Carta al Papa León XIV de una abuela
teóloga sobre una Iglesia de Iguales
Begoña Cigaran
A pesar de que habíamos estudiado teología en la misma Facultad y
a pesar de que habia oído hablar de ella, no tuve la suerte de conocer a Begoña
hasta no hace mucho. Un buen día, después de una charla sobre la sinodalidad,
se me acercó interesada por el asunto. “Has dicho que vas a impartir un curso
sobre la sinodalidad, la ‘escuchante’ y la ‘codecisiva’”. Así es, respondí. “Me
gustaría apuntarme”. Begoña se incorporó al Curso de Actualización Teológica en
la Facultad de teología de Vitoria-Gasteiz. Y, a partir del primer día, pudimos
comprobar -inmediatamente- que su perspectiva o manera de acercarse a todas las
cuestiones era la feminista, incluida, por supuesto, la sinodalidad. Es lo que
el lector también puede comprobar en esta carta dirigida al Papa León XIV.
Jesús Martínez Gordo.
***
Querido hermano, Papa León XIV:
Le escribo porque quiero compartir con usted una inquietud que
nace de lo profundo de mi experiencia cristiana. Recogiendo la propuesta del
teólogo Jose Ignacio González Faus, sueño con una humanidad nueva y una iglesia
renovada, que brota del evangelio y del legado que nos dejó Jesús de Nazareth
con su vida y su presencia encarnada en nuestra historia.
Dios ha hablado a través de su Hijo y nos ha manifestado, la
intrínseca relación que se da entre lo divino y lo humano. A Dios le interesa
la humanidad y quiere una vida plena para todos sus hijos e hijas. Esto implica
que pone su mirada, de manera especial, en los más pobres y necesitados, en las
personas a las que se les niega crecer con la dignidad que merece toda
creatura. En el proyecto que Dios nos ha dejado, a través de su hijo Jesús de
Nazareth, no hay lugar para la injusticia y la discriminación.
La humanidad plena -manifestada en Jesús- es para todos, hombres y
mujeres, sin ningún tipo de discriminación. Y en esto, querido Papa, tenemos
mucho que hacer.
Las mujeres a lo largo de toda la historia, vivimos una
discriminación permanente. Nacer niña ya supone que se nos nieguen derechos,
libertades…, que no se den las mismas oportunidades que a los hombres. Y esto
acompañado de una violencia intrínseca que, en muchos casos, se manifiesta con
extrema gravedad.
La discriminación patente en la Iglesia
Me gustaría que tuviera en cuenta nuestro dolor, nuestra
frustración. Nosotras sentimos que lo que pasa con las mujeres, no es coherente
con el mensaje que nos dejó Jesús de Nazareth. Esta discriminación es patente
en el corazón de la Iglesia.
El concilio Vaticano II define a la Iglesia como sacramento de
salvación y como pueblo de Dios, en la que todos los y las bautizadas estamos
llamados a participar plenamente según nuestros carismas, pero esto, en la
práctica no es posible para nosotras.
En el libro de Tomás Halík, en su primera carta, dice que la
escucha del Espíritu ha de conducir al creyente individual y a toda la Iglesia
a profundizar en la verdad, y esta no puede ser sustituida por la mera
obediencia a los portadores de la autoridad eclesial.
La Iglesia católica, en coherencia con el Evangelio, con el Dios
encarnado, tiene que estar atenta a los signos de los tiempos, y escuchar al
Espíritu. Creer no se puede confundir con aceptar obedientemente lo que nos
presentan los dirigentes en nombre de la tradición. El arte de escucha al
Espíritu ha sido sustituido por la obediencia y lealtad a la institución.
El Espíritu se presenta y habla de muchas maneras y nos ayuda a
ver y sentir a través de la experiencia y la práctica de la fe de todo el
pueblo de Dios. Nos ayuda a escuchar las voces proféticas, muchas veces
incómodas, pero sugerentes. Voces que nos llevan a revisar planteamientos que
se han sostenido como incuestionables y que, como nos ha demostrado la
historia, no lo son, sino más bien, camino de conversión y renovación.
Aunque la reflexión que voy haciendo es camino de liberación y
conversión, nos encontramos de bruces con el clericalismo, que nos impide
avanzar en este sentido. El papa Francisco, insistió y señaló la necesidad de
afrontar este problema.
