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martes, 17 de noviembre de 2020

¿Santificado demasiado pronto? Un informe del Vaticano muestra una dura versión de Juan Pablo II

NOTA:    En el equipo de mantenimiento del BLOG hemos llegado a entender que, en las circunstancias que nos envuelven (el CONFINAMIENTO POR «COVID-19») bien podríamos prestar el servicio de abrir el BLOG a iniciativas que puedan redundar en aliento para quienes se sientan en soledad, incomunicadas o necesitadas de expresarse.

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Fuente:    La Nación

 Autor:    The New York Times (Traducción de Jaime Arrambide)

17 noviembre 2020

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ROMA.- Durante los solemnes funerales del papa Juan Pablo II en la Plaza de San Pedro, entre ese océano de fieles dolientes se alzaban carteles y pasacalles que pedían su inmediata santificación: "¡Santo Ya!" Carol Wojtyla había sido un gigante de la Iglesia del siglo XX. En sus 26 años en el trono vaticano, había recorrido el mundo para inspirar a varias generaciones de creyentes, y como papa polaco, había contribuido con la caída del comunismo.

 


Días después de su muerte, en 2005, los cardenales que deseaban mantener sus políticas conservadoras ya habían empezado a discutir la posibilidad de poner a Wojtyla en el "carril rápido" de la santificación, y el clamor de los fieles de Roma y el resto del mundo pidiendo su inmediata canonización ahogaba pedidos de cautela de los sobrevivientes de abusos sexuales y de los historiadores, que alertaba que Juan Pablo II había hecho la vista gorda sistemáticamente ante los crímenes de su Iglesia.

 

Ahora, después de más de una década de dudas, sobre su reputación se ciernen oscuros nubarrones, ya que el propio Vaticano que se apresuró a canonizarlo difundió un extraordinario informe que culpa a San Juan Pablo II de los ascensos del destituido cardenal Theodore E. McCarrick, a quien la Iglesia le retiró el estado clerical y le impuso la pérdida del sacerdocio.

 

La nueva investigación, encargada por el papa Francisco —que canonizó a Wojtyla en 2014— revela el modo en que Juan Pablo eligió no creer en las repetidas acusaciones de larga data contra McCarrick por abuso sexual y pedofilia, y permitió que siguiera ascendiendo en la jerarquía eclesiástica.

 

miércoles, 19 de agosto de 2020

Desde Brasil, tres ejemplos de liderazgo extraordinario

NOTA:    En el equipo de mantenimiento del BLOG hemos llegado a entender que, en las circunstancias que nos envuelven (el CONFINAMIENTO POR «COVID-19») bien podríamos prestar el servicio de abrir el BLOG a iniciativas que puedan redundar en aliento para quienes se sientan en soledad, incomunicadas o necesitadas de expresarse.
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En ncronline.org
por Tom Roberts
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Ningún anuncio de fin de era acompañó a la noticia de la reciente muerte del obispo Pedro Casaldáliga, pero eso habría sido lo apropiado. Fue el último de los tres obispos de Brasil que demostró un liderazgo extraordinario durante décadas en las circunstancias más difíciles.


En un momento en que la evidencia de que las cosas salieron mal con la jerarquía católica y amenazados por otras muchas cosas, Casaldáliga, así como el cardenal Paulo Evaristo Arns, quien murió en 2016 , y el arzobispo Dom Hélder Câmara, quien murió en 1999, se destacan como ejemplares servidores del Evangelio y de sus comunidades en las condiciones más amenazadoras y entre algunos de los más marginados de la Tierra. Todos haríamos bien en revisar sus vidas y su ejemplo en un momento de miedo e incertidumbre global.

Aclamados en la muerte por mostrar cualidades santas (de hecho, se ha abierto una causa de santidad para Câmara) en vida, a menudo llevaban las heridas más profundas y ocultas infligidas por las autoridades eclesiásticas que cuestionaban sus motivos, su teología y su lealtad.

Inquebrantables en su defensa de los derechos humanos durante los 21 años de dictadura militar opresiva y brutal de Brasil (1964-1985), los tres también tuvieron que defenderse de las denuncias de poderosas figuras del aparato del Vaticano durante las décadas de 1980 y 1990. Era un aparato ensamblado por el Papa Juan Pablo II, santificado apresuradamente en la muerte, quien,  en palabras del periodista del Vaticano John L. Allen Jr., era simultáneamente "el apóstol de la unidad  ad extra  y el matón  ad intra ".

Arns, en una conversación con el escritor Lawrence Weschler sobre el creciente autoritarismo en el Vaticano de Juan Pablo II,  comentó : "Este Papa polaco es nuestra cruz para llevar".

Las heridas de Juan Pablo hizo a sus compañeros obispos, teólogos, varios pensadores y activistas, podrían ser profundas y debilitantes. Las reputaciones fueron destrozadas por una burocracia puesta al servicio de un enfoque absolutista de sus ideas tan personales sobre el orden y la disciplina.

La institución cambió, como siempre lo hará, y esa marca de disciplina severa se ha desvanecido. La iglesia en general debe revisar lo que sobrevivió, lo que se ve hoy como la mejor expresión del corazón del Evangelio.

