jueves, 13 de octubre de 2016

«Un monstruo viene a verme»



LOS PROPIOS MONSTRUOS

«Un monstruo viene a verme». Título internacional: A monster calls. Dirección: Juan Antonio Bayona. País: España. Año: 2016. Género: Drama, fantástico. Reparto: Sigourney Weaver, Felicity Jones, Lewis MacDougall, Liam Neeson. Guion: Patrick Ness; basado en su novela.


La esperada y nueva película de Juan Antonio Bayona viene a cerrar una trilogía sobre la relación maternofilial que inició con “El orfanato” y continuó con “Lo imposible". Bayona presenta ahora “Un monstruo viene a verme” cuyo guión está inspirado en una novela ilustrada de Patrik Ness.


Conor (Lewis MacDougall) tiene trece años (“Demasiados para ser un niño y pocos para ser un hombre”). Siete minutos después de cada media noche tiene una pesadilla en la que una voz le llama desde un cementerio próximo que se divisa desde su ventana. Junto al cementerio hay una pequeña iglesia y un árbol milenario que se transforma en monstruo ante los ojos atónitos de Conor. Acompañado de esa criatura de apariencia monstruosa, Conor vivirá la aventura de reconocer sus propios miedos, enfrentarse a ellos y afrontar su peor pesadilla, su propia verdad, la que siempre oculta y a la que no hace frente.

No le faltan al chico motivos para andar aterrado ante su vida: sus padres están separados, su madre está muy enferma de cáncer, todo indica que deberá ir a vivir con su abuela, adusta y fría; además en el Colegio vive un permanente acoso que le lleva al miedo y a encerrarse en sí mismo, en sus dibujos y en las historias fantásticas que han quedado en su corazón y que el monstruo le recuerda.

Estamos ante una película intimista y profunda que se mueve con habilidad entre el melodrama y la fantasía. Todo el aspecto melodramático está muy bien conseguido; la interpretación es excelente, contenida e intensa. Brillan especialmente Sigourney Weaver dando vida a una abuela exigente y distante, Felicity Jones, en el papel de la madre enferma; de una manera particular hay que subrayar el trabajo del joven Lewis MacDougall en el papel del pequeño Conor; MacDougall tiene un extraordinario magnetismo en la pantalla y los registros de tristeza, miedo, rabia, impotencia y ternura van y vienen con la misma intensidad con la que se viven en la adolescencia.

En ese intimismo del relato cobra un papel extraordinario la fotografía. Los claroscuros exteriores se convierten en metáfora de la vida, que siempre es ambigua y regala alegría y penas; el diseño de los interiores es magnífico, las casas, los relojes, los dibujos, los recuerdos, los objetos cobran protagonismo por sí mismos y hablan de todo lo que acumulamos en nuestra existencia; vivir se convierte en hacer acopio de objetos que nos recuerdan lo que fuimos, lo que somos y lo que estamos llamados a ser; Conor aprenderá que destruir los objetos no nos hace huir de nuestros miedos.

Pero Bayona también se maneja de una manera extraordinaria con las escenas fantásticas: el monstruo, la destrucción, los efectos especiales están muy bien y siempre al servicio de la historia.

Hay, por otra parte, un tema incesante en el film: la narración de historias como elemento de construcción de la propia personalidad; el monstruo recuerda cuentos que ya conocía el muchacho y en esas historias (que en la pantalla aparecen como dibujos de acuarela animados) no hay héroes o villanos, los personajes que presentan tienen una conducta moral frágil, como frágil es la vida; el monstruo le recordará que no hay buenos o malos químicamente puros, todos los seres humanos somos débiles y ambiguos, capaces de lo mejor y de lo peor.

La enfermedad de la madre va a llevar al muchacho (y por ende al espectador) a recordar lo duro que es enfrentarse a la muerte de los seres queridos; es tan inevitable que tarde o temprano hay que afrontarla. Vivir es ir perdiendo personas a las que amamos e ir acumulando objetos que nos las recuerdan. Y en esos momentos sublimes de la muerte de los seres queridos nos enfrentamos a la más profunda verdad de nosotros mismos, a la verdad más monstruosa.

