domingo, 27 de febrero de 2022

Pero, ¿fue realmente Darwin un "darwinista"?

Fuente:   Religión Digital

26/02/2022

Por:   Leandro Sequeiros sj. Presidente de la Asociación Interdisciplinar José de Acosta (ASINJA)


Charles Darwin es una de esas figuras a las que hay que referirse obligadamente cuando hablamos del supuesto conflicto entre la ciencia y la religión.

Si bien es verdad que Darwin, por no pertenecer a la Iglesia católica, no tuvo conflictos institucionales con ella, pero como hijo de la Iglesia de Inglaterra padeció, en parte, el rechazo de ésta. Charles Darwin sufrió la tensión y la crisis en su propia carne desde muy joven hasta el final de sus días, como podemos ver por sus propios escritos, sin poder llegar, aunque lo pretendió, a un pacífico diálogo interior. Debemos tener en cuenta también que la figura de Darwin y lo que enseguida vino a llamarse el "darwinismo" se enarbolaron como banderín de enganche del ateísmo científico del siglo XIX. Pero, ¿fue realmente Darwin un "darwinista"?

 

¿Participó activamente en su vida del movimiento "darwinista?

Desde la aparición en 1874 del libro de John William Draper Historia de los conflictos entre la religión y la ciencia, libro que tuvo una amplia repercusión en los ambientes culturales de América, Europa y de España, la referencia a una difícil inteligencia entre la ciencia y la religión, suele ser un tópico común, que por muy manido que esté, aún tiene vigencia siempre que se intenta un diálogo entre la ciencia y la fe. 



Por una parte, la ley de Comte de los tres estadios: el mágico-religioso, el filosófico y el científico, tan vivamente aceptada por el positivismo del siglo XIX e incluso por posturas resistentes de nuestra cultura actual, y por otra parte el enclaustramiento, a veces, de algunos representantes del pensamiento eclesiástico han parecido confirmar más el aspecto conflictivo que el de apertura a un diálogo fructuoso y fecundo. Han pasado años y el proceso de decantación, que el tiempo siempre propicia, nos permite hoy el diálogo abierto, que el mismo Concilio Vaticano II fomentó. La postura del Papa Juan Pablo II queriendo saldar para siempre el conflicto de Galileo es exponente de esa "nueva visión" que desde el ámbito de la Iglesia institucional se desea positivamente tener.



Charles Darwin es una de esas figuras a las que hay que referirse obligadamente cuando hablamos del supuesto conflicto ciencia-fe. Si bien es verdad que Darwin por no pertenecer a la Iglesia católica no tuvo conflictos institucionales con ella, pero como hijo de la Iglesia de Inglaterra padeció, en parte, el rechazo de ésta. Charles Darwin sufrió la tensión y la crisis en su propia carne desde muy joven hasta el final de sus días, como podemos ver por sus propios escritos, sin poder llegar, aunque lo pretendió, a un pacífico diálogo interior. Debemos tener en cuenta también que la figura de Darwin y lo que enseguida vino a llamarse el "darwinismo" se enarbolaron como banderín de enganche del ateísmo científico del siglo XIX.
¿Era Darwin darwinista?

Pero, ¿fue realmente Darwin un "darwinista"? ¿Participó activamente en su vida del movimiento "darwinista? Uno de los componentes del darwinismo que llega hasta nuestros días es "la noción de que los fenómenos naturales pueden explicarse como consecuencias de leyes inmanentes sin necesidad de postular agentes sobrenaturales". 



Efectivamente, Darwin y sus escritos fueron presa enseguida de las ideologías de uno y otro signo: ataques de la Iglesia anglicana, incomprensión de su obra, salvo algunas excepciones, dentro del marco cultural del catolicismo del siglo XIX, levantado como signo de confirmación del materialismo por Engels, reivindicado últimamente por el más feroz liberalismo capitalista y, recientemente, en la controversia de la "sociobiología". El llamado ateísmo científico quiso encontrar en los escritos darwinianos la confirmación a su exclusión de Dios. Así la Revista Social en 1882 exclamando no sin cierto triunfalismo: "sus ideas han dado un vuelco al movimiento ateo".



¿Pero, cuáles fueron los sentimientos religiosos más profundos de Charles Darwin? ¿Qué papel jugó él en la controversia en torno a su obra, pretendida por él mismo como obra puramente científica? ¿Quiso Darwin realmente fundar una especie de movimien¬to cultural y filosófico? ¿Tenía Darwin una sólida formación religiosa y filosófica que le permitiera entrar en discusión con la Filosofía y la Teología de su época?