Los tres obispos brasileños llevaron a las diócesis a través de un período infernal de agitación social en ese país, una época de desapariciones masivas, torturas y muertes. Câmara dirigió la Arquidiócesis de Olinda y Recife durante todo ese período, de 1964 a 1985; Arns dirigió la Arquidiócesis de São Paulo de 1970 a 1998; y Casaldáliga fue obispo de São Félix de 1970 a 2005. Nadie los habría culpado por refugiarse detrás de los muros de la cancillería. En cambio, caminaron hacia el centro de la tormenta con quienes estaban en mayor riesgo.

Durante el período de terror, Arns entraba y salía de las cárceles, haciendo un seguimiento de los llamados enemigos del estado. Llamó al gobierno por el asesinato de un periodista, celebró servicios religiosos en desafío a la dictadura, brindó espacio para los inicios de un movimiento obrero y colaboró ​​en secreto con socios ecuménicos y agencias internacionales para obtener acceso a una gran cantidad de documentos que describían los horrores. de torturas y asesinatos. Esas páginas se convirtieron en un registro compilado titulado " Brasil: Nunca Mais " (Brasil: Nunca más). *

domingo, 11 de agosto de 2019

«Han ejecutado la decisión papal de abolir el Instituto Juan Pablo II»

De INFOVATICANA  (Stanisław Grygiel)



Aldo María valli realiza una entrevista exclusiva con el profesor Stanisław Grygiel, filósofo polaco, gran amigo de san Juan Pablo II y hasta hace poco, antes de su despido, docente en el Pontificio Instituto teológico fundado precisamente por el papa Wojtyła. 

Una entrevista muy amplia, en la que el profesor Grygiel habla del caso que le ha visto implicado, pero sobre todo, explica cuál es, en su opinión, la naturaleza de la crisis actual de la Iglesia y pronuncia palabras muy claras: «La Iglesia actual necesita un Moisés que, llevado por la ira del Dios misericordioso, con el que habla en la montaña, incendie todo los becerros de oro en cuya adoración el pueblo, con el permiso de muchos pastores, busca la felicidad».

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Profesor Grygiel, usted, a propósito de la teología actualmente dominante, ha hablado de «pragmatismo teológico». ¿Qué quiere usted decir con esta expresión y cuáles son los objetivos de dicho pragmatismo?

El principio marxista en la manera de pensar es: la praxis precede al y decide sobre el logos, es decir, la verdad. Así ha dado un vuelco no sólo a la vida intelectual del mundo occidental, sino también a la vida de la Iglesia católica. Recuerdo los años 1966-1967, en los que viví en la Universidad Católica de Leuven, en Bélgica, y muchas lecciones de teología y filosofía que seguían este principio. El resultado fue una teología pragmática y una pastoral igualmente pragmática, que no parte de la Persona de Cristo, sino de la descripción sociológica de los distintos comportamientos humanos. Si la mayoría se divorcia, entonces… Muchos teólogos y, sobre todo, muchos pastores en la Iglesia católica se olvidan de hablar con el Hijo del Dios vivo. Les falta la fe en el sentido de la confianza en la Persona de Cristo y, en consecuencia, la fe en el hombre.
La Unión Soviética, al no ser capaz de conquistar Europa occidental con medios militares, intentó penetrar la mentalidad de los intelectuales, para someterla a las órdenes de los señores de este mundo. Lo consiguió a la perfección, como vemos hoy en día, mientras vivimos las desastrosas consecuencias de esa astuta acción de los agentes comunistas y de sus «idiotas útiles» occidentales.

Sabemos que usted ha sido despedido, junto con otros docentes, del Instituto Juan Pablo II sobre el Matrimonio y la Familia. Más allá de su caso particular, ¿qué nos enseña este caso? ¿Por qué esta revolución?

No puedo esconder mi dolor, provocado por el hecho de que el Instituto fundado por san Juan Pablo II haya sido abolido hace dos años. El despido de los profesores representa un acto coherente con esta decisión, por eso no me sorprende. Lamento sólo la confusión a la que han sido arrastrados los estudiantes, y en la que se sienten perdidos. Alguien deberá rendir cuentas un día. San Juan Pablo II preparó con fervor y pasión a los primeros profesores para esta gran misión. Unos meses antes de la fundación del Instituto nos invitó a su apartamento para meditar juntos sobre la situación en la que se encontraba no sólo la Iglesia, sino también el mundo. Quiso crear un Instituto en el que la teología surgiera de la experiencia moral de la persona humana y de la Palabra Divina en la que la verdad del hombre ha sido plenamente revelada. No hay que maravillarse, entonces, que en esa época meditáramos rezando, y rezáramos meditando. Ante Dios y ante el hombre que arde por Él, como ardía la zarza en la montaña en el país de Moria, hay que arrodillarse. En caso contrario, no se comprenderán «el universo y la historia» (cf. Redemptor hominis, n. 1).

Confieso que no llego a comprender por qué razón quienes han ejecutado la decisión papal de abolir el Instituto fundado por san Juan Pablo II hablan de profundización, expansión y ampliación de la enseñanza de Juan Pablo II. No se renueva la casa destruyéndola, incluidos sus fundamentos. Sería mejor hablar clara y francamente según el mandamiento del Evangelio: «Que vuestro hablar sea sí, sí, no, no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno» (Mt 5, 37).