Esa verdad, nos dice Bayona, nos dice que el amor puede dar sentido a la vida. Necesitamos decirnos que nos queremos, necesitamos darnos, necesitamos descubrir lo que tenemos en común con las personas que nos son distantes para romper intolerancias.

Por si fuera poco, toda esta reflexión abierta a mil sugerencias está admirablemente musicada por Fernando Velázquez, que ha compuesto una inspirada banda sonora absolutamente genial.

Hermosa, original, lírica y sugerente, “Un monstruo viene a verme” se convierte en una propuesta cinematográfica más que interesante. Un film con alma.


JOSAN MONTULL

miércoles, 12 de octubre de 2016

Razones del malestar entre los curas



(De «La Croix»: 10/10/2016)

Una encuesta inédita en una diócesis de Bélgica francófona (Lieja), cuyo contenido publica La Croix exclusivamente, manifiesta las principales fuentes de sufrimiento entre los sacerdotes. La institución y la falta de "perspectivas" aparecen como la principal causa de la infelicidad, muy por delante de la vida emocional o la carga de trabajo.

¿De qué sufren los sacerdotes? Y ¿qué es lo que, por el contrario, los hace felices en su misión? Los resultados de dicha encuesta sin precedentes hecha a 110 sacerdotes en la diócesis de Lieja, Bélgica, afloran las situaciones más comunes. Mientras que la vida emocional, la soledad o la sobrecarga de trabajo se consideran los principales factores de infelicidad o depresión entre los sacerdotes, sin embargo son la falta de perspectiva de futuro y la institución las que generan más sufrimiento.

Sobre la base de 46 cuestionarios —247 citas recogidas y clasificadas por temas en una escala de intensidad de bienestar/malestar— extraídos por la preocupación de Jean-Luc Joly, ex miembro de recursos humanos de la SNCF, la ausencia de "perspectivas de futuro" aparece de hecho, por mucho, como la principal causa de la infelicidad entre los sacerdotes, seguido de cerca por el de la organización (el "sistema de parroquias" que cubre todo el territorio) considerada como desalentadora. De ello se deriva con frecuencia, en la escala de "malestar", la sensación de falta de escucha o de reconocimiento por parte de la jerarquía, el alejamiento respecto de la Iglesia como institución, o incluso las difíciles relaciones entre los sacerdotes.


El resurgimiento espiritual a la cabeza de los motivos de bienestar

domingo, 9 de octubre de 2016

Jesús no optó por los pobres, sino que fue pobre


Aportación a los Planes de Evangelización

Comienzo de curso, comienzo del  necesario manoseo de papeles, por estas fechas con mayor coincidencias de temáticas, generales, universalizables  casi, de sincera orientación al pragmatismo…,  cuando me viene (que también uno colabora en planes), de Chércoles, por mí hasta ahora autor no leído, la lucecita que aporto. La ofrezco, transcribiendo, con mínima manipulación, las palabras de Adolfo:

“Jesús fue pobre, no optó por los pobres. Si no hubiese sido pobre, ¿habría podido decir lo que dijo? ¿Nos imaginamos un Jesús a caballo, con “pecho de lata”, una espada...? ¿Su mensaje hubiese interrogado a todo el mundo? Sin embargo, todos se sienten interrogados por el Evangelio. Y es que el lugar más bajo es el más universal.
 
“En la medida en que uno va subiendo escalones (del tipo que sean, de riqueza, o también de cultura…), serán menos los que lo escuchen y entiendan, y cuando llega a todo lo alto está solo. Lo más universal, lo más válido, lo más liberador... lo único que puede darnos acceso a la verdad, y no al cuento, es lo más bajo. Con qué cinismo desde el Primer Mundo lanzamos consignas teóricas al Tercero y nos “solidarizamos” con él, no estando dispuestos a reducir en lo más mínimo nuestro derroche y nuestros sutiles mecanismos de extorsión... 

“Nuestra solidaridad es un cuento porque la entendemos con mando a distancia…  Sólo en la medida en que asumamos la realidad del otro, en que hablemos desde abajo, podremos decir algo al hombre de hoy, al hombre de siempre, porque el Evangelio no pudo ser anunciado por una persona bien situada, con todo resuelto. Tres cuartas partes de la humanidad le echarían en cara: “¡Si tú vivieses como yo vivo!, ¡si tú hubieses pasado lo que yo he pasado…!” 

