas, religiosos y religiosas
extradiocesanos y extranjeros en sus diocesis originarias; en particular, a los
que han manifestado -de una u otra manera- una singular sintonía estratégica,
espiritual y teológico-pastoral con su predecesor; y más, si ha sido
“apasionada”.
En un momento posterior, ha
acompañado esta primera decisión de otra, consistente en recuperar a algunos de los presbíteros extranjeros y
extradiocesanos en consonancia con
los objetivos propios de la colaboración entre iglesias hermanas del programa
“Fidei donum”, así como de los que son específicos de la “cooperación
misionera”.
Y, sobre todo, ha propuesto una
estrategia y un plan de actuación pastoral presididos por la firme voluntad de contar con los posibles “restos parroquiales” o “rescoldos
comunitarios” que todavía tengan voluntad de ir adelante.
Y, por supuesto, con los presbíteros diocesanos -sin descartar a los extradiocesanos y extranjeros- que tengan
fuerzas para seguir adelante con la nueva estrategia pastoral que se está
diseñando y que, obviamente, sintonicen creativamente con la espiritualidad y
teología del ministerio ordenado aprobadas en el Vaticano II y tímidamente
implementadas en el postconcilio hasta el Sínodo mundial de obispos de 1971; o
que, al menos, estén en disposición de ponerse, eclesiológica y pastoralmente,
al día.
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