Juan Ignacio Intxaurraga
Alcalde de Zeberio (Bizkaia) de 1983-1999
Curso de Actualización Teológica - 2025-2026 (Vitoria-Gasteiz)
Primer cuatrimestre
Como indicaba en la anterior presentación, he tenido la suerte de acompañar a un grupo de personas leyendo las cartas que T. Halik ha escrito a un futuro Papa llamado Rafael, “medicina de Dios”. Y, como fruto de tal lectura, las que unos cuantos de ellos han ido escribiendo al Papa León XIV sobre los asuntos que más les preocupaban y que hemos ido comentando entre nosotros, a lo largo de todos los miércoles en los que nos hemos ido encontrando.
Hoy tengo el gusto de presentar la segunda parte de la carta escrita por Juan Ignacio Intxaurraga: “Quo vadimus. A dónde vamos”. Jesús Martínez Gordo.
***
Santidad,
Pasados 5 años desde ese momento, ingresé en el seminario. Fui de la mano del párroco. Pero antes tuve que superar un obstáculo ya que, como padecía una lesión en una extremidad, el Obispo y el rector del seminario debían validar mi autonomía en cuanto a movilidad. Allí fui al Hall del seminario a realizar el paseíllo mientras mi cojera era observada atentamente por los máximos responsables. Ellos, por una parte, debatieron si mi impedimento era dirimente o impediente. Yo, le puedo asegurar a S. S., que jamás, en mi vida, se me ha notado menos la cojera que aquella tarde.
Al inicio del curso, éramos más de 120 los alumnos que comenzamos el primer curso. Mas de 600 los alumnos que completábamos el seminario, desde latinos hasta el último curso de teología. El Obispo Gúrpide estaba feliz con el seminario. Era su joya. Recuerdo que, a la vuelta de uno de los viajes a las sesiones del Concilio Vaticano II, nos reunieron en la capilla central del seminario y S. E. el obispo nos trasladó, a sus queridos seminaristas, con mucho orgullo, que él había participado en la comisión de seminarios y que había podido confirmar que “el seminario de Derio era el mejor seminario de España, es decir, del mundo entero”
Mas de ciento veinte seminaristas en el primer curso. Y hoy, ¿cuántos hay en todos los cursos de teología en Bilbao, en San Sebastián, en Vitoria, en Pamplona…? Lo curioso de todo esto es la meditación del Obispo de San Sebastián dirigida al seminarista que no existe, al seminarista que aún no tiene nombre pero que según manifiesta el prelado, está en la mente omnisciente de Dios, con nombre y apellidos. Santidad, ¿será que la semilla se ha “pasado” ?, ¿será que falla la “pericia” del labrador? ¿o que el terreno es pedregoso? ¿O que falla el mensaje?, o ¿que falla el envoltorio?
Santidad,
A partir de ese momento, vinieron los grandes cambios. Salíamos a las parroquias del entorno a tomar parte y colaborar en los oficios de culto. Los seminaristas y los sacerdotes iban implicándose cada vez más en la problemática social atrayendo sobre ellos las respuestas del régimen dominante. Pudimos conocer la existencia de cárceles concordatarias como la de Zamora a la que algunos seminaristas acudíamos a visitar a sacerdotes en prisión. También pudimos conocer, dada la gravedad de la situación, lo que era un administrador apostólico. Surgieron colectivos reivindicativos de sacerdotes y aumentaron los procesos de secularización y el silencio se fue adueñando de los fieles. Silencio que dura ya los 50 años.
Santidad,
En aquella época, los domingos, había, en mi pueblo, tres celebraciones eucarísticas: la primera misa, a las 7 de la mañana; la segunda, a las nueve y la misa mayor, a las once. La celebración de las siete de la mañana conjugaba el cumplimiento dominical con la afición cinegética de la época. La misa de los cazadores se decía. Pero ese horario correspondía a las celebraciones en la parroquia. Aparte había dos celebraciones dominicales más en otros templos del municipio, a las que cabría añadir, según el lugar, alguna advocación mariana o santoral determinada a través de su ermita correspondiente. No hay que olvidar que durante la semana había tres celebraciones diarias, una por cada zona
Para todo ello, en mi municipio había tres sacerdotes, (un párroco y dos coadjutores), que se repartían el territorio en tres zonas. La asistencia a los actos de culto era considerable. Además, había procesiones de Semana Santa, catecismo o “doctrina”, ejercicios espirituales y, los domingos a la tarde, Santo Rosario y exposición del Santísimo.
Hoy en día, hay un sacerdote y un diácono adscritos a la Unidad Pastoral San Migel-Orozko, que integra ocho parroquias (unos 25.000 habitantes), así como una ADAP (Asamblea Dominical en Ausencia de Presbítero) en alguna de las parroquias. Los actos de culto que se celebran en mi parroquia son, con carácter rotatorio, una celebración eucarística cada tres semanas, una celebración de la palabra dirigida por una ADAP y una celebración presidida por un diacono. La asistencia media es de 20 personas, salvo la coincidencia con una “misa de salida”.
En mi municipio había 17 ermitas de las que 12 están abiertas al culto, 2 se hallan en ruinas y tres desaparecidas. Las desaparecidas y en ruinas suponen casi un tercio de las ermitas que existían. Es fácil suponer la energía y capacidad que habrá que dedicar a las cuestiones inmobiliarias en el futuro si se quieren sostener operativas las aún existentes. No gustará a los benefactores y cofradías que sus promesas se conviertan en material de derribo por la negligencia de sus vecinos o porque el modelo deviene obsoleto.
¿Seguiremos en caída libre?
Santidad,
De cara al futuro, ¿qué?: ¿Quo vadimus?
Lo que se plantee o planteemos corresponsablemente habrá de constituir una pastoral integral consistente en conjunción de liturgia o culto, palabra o anuncio, caridad y justicia y corresponsabilidad bautismal. Ello sólo podrá fundamentarse en la existencia de restos parroquiales o rescoldos comunitarios y deberán contar con el acompañamiento de presbíteros con un perfil proactivamente conciliar. Probablemente habrá que cambiar de “modelo”
Para evitar y paralizar la caída libre, deberemos cambiar de ladera y convertirnos en una semilla de mostaza que germine un árbol imponente donde las aves vengan a descansar y a serenarnos con sus cantos. Como decía Miguel de Unamuno quien, por cierto, alimentándose del silencio de estos pagos, manifestó que: “Hasta una ruina debe ser un motivo para la esperanza”
Deberemos fortalecer el espíritu desde el Monte Tabor, afrontar la agonía y el desánimo desde el Monte Calvario y vivir conforme al programa de Jesus de Nazaret proclamado en el Monte de las Bienaventuranzas.
Mientras tanto, en adelante, cuando nos reunamos para la celebración de la Eucaristía o la celebración de la palabra, rezaremos nominalmente por S. S., siguiendo el canon establecido y nos acercaremos a comer el Alimento de Vida habiéndonos dado, previamente, fraternalmente la paz.
Amen.
Juan Ignacio Intxaurraga

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