Pero sto nadie lo podrá decir. Desde abajo, Jesús interpela a todos.
“En el Primer Mundo nos hemos inventado la ‘opción por los pobres’. (Lo único bueno que tiene la frase es que no la entienden ni siquiera los mismos pobres. Nunca han usado la palabra “optar”. ¡Y que no la cambien! El día que se enterasen, nos sacarían los colores). En efecto, convencidos de su “autenticidad”, el único alcance que tiene es ponernos tantas condecoraciones, que nos falta pechera para colgarnos medallas, mientras al mismo tiempo vivimos sin que nos falte nada, derrochando, y lo que es peor, exigiendo.

Jesús no optó por los pobres, sino que fue pobre.
Optó por el ser humano, por todo ser humano.
Pero lo hizo desde los pobres, siendo uno de ellos.
Porque no se puede optar por el ser humano desde arriba.”

¿Qué tal si en vez de “optar” (que es hablar), “cambiamos” (que es hacer)?

¿Y los Planes? Por una primera vez, reducirlos a estrategias y acciones. Ambas cosas juntas, al final nos dan un Programa.

Txelis

miércoles, 5 de octubre de 2016

Un obispo para todos


No es infrecuente en el periodismo actual la utilización de la fórmula 111; o sea, comenzar con uno, seguir con uno, hasta acabar con uno. Se encuentran aplicaciones concretas de esta fórmula en la prensa escrita y en la digital, laicas y religiosas, por acudir a una distinción no técnica pero inteligible, incluidas las de gran audiencia.


Un ejemplo de ello fue la campaña alimentada en Ecuador contra el Obispo Julio Parrilla, seguida muy de cerca, aunque también muy parcialmente, desde parte de la prensa en España. 

Pero me pregunto, ¿por qué no aparece en los medios, frente a la utilización de la  fórmula 111, al menos cuando viene al caso, la utilización también de la fórmula 1111? Es decir, 1) si hemos comenzado por 1; 2) seguido con 1; 3) acabado con 1; 4) ¿por qué no, además, cuando es el caso, restaurarle a 1?

Tengo en mis manos un suplemento del Diario La Prensa, de Riobamba, Ecuador. Es del 18 de septiembre de 2016. Se trata de un Suplemento en formato cuadrado y a todo color. Este número en concreto se titula EL OBISPO PARA TODOS. Y está dedicado a Julio Parrilla. 

“2000 firmas de agradecimiento, constan en la presente edición, de las 5.385 firmas que están registradas en el archivo de Diario La Prensa, y que están a disposición de la ciudadanía para su verificación”.  Un número bastante superior al de las 30/40 personas que se manifestaban en su contra.
Cada firma recoge 1) el nombre; 2) el nº de cédula; 3) la Ocupación; 4) y la firma propiamente dicha. 

Esas firmas avalan algún documento común a favor de Julio Parrilla. Uno de ellos, el fechado el 9 de septiembre último, acaba con la frase “Querido Monseñor, su pueblo está de pie junto a Usted, nuestra oración será su escudo y, como centinelas en el día y en la noche, custodiaremos su vida y maravillosa misión.”

¿Por qué la prensa que trató a este hombre como quien embadurna una pared con porquería, no hace posteriormente, y analiza, por supuesto, documentos como este Suplemento del que hago referencia.

¡Fuera de una vez, lleve la cabecera que lleve, toda prensa AMARILLA!


Txelis



Diferentes formas de Laicado



Se puede afirmar que, entre los cristianos católicos, hay una aspiración bastante generalizada a una reforma profunda de la Iglesia. Lo que uno ve es que no se ha pensado en los laicos para esa deseada reforma. Es cierto que, cuando hay basura, y basura contaminante, es más urgente deshacerse de ella que cualquier otra urgencia. Pero ¿debe esta urgencia llevarnos a esperar ad kalendas graecas para que la reforma de la Iglesia alcance también al ámbito de los laicos? Y ¿para que los laicos sean agentes de esa reforma? Ya nos hemos acostumbrados a ver a los laicos muy activos en las tareas eclesiales, bajo la dependencia del clero.


