El «C9» de los cardenales discutió sobre cómo modificar el formulario
utilizado para estudiar las candidaturas al episcopado
Andrea Tornielli (En V.I.)
Uno de los puntos en el orden del día que discutieron los cardenales
del «C9», el consejo de purpurados que colaboran con el Papa en la reforma de
la Curia romana y en el gobierno de la Iglesia universal, fue el del proceso
para nombrar a los obispos. El procedimiento, que permite un espacio de
discrecionalidad (el juicio en conjunto depende, de hecho, de cuántas y cuáles
personas serán interrogadas), por lo que parece no será reformado. Pero lo que
cambiará será el formulario utilizado.
Existe, efectivamente, un cuestionario utilizado por las nunciaturas
para informarse interrogando a eclesiásticos y laicos sobre la idoneidad del
candidato. El «C9» propuso su reforma, según un enfoque «más pastoral», más
«bíblicamente inspirado» y más «espiritualmente planteado». Será, según estas
indicaciones, menos burocrático y jurídico.
Estos cambios no deben ser interpretados como una reforma del
«identikit» del candidato al episcopado. Ya hay documentos del reciente
magisterio que describen abundantemente las características necesarias para los
que guían una diócesis. En cambio, se refieren sobre todo a la persona
interrogada, eclesiástica o laica, que deberá ser más consciente cada vez de
que está ofreciendo indicaciones reservadas a la Santa Sede y que deberá
responder poniéndose en la perspectiva de quienes colaboran en la elección de
un pastor.
El proceso para nombrar a los obispos ha tenido muchas reformas a lo
largo de la historia de la Iglesia y ha estado sometido a influencias de las
autoridades civiles. Han existido y siguen existiendo problemas relacionados
con grupos, pues son siempre posibles, según las épocas; diferentes, énfasis
para hacer surgir en los curricula los elementos en mayor sintonía con el
Pontificado en curso.