 

La autobiografía de Darwin



He querido acercarme a los escritos de Darwin fundamentalmente a su Autobiografía y a su correspondencia, escritos en los que directamente aborda Darwin de manera clara y manifiesta sus problemas religiosos. Algo que me ha impresionado ha sido la honestidad con que Darwin plantea los problemas más hondos del corazón humano y la sencillez y sinceridad con que intenta responderse a sí mismo, aunque no encontrara la respuesta. No era su temperamento dado a las controversias ideológicas, y este talante se rezuma en toda su obra. 



La génesis de la Autobiografía debemos tenerla presente desde el comienzo para poder comprender el alcance de sus palabras: cómo y a quién van dirigidas, y sobre todo el tono humano que late en ellas. "He intentado componer el relato de mí mismo que viene a continuación como si hubiera muerto y estuviera mirando mi vida desde otro mundo" (CHARLES DARWIN, Autobiografía, Selección de Francis Darwin, Tomo I, Alianza Editorial, Madrid, 1977, p. 41). Los recuerdos fueron escritos al dictado por sus hijos sin intención alguna de que se publicaran jamás. 



Fueron escritos estos relatos autobiográficos como un recuerdo de familia. El mismo título que él le puso nos habla de su intimidad: Recollections of the Development of my Mind and Character (Memorias del desarrollo de mi pensamiento y carácter) [Ibidem, p. 40]. Las páginas fueron escritas durante una hora cada tarde. Después de la muerte de Darwin, su hijo Francis Darwin publicó una versión abreviada en 1892 de la primera edición de 1887, que tiene el título de Life and Letters. 



La edición de 1892 es la que vulgarmente se conoce como la Autobiografía. Es interesante observar que esta edición fue censurada por la familia, que no quiso publicar por cierto pudor algunas cosas. En una nota introductoria el mismo Francis Darwin escribe: "Se comprenderá fácilmente que en una narración de carácter personal e íntimo, escrita para su esposa e hijos, se presenten pasajes que deben omitirse aquí; no he considerado necesario indicar dónde se han hecho tales omisiones" [p. 40].

Hubieron de pasar muchos años para que una nieta de Darwin, Nora Barlow, publicara íntegro el manuscrito original, incluso con las notas al margen, autógrafas, de la de la mano de la esposa de Darwin. Una parte importante de la Autobiografía la dedica Darwin a sus problemas religiosos, en este trabajo he manejado la edición castellana de la primera Autobiografía (la censurada), publicada por Alianza Editorial y la edición inglesa de la autobiografía completa, la no censurada. En lo que se refiere al pensamiento religioso de Darwin, a sus dudas y angustias internas, su esposa censuró bastantes puntos que hemos intentado recoger para sumergirnos, lo más profundamente posible, en el interior de Charles Darwin e intentar contemplar su crisis religiosa.





Darwin prefirió definirse a sí mismo como agnóstico que como ateo 



Ha transcurrido un siglo largo después de la muerte de Darwin y aún todavía su crisis religiosa es materia de controversia; algunos han querido ver en Darwin uno de los creadores del naturalismo y ateísmo científico. Es necesario bucear en la Autobiografía, en la edición no censurada por la familia, y en la colección de cartas de Darwin para sacar algunas conclusiones sobre su pensamiento en materia religiosa. 



La esposa de Darwin censuró aquellos párrafos de la Autobiografía que de alguna manera podían herir la sensibilidad religiosa de la burguesía inglesa de finales del siglo XIX. Francis Darwin afirmó que "en todas sus obras, mi padre se mostró reticente en materia de religión, y lo que ha dejado sobre el tema no lo escribió con vistas a la publicación" [Autobiografía, p. 107]. A pesar de esa reticencia Darwin habló algunas veces sobre materia religiosa, y ciertamente la preocupación por el problema religioso aparece a lo largo de su vida.

En una carta a su amigo el Doctor Abbott, (6 de Septiembre de 1871), unos diez años antes de morir Darwin le decía que su mala salud le había impedido "sentirse con fuerzas para reflexionar intensamente sobre el tema más profundo que puede ocupar a una mente humana" [p. 107]. Su hijo insiste en la sensibilidad de su padre y su instinto en no querer herir a nadie en materia religiosa. Darwin siempre afirmó el contenido científico de su obra, a la que no consideró una obra ni siquiera de filosofía natural, mucho menos pensó en las implicaciones teológicas de la misma. "Hasta cierto punto no me siento inclinado a pronunciarme públicamente sobre temas religiosos, pues no creo haberlos meditado con suficiente profundidad que justifique la divulgación de mis ideas" [p. 109].

