Abrazar la fe es hoy una innovadora herramienta de movilización electoral contra la derecha conservadora. El consultor de ideograma Franz von Bergen desgrana el éxito del candidato demócrata James Talarico, quien exige "voltear las mesas" frente a unas élites que han corrompido el sistema. Con un gran perfil en redes y una oratoria que recuerda a la de Barack Obama, demuestra que "la fe no solo mueve montañas, también puede movilizar el voto progresista".
Fuente: Agenda Pública
Por Franz von Bergen
24/03/2026

El candidato al Senado, James Talarico, durante su campaña en las primarias del Partido Demócrata.Bob Daemmrich / Zuma Press / ContactoPhoto
Hasta hace menos de un mes, en EE. UU. (y en buena parte del mundo) se había fijado la idea de que practicar públicamente la religión era sinónimo de apoyar políticamente a la derecha (y probablemente a la extrema derecha). Eso empezó a cambiar el 4 de marzo. La victoria de un joven seminarista en las primarias del Partido Demócrata para definir la candidatura para el Senado en Texas rompió los moldes. Se puede ser progresista y creyente. Esa es la vía de James Talarico.
El prejuicio sobre la fe estaba bien arraigado por el amplio apoyo que tiene Donald Trump entre los creyentes. Como escribía recientemente Antoni Gutiérrez-Rubí, sus más fervientes simpatizantes son practicantes y el presidente se ha encargado de fidelizarlos rodeándose de pastores y creando instancias como la Oficina de Fe de la Casa Blanca. Pero Talarico no ha dejado que eso le amilanara. Lejos de ocultar sus creencias y su pasado en la Iglesia presbiteriana, lo posicionó como un punto central de su mensaje. No intentó cambiar el tablero para tener opciones de triunfo en el sur. Sacó sus propias fichas y se adaptó al juego. Como resultado, consiguió que en la primaria demócrata hubiese más participación que en la republicana por primera vez en este siglo.
¿Cómo lo consiguió? ¿Por qué su propuesta novedosa apela a los creyentes sin dejar de lado el progresismo? Comparto, a continuación, cinco puntos clave de su éxito:
1. Disputar el marco
Talarico no se dio por vencido. Sabía que Trump y el movimiento MAGA dominan el marco de la religión. Pero en vez de declararlo perdido y buscar otra forma de encajar, decidió disputarlo. Y lo hizo acusando a sus adversarios de no saber interpretar las Escrituras.
Quedó muy claro en la entrevista que le hizo Ezra Klein en enero de este año. Cuando le preguntó sobre J. D. Vance, marcó un contraste evidente con respecto a la fe que defiende el movimiento MAGA. La definió como un "cristianismo nacionalista" que olvida y deforma las enseñanzas de Cristo, por lo que todo cristiano tiene la obligación de rebelarse y oponerse.
En el famoso libro No pienses en un elefante, George Lakoff advierte a los políticos que no repitan los marcos de su rival para evitar posicionarlos. Eso es lo que habían hecho hasta ahora los demócratas con la religión: evitarla. Pero se puede hacer una salvedad: no entres al marco a menos que creas poder robarlo para cambiarlo y dominarlo. Eso es lo que ha hecho Talarico.
2. Progresismo con tono moderado
Talarico aprovecha su fe para empaquetar las ideas progresistas de una manera que puedan ser aceptadas en un estado religioso. Después de todo, según un estudio de 2025 del Pew Research Center, Texas está en el top diez de los estados del país en los que los habitantes dicen que la religión es "muy importante" para sus vidas.Por ello, por ejemplo, no dice directamente que el inmigrante tiene los mismos derechos que cualquier otro ser humano y que, por eso, hay que respetarlo. Advierte que Cristo se basó en dos mandamientos: "Ama a Dios y ama a tu vecino, porque no amas a Dios si no amas a tu vecino". Y, en esta línea argumental, recuerda que vecino es aquel que no piensa como tú, que no se parece a ti o que no vota como tú. De esta manera, escapa del encasillamiento woke que tanto le gusta a la extrema derecha y es tan efectivo entre los grupos conservadores, pero su discurso defiende a las minorías con la misma fuerza.
