miércoles, 17 de agosto de 2022

¿Quién es la rapera musulmana que defiende al colectivo LGTBI?

Imane Raissali (Tánger, 1996) es una ganadora.

Fuente:     La Vanguardia

Por:     Domingo Marchena

Barcelona

12/08/2022


Raisa, el pasado abril  Xavi Torrent / Getty

Pasó sus primeros ocho años en Marruecos hasta que su familia se trasladó a Barcelona (Santa Coloma de Gramenet, la Barceloneta, Sabadell). No sabía hablar castellano ni catalán y veía la tele para aprender, mientras copiaba los nombres de las páginas amarillas para mejorar su letra. Ahora ha ganado otra batalla: han detenido al integrista y homófobo que la amenazó.

La joven se hizo muy popular a raíz de su participación en el concurso Got Talent en el 2021. ¿Una rapera musulmana y con velo cantando rap? ¿Y por qué no? Sus letras defienden la diversidad cultural y denuncian la discriminación y los tópicos. “Los musulmanes me decían que lo que hacía era un deshonra por cantar con hombres. Y los españoles no me consideraban una española porque veían a una musulmana”.

Con la misma lucidez que destilan sus canciones, Imane Raissali, conocida como Miss Raisa, colgó en junio un video en TikTok en el que defendía al colectivo LGTBI y explicaba, entre otras cosas, que de la misma forma que no hace falta quitarse el velo para cantar, “no hace falta ser homosexual para defender a esta comunidad como corresponde”. A raíz de estas y otras declaraciones, recibió amenazas e insultos.

Las intimidaciones eran tan salvajes y los descalificativos tan humillantes y denigrantes que la unidad central de los delitos de odio y discriminación de los Mossos d’Esquadra tomó cartas en el asunto. El autor de las ofensas era un joven integrista y homófobo, uno de esos que los musulmanes que viven su fe con libertad y sin miedos conocen irónicamente como un policía del haram, de lo que está prohibido o es blasfemo.

Además, era un reincidente con varios perfiles en las redes sociales en las que se presenta como predicador y “consultor de asuntos religiosos”. Ya fue detenido en el 2021 por su antisemitismo y un delito de odio contra las personas LGTBI. Según la propia policía catalana, en sus discursos incendiarios en las redes sociales “instaba y justificaba la decapitación” de Miss Raisa, “basándose en argumentos religiosos”.

El problema era que en la actualidad residía en la ciudad inglesa de Birmingham. La orden de detención que había sido cursada por los Mossos d’Esquadra, sin embargo, permitió localizarlo en un vuelo con destino a Madrid. Su avión aterrizó en el aeropuerto de Barajas el pasado día 4. Y lo estaban esperando. La Policía Nacional, en colaboración con sus compañeros de Catalunya, lo detuvo y lo puso a disposición judicial.

El juez de guardia lo interrogó como presunto autor de un delito de odio y lo dejó en libertad provisional a la espera de juicio. El acusado tuvo que entregar su pasaporte. No podrá salir del país ni utilizar internet hasta que haya una sentencia firme. Tampoco podrá acercarse a su víctima a menos de mil metros ni tratar de comunicarse con ella.

Las medidas cautelares adoptadas contra el detenido dan una idea de la importancia del delito al que se enfrenta. El artículo 510 del Código Penal castiga con multas y penas de uno a cuatro años de prisión a quienes hostiguen “por motivos racistas, antisemitas, antigitanos u otros referentes a la ideología, religión o creencias, situación familiar, etnia, raza o nación, origen nacional, sexo, orientación o identidad sexual”.

Miss Raisa ya era muy consciente del riesgo a que se exponía cuando dijo lo que dijo. No le preocupaban los musulmanes, sino las personas que, profesen la fe que profesen, “utilizan la religión como un paraguas para explotar su odio contra el resto de la gente”. Dos días después de colgar el video, la propia artista se sentía víctima de “una persecución masiva y destructora”.

Aunque a un precio muy alto, el mensaje de respeto y apoyo de la cantante ha llegado a un público más amplio que las casi 600.000 personas que la siguen en TikTok. Hay que tener mucha fuerza de voluntad para nadar contra la corriente y mantenerse firme en sus convicciones. La misma fuerza de voluntad que tuvo una niña de ocho años para reescribir los nombres de las páginas amarillas y para aprender castellano y catalán viendo la tele.

 

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