En una carta posterior de 16 de noviembre de 1871, ante la presión del Doctor Abbott de que escribiera algo para el Index Darwin repite las mismas ideas. "En ningún momento soy un pensador o escritor rápido: cuanto haya hecho en ciencia se ha debido exclusivamente a largas reflexiones, paciencia y laboriosidad. Por lo demás, nunca he meditado mucho de una forma sistemática sobre la religión en relación con la ciencia, ni sobre moral en relación con la sociedad” [p. 109].

A pesar de la resistencia de Darwin en no hacer confesiones de su religiosidad o de sus sentimientos religiosos, es verdad que en la Autobiografía y epistolario aparece frecuentemente la confesión de su intimidad religiosa, problema del que nunca se separó. Darwin se nos describe a sí mismo como un "agnóstico" (agnostic), nunca como un ateo. "No puedo pretender aclarar en lo más mínimo estos abstrusos problemas. El misterio del principio de todas las cosas es insoluble para nosotros, y yo, al menos, debo contentarme con seguir siendo un agnóstico" [p. 116]. Y solamente tres años antes de su muerte, en una carta escrita en 1879 a Mr. J. Fordyle y publicada por éste en 1883 en sus Aspects of scepticism, nos vuelve a repetir Darwin su actitud espiritual: "en mis fluctuaciones más extremas, jamás he sido ateo en el sentido de negar la existencia de un Dios.



Creo que en términos generales (y cada vez más, a medida que me voy haciendo más viejo), aunque no siempre, agnóstico sería la descripción más correcta de mi actitud espiritual" [107]. Y frente a la pretensión del Dr. Aveling que en su libro The religious Views of Charles Darwin trataba de demostrar el ateísmo de Darwin, puesto que, para Aveling, agnóstico y ateo eran términos equivalentes, Francis Darwin expresamente reivindica para su padre el calificativo de agnóstico, para quitar toda connotación de agresividad que, en opinión del hijo de Darwin, tenía la palabra ateo [p. 252]. Dado el carácter de Darwin, tal como se manifiesta en su Autobiografía cualquier connotación de agresividad o militancia no encaja con su temperamento solitario, taciturno y retraído en su refugio de Down.

 

No contradicción entre creencias y evolución



Es interesante hacer notar aquí que el mismo Darwin no vio contradicción ninguna, ni dificultad, desde el punto de vista teórico entre la creencia en Dios y la teoría de la evolución por selección natural, que él había propuesto como explicación al hecho biológico del origen de las especies. Baste este testimonio. Un estudiante alemán escribió a Darwin para que le diera su opinión sobre la posibilidad de compaginar la teoría de la evolución y la creencia en Dios. Contesta su hijo por enfermedad de

Darwin y dice: "Él (Darwin) considera que la teoría de la evolución es bastante compatible con la creencia en un Dios; pero que usted debe recordar que cada persona tiene un concepto diferente de lo que entiende por Dios" [Autobiography, p. 110]. El joven volvió a insistir en una carta posterior y Darwin respondió de nuevo: "La ciencia no tiene nada que ver con Cristo excepto en la medida en que el hábito de la investigación científica hace que una persona sea cautelosa a la hora de admitir pruebas" [ibidem]. Darwin, pues, estaba convencido de que su crisis religiosa no se desprendía de su descubrimiento científico.



De lo que sí estaba convencido era del cambio necesario de la imagen de la divinidad, que en adelante la explicación del hecho evolutivo por selección natural impondría al hombre. Es interesante observar que como hemos dicho antes la intención primaria de Darwin era puramente científica, no quería mezclar conceptos provenientes de la filosofía natural y menos de la teología en su obra. Incluso el término "evolución" tomado de la filosofía de Spencer, no aparece hasta la sexta edición de Origen de las especies.

Como puede verse, por todo lo que llevamos dicho, las piedras de tropiezo de la fe religiosa de Darwin, no tienen nada de original. El mismo Darwin confiesa que sus argumentos no tienen ninguna novedad o valor y que desde luego no son deducción directa de su teoría científica. Las serias dudas y dificultades de Darwin son casi las mismas que suelen encontrarse aquellas personas, caso bastante frecuente entre nosotros, que tienen una buena formación científica y que sin embargo tienen una deficiente formación teológica. Estas personas, sobre todo jóvenes, cuando comienzan a pensar por sí mismos no suelen encontrar respuestas a sus obvias preguntas. Desgraciadamente, Darwin tampoco encontró respuestas a sus dudas en la teología anglicana de su época, bastante poco crítica y muy convencida de su verdad; basta leer el título de uno de los libros de texto que tuvo que estudiar Darwin durante el tiempo de estudiante de teología en Cambridge de 1829-1831. En aquellos años Darwin estudió las Evidences of Christianity, su autor era el gran teólogo anglicano Paley. Darwin cuenta rememorando sus años de estudiante que este libro, y otro de Paley, Natural Theology los conocía a fondo y que su lógica interna le producía un gran deleite, al estudiar estos textos, tanto como leyendo a Euclides [Autobiografía, p. 57]. 