Nuestra mente tiene ligada la imagen del laico comprometido a su presencia intraeclesial, que también pueden realizar ellos, pero que no es lo nuclear de la vocación laical. Sin embargo, no siempre ha sido así. Todavía son bastante recientes en América Latina las persecuciones contra campesinos cristianos, que corrían a enterrar sus biblias bajo tierra, perseguidos por fuerzas gubernamentales.

Tampoco queda tan lejos el tiempo de Monseñor Romero, nuestro querido beato, en el que invitaba a los cristianos a organizarse socialmente. Y tenemos vivo el recuerdo de su magnífico discurso en Lovaina para recibir el doctorado honoris causa. Ese discurso es un testimonio excepcional, no solo de Romero, sino de los cristianos que se comprometían con su estímulo. Y es además un programa de formación y acción para los laicos comprometidos en el mundo desde el mundo; testimonio comunitario de una Iglesia martirial. Así, pues, no siempre el laicado activo ha sido como el actual.

lunes, 3 de octubre de 2016

¿Es posible la comunion con los fundamentalistas?



Adaptado del artículo “Fundamentalismo y comunión” de Juan Mª Laboa
sobre la “religión mal vivida” en Sal Terrae enero 2016






En el tratamiento de este tema, conviene tener en cuenta que la to­lerancia, el pluralismo, la convergencia de concepciones y, por otra par­te, la intolerancia y el fundamentalismo tienen que ver con la doctrina, pero también, y a veces de manera determinante, con la cultura, la psi­cología y el talante de los individuos y de la sociedad civil del momento. Por otra parte, en el catolicismo no siempre coinciden armoniosamente la necesaria y permanente adaptación entre una legislación con preten­sión de universalidad y la obligada asimilación de las condiciones y rea­lidades locales. La permanente tensión existente entre el centro romano y las periferias nacionales responde también a esta realidad.


Para precisar el concepto [fundamentalismo] en su significación actual, y en contraste con el integrismo, podríamos partir de la consideración del fundamentalismo cristiano como «la insistencia, por motivos religiosos o políticos, en la existencia de un punto de vista de la verdad absoluto»; y, asociado, a esta actitud, «un rechazo de ciertos principios importantes del mundo mo­derno, como la tolerancia, el pluralismo, la secularización y el relativis­mo», por temor a que estos derechos disminuyan la autoridad y la ac­tuación de Dios y de la Iglesia en la sociedad, tal como escribió Pío VI en la bula de condena de los derechos del hombre y del ciudadano: «Pero ¿qué podía haber más insensato que el establecimiento entre los hombres de esta igualdad y esta libertad desenfrenada que parece borrar toda ra­zón? ¿No es la libertad de pensar y actuar un derecho quimérico contra­rio a los derechos del Creador supremo, a quien debemos la existencia y todo cuanto poseemos?»


martes, 27 de septiembre de 2016

El 80% de los católicos apoyarían el sacerdocio de las mujeres


Una comisión creada por el Papa estudia el papel de la mujer en la Iglesia
De las 23.071 parroquias del Estado, al menos 5.000 no disponen de un sacerdote permanente
Nekane Lauzirika (DEIA)- Lunes, 26 de Septiembre de 2016



Gasteiz
- ¿Podrán las mujeres en un futuro próximo ser ordenadas diáconas o diaconisas? se pregunta la teóloga María José Arana. Ella es moderadamente optimista. Tiene motivos para ello por la respuesta que el Papa Francisco ofreció el pasado mes de agosto a las 900 religiosas de la Unión Internacional de las Superioras Generales que fueron recibidas por el pontífice en el Vaticano. ¿Por qué marginar del diaconado a la mujer, que ya ejerció esa función en la Iglesia de los primeros siglos? le cuestionaron. “Las mujeres diaconisas son una posibilidad para hoy”, respondió Bergoglio.

La promesa más inmediata es que el Papa ya ha nombrado una comisión paritaria que debe estudiar el papel de la mujer en la Iglesia romana. “Creo sinceramente que Francisco está más sensibilizado que los papas anteriores; cuando dice que va a hacer una cosa la realiza. Desde el inicio del pontificado ha ido evolucionando para bien”, apunta la teóloga.

