lunes, 28 de noviembre de 2022

El Vaticano lamenta “con sorpresa y pesar” que China nombre a un obispo

La Santa Sede señala en un insólito comunicado al país asiático por incumplir el acuerdo diplomático y designar a un prelado en una diócesis no reconocida por Roma

Fuente:   El País

Por Lorena Pacho

Roma

26/11/2022


Una boda frente a una iglesia católica en Pekín (China), el pasado 10 de noviembre.TINGSHU WANG (REUTERS)

El Vaticano ha acusado este sábado a las autoridades chinas de violar el acuerdo bilateral que ambos tienen desde 2018 sobre el nombramiento de obispos, después de que Pekín nombrara a un obispo en una diócesis no reconocida por la Santa Sede.

En una insólita protesta pública, el Vaticano ha explicado a través de un comunicado que se enteró con “sorpresa y pesar” de que las autoridades chinas habían designado a monseñor Giovanni Peng Weizhao como obispo de Yujiang, en la provincia de Jiangxi, una diócesis no reconocida por la Santa Sede. “Este evento, de hecho, no se ha producido en conformidad al espíritu de diálogo existente entre la parte vaticana y la china estipulado en el Acuerdo Provisional sobre el nombramiento de obispos, firmado el 22 de septiembre de 2018″, ha lamentado el Vaticano, mencionando el pacto con China que puso fin a décadas de inexistentes relaciones diplomáticas.

Es la primera vez desde que se negoció el controvertido acuerdo que el Vaticano señala en público a Pekín por el incumplimiento de los términos acordados. Además, la Santa Sede ha explicado que el nombramiento de monseñor Peng surgió de “largas y pesadas presiones por parte de las autoridades locales”, sin entrar en más detalles. Y ha advertido de que espera explicaciones de las autoridades pertinentes y “que no se repitan episodios similares”, ya que el movimiento de Pekín “no se ajusta al espíritu de diálogo” que ambas partes habían acordado en 2018. El Vaticano, por su parte, ha reafirmado “su plena disponibilidad a proseguir un diálogo respetuoso y concerniente a todas las cuestiones de común interés”, según se lee en el comunicado, redactado en un tono particularmente severo para lo que acostumbra la Santa Sede en este tipo de cuestiones que superan el ámbito estrictamente religioso.

La agencia de noticias católica AsiaNews ha señalado que Peng fue ordenado secretamente como obispo con la aprobación papal en 2014, cuatro años antes del acuerdo, y pasó seis meses bajo arresto en ese momento, acusado de ser un prelado “clandestino”. Finalmente, fue liberado, pero las autoridades locales siguieron vigilando sus pasos. Sin embargo, hace unos días se unió a las organizaciones chinas autorizadas por el Estado en una ceremonia en la que se le designó obispo auxiliar de la diócesis de Jiangxi, que es un territorio eclesiástico aprobado por las autoridades chinas pero no reconocido por Roma. Según esta agencia, el obispo local, Juan Bautista Li Suguang, que también es vicepresidente de la Conferencia Episcopal China ―un ente que tampoco está reconocido por la Santa Sede― presidió la ceremonia, en la que participaron unas 200 personas.

Ahora, esta elección unilateral no autorizada en la diócesis no reconocida se ha visto como una de las violaciones más graves del acuerdo de 2018 entre el Vaticano y Pekín sobre el nombramiento de obispos, que aún se considera provisional y cuyo contenido completo sigue siendo secreto. Aunque se sabe que el papa Francisco aceptó levantar la excomunión a siete obispos ordenados sin el permiso del Vaticano. El propio pontífice ha explicado que el nombramiento de un obispo por parte del papa debe ser comunicado a la parte china para su aprobación.

 

Una Iglesia oficial y otra clandestina

El acuerdo, firmado en septiembre de 2018 y que se ha renovado en dos ocasiones, la última el pasado octubre, ha sido un intento de superar las antiguas divisiones en la China continental entre un rebaño de fieles considerado “clandestino” leal al Papa de Roma y una Iglesia oficial respaldada por el Estado. Supone un paso adelante en el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre ambos países, cortadas en 1951 tras el ascenso del comunista Mao Zedong. En aquel momento, Chica creó su propia Iglesia Patriótica Católica, lo que relegó a los católicos romanos a la “clandestinidad”, algo que ha pretendido eliminar este acuerdo, en el que además Pekín reconoce por primera vez al Papa como líder supremo de la Iglesia Católica.

Aunque los críticos del acuerdo, como el cardenal Joseph Zen, de 90 años, antiguo arzobispo de Hong Kong, han denunciado que ofrece demasiadas concesiones a China. Desde que se firmó solo se han nombrado seis nuevos obispos, lo que, para sus detractores, demuestra que no está produciendo los efectos deseados. Los oponentes al acuerdo también señalan las crecientes restricciones a la libertad religiosa en China para los cristianos y otras minorías. Cuando se renovó el pacto por última vez, el secretario de Estado, el cardenal Pietro Parolin, su principal impulsor, dijo que aunque los logros alcanzados desde 2018 “puedan parecer pequeños”, vistos en el contexto de una historia conflictiva son “pasos importantes hacia la curación progresiva de las heridas infligidas” a la Iglesia china.

Ahora, el comunicado de protesta del Vaticano ha llegado un día después de que un tribunal de Hong Kong declarara a Zen y a otras cinco personas culpables de no haber registrado un fondo, ahora disuelto, para los manifestantes prodemocráticos.

 

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