 

Sentimiento de lo sublime 



Por otra parte, Darwin fue sensible al sentimiento de lo sublime en medio de la selva brasileña, aunque no le dio un gran valor religioso [p. 115], y a la fundamentación de la moral. Darwin aboga por el hacer el bien a los demás como fuente de satisfacción interior. Desgraciadamente un párrafo precioso a este respecto, fue censurado por la familia. Un hombre que ha perdido sus creencias religiosas en la existencia de un Dios personal o en una existencia futura sin premios ni castigos, cómo puede tener una regla de vida, se preguntaba Darwin [Autobiography, p. 94]. 



El ser humano es capaz de mirar hacia a delante y hacia atrás, y puede comparar sus sentimientos, deseos y hallazgos y no obrar ciegamente. "Encuentra entonces, de acuerdo con el veredicto de los más sabios, que la satisfacción más elevada la obtiene, al seguir ciertos impulsos, en concreto, los instintos sociales. Si actúa por el bien de los otros, recibirá la aprobación de sus compañeros y ganará el amor de aquellos con quienes vive, y esto último le otorgará sin duda el más alto placer sobre la tierra" [Ibidem]. El hacer el bien a los demás es el imperativo, no impuesto desde fuera, que constituye para él la fuente de felicidad. Él mismo confesaba: "yo no tengo remordimiento de haber cometido ningún gran pecado, pero muy a menudo me arrepiento de no haber hecho más directamente el bien a mis semejantes" [p. 95]. Y al final de sus días, acaba diciendo que haberse dedicado a la filantropía hubiera sido una línea de conducta mejor que la de dedicarse a la ciencia.

Tal como se desprende de sus escritos, hubo en Darwin una gran delicadeza humana y espiritual, y una gran honestidad al tratar los problemas. Él fue consciente de que la publicación del Origen de las especies creaba grandes problemas a la teología de su época. No podemos olvidar, que aunque con no mucho provecho y poco entusiasmo, el joven Darwin fue estudiante de teología. 



Es interesante recordar la anécdota del Obispo anglicano de Oxford, Wilberforce, quien el sábado 30 de junio de 1860, recién publicado el libro del Origen de las especies, atacó a Darwin en el Congreso de la British Association "con inimitable energía, vacuidad e injusticia". Y después, "adoptando un tono más grave afirmó en una solemne perorata que las teorías de Darwin eran contrarias a la revelación de Dios en la Escritura" [Autobiografía, p. 351-355]. Ciertamente, no era éste el tono de polémica preferido por Darwin, sino el sosegado, tranquilo y respetuoso como el del Vicario de Down, el Reverendo J. Brodie Innes del que Darwin escribe: "A menudo disentíamos, pero es usted uno de esos raros mortales de los que puede uno disentir y sin embargo no experimentar contra él ni sombra de animosidad, y eso es algo de lo que yo estaría muy orgullosos si alguien pudiera decir lo de mí" [p. 343].



En toda la correspondencia con Asa Gray, que según Darwin era quien mejor le había entendido [p. 359], rebosa la preocupación religiosa de Darwin. El botánico norteamericano, Asa Gray, publicó en el Atlantic Montly (1860) tres artículos, que luego se reimprimieron en la obra de Gray, Darwiniana, con el título: "La selección natural no contradice a la teología natural". Darwin estaba contento con la interpretación de Gray: "Creo, que su folleto ha ayudado mucho a mi libro, se lo agradezco sinceramente por lo que a mí respecta: y como creo que las teorías son en gran medida acertadas tengo que pensar que ha hecho un gran servicio a la ciencia" [p. 365].

Conclusión 



Al final de sus días, a los 74 años, tranquilo, sin ningún remordimiento, se enfrentó a la muerte, "no tengo ningún miedo a morir" [Autobiografía, p. 464] pudo decir. Dadas las dimensiones de nuestro trabajo nos hemos limitado a estudiar la crisis religiosa personal de Darwin y sus intentos de solución. Queda por estudiar en profundidad la influencia de la teología de la época en la formulación del paradigma evolucionista, tentativa realizada en parte por Michael Ruse: "por lo tanto está claro que la evolución, y aún la selección natural, se originaron tanto gracias a la teología de la época como a pesar de la misma" [MICHAEL RUSE, La revolución darwinista, Alianza Universidad, Alianza Editorial, Madrid, 1983, p. 339].

 

 

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