De justicia
Partidaria de que la mujer y el varón tengan la misma igualdad en la Iglesia en tiempos en los que se está proclamando en todos los ámbitos de la vida, le entristece que la jerarquía de la Iglesia no sea consciente de lo que se está perdiendo al infravalorar un capital de altísimo rendimiento. “Tenemos que trabajar para que la igualdad civil que poco a poco se está logrando en la sociedad llegue también al seno de la Iglesia; no es una petición descabellada; es una demanda de justicia social”, recalca.

Gran cantidad de jóvenes han abandonado la Iglesia en silencio y no hace falta más que echar una ojeada en cualquier iglesia y parroquia los domingos o festivos para ver la edad de la feligresía. “Parece un geriátrico y los jóvenes que acuden son católicos recalcitrantes próximos a opciones extremistas. Y la cúpula eclesial sin enterarse o van pasando hasta que sea demasiado tarde”, dice con dolor Amaia, profesora de Filosofía desde hace más de 30 años en un instituto guipuzcoano y con vocación sacerdotal, pero sin posibilidad de ejercerla como sus compañeros varones. “Con las mujeres puede suceder lo mismo que con la juventud; muchas han dejado la Iglesia sin que las altas jerarquías les ofrezca una salida a sus aspiraciones sacerdotales o ministeriales”, dice ilusionada y también escéptica ante la comisión anunciada por el Papa Francisco. “Son muchos años esperando ocupar el puesto que nos merecemos en la Iglesia, porque nosotras también queremos, sabemos y podemos servir como Dios manda”, dice sonriente.

En la práctica, muchos domingos en una pequeña iglesia del interior de Gipuzkoa, Amaia ya ejerce como diaconisa. Porque el diácono es en general un hombre soltero o casado, habilitado por la jerarquía para presidir algunas celebraciones. Viene a ser una especie de sacerdocio de tercer grado. “Está capacitado para impartir los sacramentos del bautismo, el matrimonio, pero no le está permitido confesar ni tampoco impartir la extremaunción, y, por supuesto, no puede ejercer la principal función que tienen encomendados los eclesiásticos ordenados: la consagración en eucarística”, explica.

Para María José Arana, la feligresía está concienciada sobre la necesidad de abrir la Iglesia a las mujeres en igualdad de condiciones; “actualmente ya son las que están a pie de obra sosteniendo gran parte del servicio religioso. De distintas encuestas hechas hace ya años se desprendía que el 70%% de los católicos en Europa y en el Estado estarían dispuestos a recibir mujeres sacerdotes. “A día de hoy el porcentaje ha crecido, sería superior al 80%. A la mayoría de la gente le da igual el tema, el resto estaría a favor y luego un 10% que mete ruido en contra de la posibilidad de que las mujeres puedan ser diáconas o ser ordenadas sacerdotisas”, dice Arana, a la que le cuesta entender esa resistencia tan militante.

En la iglesia antigua
Porque la existencia de las diaconisas está más que probada; quedan huellas de algunas ordenaciones diaconales de mujeres, de sus símbolos y funciones, así como del paso que se fue dando hacia mujeres de otras instituciones como abadesas, las seroras, algunas de formas de beatas, etc. “Ahora bien, siendo el pasado de trascendental importancia, y hay que profundizar en ello, sin embargo, la Iglesia tendría que plantearse estos asuntos desde una perspectiva que, arrancando del pasado, interpreta el presente mirando hacia el futuro”, opina Arana. “Es decir, la comprensión dinámica y evolutiva del Evangelio, la Tradición y la Historia, cuya relectura y aplicación ha de hacerse en cada tiempo y contexto. Es básica en esta cuestión”.

Suelen decir que cuando se nombra una comisión es mala cosa, “que se hace para que todo siga igual, pero creo que en esta ocasión funcionará. Me parece bien que sea paritaria -compuesta por seis hombres y seis mujeres- aunque tengo que reconocer que me hubiera gustado que estuviese coordinada por una mujer; todo no ha podido ser. Los componentes provienen de entornos distintos; son profesores de universidades en activo y eso es muy importante. También son bastantes favorables a establecer el diaconado en la Iglesia; son gente sensible al tema”, apunta la teóloga.

jueves, 15 de septiembre de 2016

Francisco: “¡Qué tristeza los pastores que se vuelven príncipes alejados de la gente!”



