martes, 5 de julio de 2022

Fui forastero y no me recogisteis

Los deseos de huir de la miseria, las guerras o la represión son irrefrenables

Fuente:   Diario Vasco

JESÚS PRIETO MENDAZA

ANTROPÓLOGO Y PROFESOR

03/07/2022


JOSEMARI ALEMÁN AMUNDARAIN

Las crueles imágenes de cuerpos de piel oscura agonizando junto al perímetro que separa el paso fronterizo de Barrio Chino de Melilla nos han revelado, una vez más, cuán lejos está nuestro teórico acervo cultural cristiano de su práctica real. Europa lleva décadas olvidando lo que se nos explicó en Mateo 25:35. «Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis. Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo o en la cárcel, y no te servimos? De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más débiles, tampoco a mí lo hicisteis».

Ciertamente hay hechos que resultan tan trágicos y difíciles de ocultar que por su dimensión saltan a la escena mediática. Así la masacre de la playa de Tarajal en 2014, el salto masivo de Ceuta de mayo de 2021 y lo ahora ocurrido entre Nador y Melilla. Pero por encima de estos sucesos conocidos, he de decir, y he sido testigo durante varios años en ambas ciudades autónomas, que los 'saltos' protagonizados por jóvenes subsaharianos no son acontecimientos aislados, sino que se producen casi a diario.

Grupos menos numerosos, ciertamente, que pagando a las mafias (sí, también en los asentamientos de Gurugú o Castillejos hay personas sin escrúpulos que gestionan los 'saltos') o asociados de forma espontánea, se dotarán de rudimentarias escalas, trapos viejos con los que minimizar los desgarros de las concertinas y cizallas con las que cortar el alambre. En una jornada conseguirán pasar veinte, otro día cincuenta y en numerosas ocasiones nadie, pues serán repelidos tanto por la Gendarmería como por las Fuerzas Auxiliares (Mkhaznis); pero los intentos de acceso a tierra europea son diarios desde hace más de dos décadas y los deseos de huir de la miseria, las guerras o la represión son irrefrenables.

Ante esto la UE implementó un costoso despliegue de control policial de fronteras por parte de la Agencia Europea de Fronteras, Frontex (de la que no cuestiono su legitimidad en la defensa de fronteras, pero sí su praxis ética), pero más allá de esto no ha tenido una política seria, digna y consecuente con el debido respeto a los derechos humanos. La celeridad para facilitar la acogida de refugiados procedentes de Ucrania no resulta comparable con el trato que se ha dado a los de conflictos como los de Libia, Siria, Afganistán, Eritrea o Sudán.

Desde que se puso en funcionamiento el Sistema Integrado de Vigilancia Exterior, hace casi dos décadas, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, junto con cuerpos policiales de toda la UE, se han involucrado en el salvamento y seguridad marítima, a través de las capitanías marítimas, de la Sociedad Estatal de Salvamento y Seguridad Marítima (Sasemar), del Departamento Adjunto de Vigilancia Aduanera (DAVA) y del Ministerio de Defensa. Desde entonces he conocido, algunas veces in situ, numerosas actuaciones en coordinación con los organismos de la UE en los países origen de los flujos migratorios, mediante la realización de operaciones policiales conjuntas con medios terrestres, aéreos y navales, en misiones de impermeabilización y disuasión. Operaciones que han pretendido frenar la salida de embarcaciones de las costas de Mauritania (operación Cabo Blanco) y Senegal (operación Goreé). Actuaciones como la HERA II en aguas de Mauritania, Senegal y Cabo Verde, con participación de medios aéreos y navales de varios países de la UE. Dispositivos que han contado con la intervención del Ministerio de Exteriores, con la colaboración del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) y de las oficinas de enlace puestas en marcha en el marco del proyecto Sea Horse en cooperación con países de origen, tránsito y destino, entre otros Marruecos, Mauritania, Cabo Verde, Senegal, Italia, Alemania, Portugal, Francia, Bélgica y, por supuesto, España.

Después de más de veinte años y de muchos millones de euros gastados, constatamos que no se ha conseguido frenar el deseo de miles de seres humanos por buscar una vida mejor, y, por el contrario, sí hemos logrado elevar el nivel de nuestra vergüenza. No voy a negar que el respeto a las fronteras es fundamental en derecho internacional, tampoco que exista una gran preocupación por el avance del terrorismo yihadista en el Sahel, ni que haya 'mafias de negreros' en pleno siglo XXI. Todo ello es cierto, pero no es menos cierto que la respuesta que demos como europeos ha de ser proporcional y humanitaria y que la misma ha de estar acompañada del favorecimiento de los flujos migratorios legales, de campañas de sensibilización en origen que eviten emprender este viaje sin retorno y de una irrenunciable apuesta por el desarrollo económico y social de África. No hacerlo, significará prolongar 'ad infinitum' esta vergonzosa sangría, en la que Mateo 25:35 nos señalará de nuevo, acusador.

 

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