Jesús no discriminó a las mujeres
Le pido encarecidamente, que se tome en serio la situación de
discriminación que sufrimos las mujeres. Necesitamos
una Iglesia más inclusiva y participativa, con decisiones concretas y
valientes. Su antecesor dio algún paso importante respecto al rol de las
mujeres en la Iglesia. Son pequeños e importantes avances, pero insuficientes.
Muchos hemos confiado en que el proceso sinodal sea un instrumento
para hacer camino en este sentido, pero observamos que avanza con lentitud y
con resistencias a tratar temas candentes, como es el tema de la ordenación de
las mujeres.
Somos muchos los católicos y católicas que vivimos esta situación
con dolor. Queremos que se nos escuche y que juntos avancemos hacia la
superación de esta discriminación histórica. Discriminación que niega el plan
que inició Jesús con sus discípulos y discípulas.
En el Nuevo Testamento encontramos textos que nos hablan
claramente de la participación de las mujeres en el grupo de Jesús y en la
Iglesia incipiente. María Magdalena fue testigo directo de la Resurrección y
recibió el mandato de anunciarlo.
No podemos ceñir la encarnación de Dios solo al género masculino
Jesús, fue valiente y pionero en este sentido e inauguró una nueva
forma de hacer, implicando a las mujeres en su misión. Pero esa confianza que
otorgó el Maestro fue silenciada en la Iglesia desde muy pronto, y la
arrastramos hasta nuestros días.
Hermano León XIV, hoy le quiero pedir que tome conciencia de la
confianza que tuvo Jesús con las mujeres, y que, a imitación del Maestro,
avancemos para que esta cuestión vaya cambiando
Soy consciente de que no es fácil, pero tenemos que continuar
dando pasos en este sentido, y que las mujeres, también, podamos representar a
Cristo sacramentalmente.
Jesús en su presencia concreta en la historia, de varón judío,
representa a toda la humanidad, hombres y mujeres de todas las razas, de todos
los tiempos… no podemos ceñir la encarnación de Dios en la historia solo al
género masculino.
Las mujeres ¿participamos de la salvación ofrecida por un Dios
encarnado, o solo participan los varones?
Podríamos pensar que, si nos excluyen a las mujeres del orden
sacerdotal, porque Jesús fue hombre, entonces, ¿las mujeres, participamos de la
salvación ofrecida por un Dios encarnado, o solo participan los varones?
Somos conscientes de la inmensa labor que tiene nuestra Iglesia.
Vemos a las comunidades necesitadas de ministros entregados para ofrecer el Pan
y la Palabra. Y en medio de esta necesidad, es doloroso observar a los
sacerdotes agotados, que intentan llegar a todas partes, y no pueden. Y entre
nosotras, hay algunas con vocación y preparación, que no pueden asistir en esta
necesidad por una tradición sin sentido.
Querido hermano, ¿qué necesita la Iglesia para sanar esta herida
abierta por argumentos excluyentes? La falta de mujeres jóvenes en nuestras
parroquias en Europa es signo de una Iglesia que no sabe acogerlas. Se van,
porque sienten fuertemente la discriminación en una institución dirigida
varones ordenados. ¿Cómo puede la Iglesia, hoy en día, ser una institución que
no reconoce la igualdad plena entre hombres y mujeres?
Los avances en el reconocimiento, la promoción y los derechos de
las mujeres es imparable en nuestro mundo. Avance, que proféticamente ya dio el
mismo Jesús, en su tiempo.
En nombre de miles de hombres y mujeres, le pido que sea valiente
La tarea es ardua pero el Espíritu es fuerte. En nombre de miles
de hombres y mujeres, le pido que sea valiente y se deje guiar por la Ruah que
sopla con fuerza para que se restablezca la justicia con las mujeres.
Para terminar, le deseo que el Señor le bendiga y que su labor sea
fructífera para responder a la voluntad de Dios. Rezo por usted y rezo por
nuestra querida Iglesia.
…Y le voy a transmitir un sueño: ojalá, que la generación de mis
nietas, puedan un día encontrarse como cabeza de la Iglesia a un Papa o a una
Mama.
Su hermana en la fe
Begoña Cigaran
Bilbao, 15 de noviembre de 2025