Durante la Audiencia general, el Papa recordó el alivio que ofrece Jesús a los que están «cansados y oprimidos», a los que no tienen medios propios ni amistades importantes: «¡Ojalá todos los líderes del mundo pudieran decir esto!»
Iacopo Scaramuzzi (En V.I.)

«Es feo para la Iglesia cuando los pastores se vuelven príncipes, alejados de la gente, alejados de los más pobres».  Durante la Audiencia general en la Plaza San Pedro, Papa Francisco recordó la invitación de Jesús a los que están «cansados y oprimidos», a todos los que «no pueden contar con medios propios, ni con amistades importantes», ofreciéndoles un poco de alivio.

El Papa analizó, durante la catequesis, las tres invitaciones imperativas de Jesús («Vengan a mí todos ustedes que están cansados y oprimidos, y yo les daré alivio»), «Vengan a mí», «tomen mi yugo» y «aprendan de mí». Y exclamó: «¡Ojalá todos los líderes del mundo pudieran decir esto!».

Antes que nada, «dirigiéndose a los que están cansados y oprimidos, Jesús se presenta como el Siervo del Señor descrito en el libro del profeta Isaías», y a todos ellos, desencantados de la vida, a menudo el Evangelio suma a los «pobres y a los pequeños. Se trata —explicó Papa Francisco— de todos los que no pueden contar con medios propios, ni con amistades importantes. Ellos solo pueden confiar en Dios. Conscientes de la propia condición miserable y humilde, saben depender de la misericordia del Señor, esperando de Él la única ayuda posible. En la invitación de Jesús encuentran finalmente respuesta a su espera: volviéndose discípulos suyos reciben la promesa de encontrar alivio para toda la vida», una promesa que también se extiende, al final del Evangelio, «a todas las gentes», como demuestran también los peregrinos que, durante el Jubileo de la misericordia, están atravesando las puertas santas de las catedrales, de las iglesias de todo el mundo, pero también «en los hospitales, en las cárceles», porque encuentran, dijo el Papa, «el alivio que solo Jesús sabe dar».

Al decir después «tomen mi yugo», explicó Francisco, «en polémica con los escribas y los fariseos, Jesús pone sobre sus discípulos su yugo, en el que la Ley encuentra su cumplimiento. Quiere enseñarles que descubrirán la voluntad de Dios mediante su persona, mediante Jesús, no mediante leyes y prescripciones frías que Jesús mismo condena».

Hay que reformar el cuestionario sobre los nombramientos de los obispos



El «C9» de los cardenales discutió sobre cómo modificar el formulario utilizado para estudiar las candidaturas al episcopado




Andrea Tornielli (En V.I.)

Uno de los puntos en el orden del día que discutieron los cardenales del «C9», el consejo de purpurados que colaboran con el Papa en la reforma de la Curia romana y en el gobierno de la Iglesia universal, fue el del proceso para nombrar a los obispos. El procedimiento, que permite un espacio de discrecionalidad (el juicio en conjunto depende, de hecho, de cuántas y cuáles personas serán interrogadas), por lo que parece no será reformado. Pero lo que cambiará será el formulario utilizado.

Existe, efectivamente, un cuestionario utilizado por las nunciaturas para informarse interrogando a eclesiásticos y laicos sobre la idoneidad del candidato. El «C9» propuso su reforma, según un enfoque «más pastoral», más «bíblicamente inspirado» y más «espiritualmente planteado». Será, según estas indicaciones, menos burocrático y jurídico.

Estos cambios no deben ser interpretados como una reforma del «identikit» del candidato al episcopado. Ya hay documentos del reciente magisterio que describen abundantemente las características necesarias para los que guían una diócesis. En cambio, se refieren sobre todo a la persona interrogada, eclesiástica o laica, que deberá ser más consciente cada vez de que está ofreciendo indicaciones reservadas a la Santa Sede y que deberá responder poniéndose en la perspectiva de quienes colaboran en la elección de un pastor.