3. Nosotros contra las élites
Talarico no es solo progresista en lo social, también lo es en lo económico. Ha conseguido traducir a una audiencia conservadora y más rural el mensaje de asequibilidad y lucha contra las élites que defienden en otras latitudes Zohran Mamdani, Alexandria Ocasio-Cortez o Bernie Sanders.
"Es hora de empezar a voltear las mesas". Ese es uno de los lemas más repetidos del candidato, una referencia bíblica a cuando Jesús echó a los mercaderes que hacían negocios en el templo. Sintetiza bien su idea de que el sistema se ha corrompido y es necesario hacer cambios estructurales profundos. Argumenta que la división actual de EE. UU. no es entre izquierda y derecha, sino entre los de abajo y los de arriba, que se aprovechan de sus riquezas para dividir al resto de la población y seguir beneficiándose.
Con esto, Talarico consigue tres cosas: La primera, posicionarse como un miembro de la mayoría oprimida. La segunda, terminar de desterrar la batalla ideológica que tanto le puede perjudicar en un estado conservador como Texas. No quiere que se vote pensando en los clivajes partidistas tradicionales, los cuales reconfigura apoyándose en el tablero de la fe. Por último, señalar a las élites económicas como un enemigo abstracto le permite evitar la confrontación permanente con Trump. No se corta en criticarle a él y a su Gobierno, pero en un estado que el presidente ganó con un 56% de los votos en 2024, situarle como rival directo puede romper los puentes con muchos votantes clave.
4. Conexión con el público latino
El discurso de Talarico le ha hecho popular en los feudos tradicionales del Partido Republicano. Sin embargo, en la primaria se enfrentaba a Jasmine Crockett, una conocida congresista afroamericana con un discurso progresista más tradicional, pero muy movilizador, lo que la posicionó en los clásicos feudos demócratas, las grandes ciudades como Dallas o Houston.
La única forma de contrarrestar esa desventaja era atrayendo a los votantes hispanos, un electorado también permeable al discurso religioso y que en los últimos dos años se había empezado a inclinar hacia los republicanos. El joven seminarista consiguió hacerse un hueco entre ellos con su discurso piadoso con el inmigrante, con sus reivindicaciones económicas y con la ayuda de Carlos Eduardo Espina, un influencer de noticias texano con más de veinte millones de seguidores en redes y que se convirtió en asesor de su campaña.
5. Oratoria y viralidad
En los últimos años, el discurso agresivo y de miedo ha ganado popularidad y ha encumbrado a la derecha radical. Pero dos campañas han empezado a frenar eso en EE. UU.: la de Zohran Mamdani y la de Talarico. El texano tiene un estilo y una cadencia que recuerdan a Barack Obama, posicionando la esperanza y el anhelo por un cambio optimista con voz calmada.
Su campaña ha conseguido posicionar clips de sus discursos en redes sociales con mucha efectividad. Varios de ellos acumulan más de 100.000 me gustas en Instagram. Eso le ha permitido captar la atención de influencers y podcasters, a los cuales ha concedido entrevistas para llegar al máximo número posible de votantes. Por ejemplo, su conversación con Joe Rogan tiene más de un millón de visualizaciones. Como consecuencia, su poder recaudatorio se elevó hasta el punto de poder pagarse un spot en la Super Bowl de este año.
Las elecciones de Texas para el Senado tendrán lugar en noviembre, en el marco de las midterms de 2026. Pese a la euforia que ha despertado, Talarico partirá como el candidato con menos posibilidades en un estado en el que los demócratas no han vencido en una elección para presidente, gobernador o senador en más de treinta años. Pero, pase lo que pase, simbólicamente ya ha ganado. Ha demostrado que el relato religioso de sus rivales tiene debilidades y puede ser combatido en su propio terreno. La fe no solo mueve montañas, también puede movilizar el voto progresista.
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