miércoles, 26 de mayo de 2021

La misteriosa ‘Biblia’ con la que Hitler quiso fundar su propia religión: ¿por qué solo se guarda un ejemplar?

Fuente: Il Sismografo

26/05/2021

 

Germania

 

(Israel Viana - Abc.es) 

Algunos investigadores defienden que el ‘Führer’ imprimió y repartió 100.000 copias a más de un millar de iglesias alemanas en 1941, pero que en la actualidad solo se conserva un ejemplar, guardado en una parroquia de Hamburgo. Muchos historiadores y medios de comunicación se han referido al ‘Mein Kampf’ (‘Mi lucha’) como la ‘Biblia de Hitler’ o la ‘Biblia de nacionalsocialismo’, que viene a ser lo mismo. Una metafora que podríamos aceptar si tenemos en cuenta que, hasta la prohibición de su publicación tras el suicidio del dictador nazi en 1945, se habían impreso en Alemania nada menos que 12,4 millones de ejemplares. Todo un éxito de ventas que fue leído por uno de cada cinco germanos —la mayoría de clase media-alta y con estudios universitarios—, a diferencia de otra misteriosa ‘Biblia’ que el ‘Führer’ ordenó escribir durante la Segunda Guerra Mundial, con el objetivo de fundar su propia religión y erradicar  cualquier referencia al judaísmo y al cristianismo.De esta última apenas se sabe nada a día de hoy, mientras que del ‘Mein Kampf’ se ha escrito hasta la saciedad. En ABC, hace poco contábamos que Otto Strasser, impulsor del movimiento nazi en 1920, solía presumir de que fue su hermano Gregor quien le sugirió a Hitler que lo escribiese. El único objetivo, decía en tono despectivo, era que Adolf se mantuviese entretenido y sus compañeros de prisión en Landsberg se librasen de tener que escuchar sus «interminables monólogos». Para disgusto de los Strasser, según recoge la célebre biografía del dictador escrita por Ian Kershaw, a partir de ese momento «tuvieron que sufrir como este les leía a diario lo que había escrito a un público literalmente cautivo».

Dos gestos que no he olvidado

 

Felisa Elizondo

 


Hay páginas que han brotado del asombro ante la belleza de gestos y las actitudes. Son apuntes que nos confirman que, a veces, asoma inesperadamente una luz que se esconde detrás de rostros comunes, anónimos y nada vistosos, que pueden estar en cualquier parte. Son sucesos o gestos que no recogen las grandes crónicas pero, como pequeñas parábolas, dejan vislumbrar la humanidad de los humanos y permiten atisbar algo de la "Humanidad mayor de Dios".

Y su relectura, sin ser exactamente la de una "página sagrada", invita a alabar al Creador por los humildes de corazón, como ocurre por ejemplo con algunos inolvidables personajes de Dostoievski.

De ese género es una página de no sé qué edición de la Autobiografía de Evtuchenko, el poeta ruso que saludó la revolución porque creía que aquel viento soplaba a favor de la justicia esperada. En aquel libro —encontrado al azar— leí este episodio vivido por el autor en el Moscú de 1944, entre unas mujeres obreras que, con unas pocas provisiones en sus bolsas, se orillaban para ver pasar la fila de prisioneros del ejército alemán en derrota. Lo reproduje hace unos años en traducción libre en uno de los números de Cuadernos de Oración:

"La muchedumbre vio llegar a los soldados alemanes, flacos,  sucios, sin afeitar, con vendas ensangrentadas en la cabeza; unos con muletas y otros llevando a hombros a un compañero. Con la cabeza baja. Y en la calle, pasados los gritos insultantes sobre los jefes que habían paseado aristocráticamente su superioridad sobre la plebe de los vencidos, sucedió algo: un silencio de muerte. No se oía más que el roce lento de los calzados y de las muletas.

Carta abierta a «Bizkaiko Abadeen Foroa-Foro de Curas de Bizkaia»

 ¡Hola!

Quería agradecer el envío de los resultados de la encuesta. La mayoría de los aspectos que se han reflejado me parecen muy positivos. No así el tema de las mujeres que sigue reflejándose de manera muy pobre cuando, sin embargo, se dedica un punto entero a destacar que el candidato sea vascoparlante e inserto en nuestra cultura (y creo que debe ser así).

 

Sin embargo, la presencia y consideración de la mujer en la iglesia y el episcopado sigue reflejándose con expresiones recurrentes y vacías de contenido del tipo "promover el papel y la dignidad de la mujer dentro de la Iglesia" o "Fomentar y respetar el papel de laicos y mujeres" (¡como si en los laicos no estuvieran incluidas las mujeres!)

 

Hay un aspecto que sí me gustaría comentar y es que las mujeres tenemos la dignidad intacta. No se trata de recuperar algo que nunca hemos perdido. Por tanto, nadie nos la tiene ni que promover de forma paternalista, ni mucho menos otorgar. Parecería como que los hombres colaboradores, dentro y fuera de la iglesia, desde su posición asentada dijeran "venga, vamos a echarles una mano a las mujeres que, efectivamente, viven situaciones de injusticia, desigualdad, violencia...", cuando en realidad son los hombres (dentro y fuera de la Iglesia) quienes ocupan cargos y ejercen privilegios arrogándose capacidades que repugnan el Evangelio y el más elemental sentido común y de justicia en pleno siglo XXI.

 

Más bien se trataría de que los hombres -fuera y dentro de la iglesia, ordenados o no- con humildad pidieran perdón por los espacios arrebatados, los privilegios ejercidos y las injusticias consentidas. Y además, devolvieran a las mujeres lo que nunca se les debió arrebatar. El problema no es de las mujeres que luchamos día a día por ejercer nuestros derechos. El problema está en los hombres que abusan de una situación de privilegio, en todos los órdenes, incluso de las formas más sutiles y bienintencionadas.

 

Me vienen a la memoria unas palabras de Pere Casaldáliga. "Una vez le preguntaron cómo había que combatir el hambre. Y él respondió que "El hambre no espera. Al que tiene hambre hay que darle de comer. Luego vendrá lo de enseñarle a pescar. PERO SOBRE TODO, SOBRE TODO, DEBE SABER QUE EL RÍO ES SUYO"!!!!

 

Pues eso:  ¡¡LAS MUJERES DEBEMOS SABER QUE LA IGLESIA ES NUESTRA!!

 

¡Un cordial y fraterno saludo!

 

María Pilar Ruiz Ojeda