El proceso para nombrar a los obispos ha tenido muchas reformas a lo largo de la historia de la Iglesia y ha estado sometido a influencias de las autoridades civiles. Han existido y siguen existiendo problemas relacionados con grupos, pues son siempre posibles, según las épocas; diferentes, énfasis para hacer surgir en los curricula los elementos en mayor sintonía con el Pontificado en curso.

sábado, 3 de septiembre de 2016

El perdón digital



«BEN HUR 2016»




Dirección: Timar Bekmambetov.
País: USA. Año:2016.
Duración: 116 min.
Reparto: Jack Huston, Morgan Freeman, Toby Kebbell, Nazanin Boniadi, Rodrigo Santoro, Sofia Black D’Elia, Ayelet Zurer.
Guion: Keith Clarke y John Ridley;
basado en la novela de Lew Wallace

 





La hermosa historia de amistad, odio y reconciliación en la época de Jesús entre el noble judío Judah Ben Hur y su íntimo amigo romano Mesala había sido llevada seis veces al cine. Ahora el director kazajo Timur Bekmambetov acomete un nuevo remake (la séptima versión) y nos vuelve a presentar la clásica novela de Lewis Wallance amparándose en la tecnología digital para llegar al gran público.

Judah Ben-Hur es un noble judío acusado de traición por su hermano adoptivo Messala, un oficial del ejército romano. Alejado de su familia, y condenado a galeras, Judah pasa cinco años alimentando el odio y la sed de venganza. Cuando regresa de incógnito a Jerusalén para cumplir sus oscuros deseos se encontrará con el mensaje de perdón de Jesús de Nazaret.  

Este nuevo “Ben Hur” tiene aspectos que bien merecen su visionado. En primer lugar, la tecnología digital en la reconstrucción histórica y el realismo en los ambientes son magníficos. El espectador se ve sumido desde el principio en el siglo primero. La historia, hermosa, humana y atemporal está bien contada; cierto es que el guion tiene algún fallo narrativo y el relato se estanca en algún momento, pero la película se ve bien y entretiene.

El reproche fundamental que hay que hacer a este nuevo “Ben Hur” es la superficialidad en los personajes principales. Esto en una película de inspiración religiosa es ciertamente una laguna importante. Todos los sentimientos de amor y odio amasado en años de sufrimiento por un lado y de amistad y reconciliación por otro que tendrían que dar sentido a la historia no están bien resueltos; los personajes son absolutamente planos, más al servicio de la tecnología digital que de una interpretación que consiga emocionar al espectador. El trasfondo espiritual no aparece apenas. Ni Judá (Jack Huston), ni Mesala (Toby Kebbell) ni mucho menos el beduino protector de Judáh (un hueco Morgan Freeman) dotan de sentimiento a sus personajes que no consiguen conectar con el espectador en ningún momento. 

Por el contrario la figura de Jesús (Rodrigo Santoro) es la mejor tratada en la película. En la versión de 1959, el personaje de Jesús tenía poquísimas apariciones y siempre de espaldas. En este film es sin duda el mejor personaje de la narración. Aparece en repetidas ocasiones, habla, tiene gestos contundentes y sus palabras saben a un Dios plenamente humano.

Será imposible no comparar esta película con la versión de William Wyller. En ella Charlton Heston y Stephen Boyd estaban ciertamente estupendos…En la versión del 59 la música de Miklós Rosza se convirtió en un clásico extraordinario que todos identificamos, en este remake la música es irrelevante. 
Es curioso, una película con una tecnología avanzada va a tener siempre en contra el film de hace 57 años…Una y otra vez al ver este “Ben Hur” el espectador (aun los más jóvenes) recordarán la versión de Wyller…y compararán, irremediablemente compararán; en la comparación la versión antigua ganará por goleada a esta versión bienintencionada pero tal vez innecesaria. 
Vayan a verla, eso sí, intenten no comparar y véanla como si ese argumento no lo hubieran conocido nunca. Entonces podrán disfrutar mucho de una historia de tolerancia religiosa, de amor, perdón y reconciliación bajo la sombra de la Cruz. Y contar una y otra vez esta aventura épica de amistad y redención sigue siendo necesario y plenamente actual.

JOSAN MONTULL