lunes, 9 de febrero de 2026

Ruta de las Canarias: violencia y muerte en alta mar

La travesía entre África y las Islas Canarias es considerada la ruta migratoria más peligrosa del mundo. En 2025, alrededor de 2.000 personas perdieron la vida en embarcaciones en alta mar.

Fuente:   DW

Por   Jan-Philipp Scholz

09/02/2026


116 personas llegaron a las Islas Canarias en este bote de madera. Cada vez son más frecuentes los ataques violentos durante las travesías. (Imagen de julio de 2024)

En algún lugar entre el sur de Marruecos y la isla española de Tenerife comenzó el infierno para Ismael Ouattara. En 24 horas murieron su hija de un año y su esposa. Su barco llevaba varios días a la deriva en el Atlántico.

"Mi hija murió en mis brazos. A la mañana siguiente, mi esposa simplemente no despertó. Creo que fue por el shock de la muerte", recuerda el joven.

 

"Creen que en alta mar pueden permitirse todo"

Al igual que decenas de miles de personas, Ouattara abandonó Costa de Marfil junto con su familia para buscar un trabajo mejor remunerado en Europa. Nunca hubiera imaginado que la travesía se convertiría en una catástrofe.

"Los muertos fueron arrojados al mar inmediatamente", recuerda el marfileño. "Los demás no pidieron permiso". Han pasado cuatro años desde aquel entonces, pero a Ouattara todavía le duele que los demás pasajeros trataran con tanta falta de respeto los cadáveres de sus familiares.

En situaciones extremas de este tipo, no es inusual que surjan brotes de violencia a bordo de las embarcaciones.

"Hubo mucha violencia en nuestro barco", recuerda el joven gambiano Mohammed Manga, que llegó a las Islas Canarias en 2023. "Al cuarto día en el mar, algunos entraron en pánico y se acusaron mutuamente de ser brujos".

Al final, hubo muchos heridos, recuerda Manga. El joven asegura que nadie rindió cuentas por ello, ni siquiera más tarde, cuando el barco finalmente llegó a las Islas Canarias. "Es muy difícil hacer algo al respecto. Por eso, algunas personas piensan que en alta mar pueden permitirse todo", dice.

 

Pasajeros arrojados vivos al mar

Últimamente, las travesías por la ruta atlántica entre África y las Islas Canarias han disminuido considerablemente. Según cifras oficiales, en 2024 más de 40.000 migrantes llegaron por esta vía a las islas, pero, un año más tarde, la cifra se redujo a unas 18.000 personas.

La mayoría de los observadores atribuyen este descenso a una mayor cooperación entre Europa y los países de tránsito tradicionales, como Mauritania y Marruecos. Así, por ejemplo, se han vuelto más estrictos los controles fronterizos.

Al mismo tiempo, se multiplican los casos en los que se denuncia violencia extrema e incluso presuntos asesinatos a bordo de las embarcaciones.

A mediados de 2024, tres senegaleses habrían maltratado gravemente a numerosas personas en un barco, causando daños permanentes a algunas de ellas. En 2025, la Policía española detuvo a 19 personas después de que murieran unos 50 pasajeros de un barco, en lo que se sospecha que fue un asesinato en masa en alta mar.

Se les acusa de maltrato grave y asesinato. Los sobrevivientes relatan que los acusados se abalanzaron sobre decenas de pasajeros, los golpearon hasta la muerte y, en algunos casos, los arrojaron al mar aún con vida. Hasta el momento no está claro si se trataba de miembros de redes de traficantes de personas o de simples pasajeros. La Policía Nacional española, responsable del caso, no ha hecho declaraciones al respecto a DW.

 

Declaraciones contradictorias

Loueila Sin Ahmed Ndiaye trabaja como abogada en las Islas Canarias, y explica que es extremadamente difícil procesar los actos violentos cometidos en los barcos de migrantes. Esto comienza ya con cuestiones de jurisdicción, ya que, en la mayoría de los casos, los delitos no se cometen en territorio español y tampoco afectan a ciudadanos españoles. A esto se suman los enormes problemas con los testimonios de los testigos.

"Los numerosos informes policiales que hemos leído muestran que las personas pierden la noción del tiempo. El frío, la incertidumbre, la falta de tierra a la vista, el miedo... Todo ello puede afectar considerablemente su salud mental", afirma Sin Ahmed Ndiaye. Esto suele dar lugar a contradicciones en las declaraciones de los testigos.

Además, muchos pasajeros supervivientes se niegan a cooperar con las autoridades españolas. Ni siquiera confían en los abogados que se les proporcionan. "Después de pasar entre diez y catorce días en el mar, están asustados, y lo último que quieren es enfrentarse a un proceso judicial y poner en aprietos a sus compañeros de viaje", comenta la abogada.

De ahí que, al final, en muchos casos, tampoco se conceda la indemnización a la que tienen derecho todas las víctimas de violencia y sus familias.

 

Sin lugar para el duelo

Para Ismael Ouattara, que perdió a su esposa e hija, la compensación económica no es lo más importante. Cuatro años después del terrible incidente en el Atlántico, ha construido una nueva vida en las Islas Canarias con su hija mayor, que sobrevivió a la travesía.

Pero, hasta hoy, sigue echando en falta un lugar donde poder llorar la pérdida de sus fallecidos. "Solo me quedan los recuerdos. No tengo una tumba a la que llevar flores. Eso hace que la situación me resulte especialmente difícil de soportar".

(vt/ms)

 

 

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