viernes, 22 de marzo de 2013

Controversia sobre el Papa

Controversia sobre el papel del p. Bergoglio durante la dictadura argentina

                                                                                               Loup Besmond de Senneville
La Croix, 14. III.2013

Desde el mismo momento de su elección, los medios de comunicación del mundo entero se han preguntado por las relaciones en el pasado del nuevo papa con el régimen militar de finales de los 70.

El debate se refiere, particularmente, a la suerte de dos jesuitas encarcelados y torturados en 1976.


La polémica ha estallado el mismo miércoles a la tarde. El papa Francisco ¿colaboró con la dictadura militar de su tierra, Argentina, entre 1976 y 1983? Quien entonces era el p. Jorge Mario Bergoglio ¿mantuvo relaciones con este régimen que provocó la “desaparición” de 30.000 personas, el asesinato de 15.000 opositores políticos y el encarcelamiento de otros 9.000?

El nombre de quien hoy es el nuevo papa es citado en dos expedientes.

El primero le vincula con el secuestro de dos jesuitas en 1976. En aquel tiempo, los p. Orlando Yorio y Francisco Jalics vivían en un barrio pobre de Buenos Aires, la capital argentina. 

El p. Bergoglio, de 39 años por aquel entonces, era, desde hacía tres, su superior directo como provincial de los jesuitas en Argentina. Éstos se encontraban fuertemente divididos por la teología de la liberación y estaban muy tocados tanto por la falta de vocaciones como por el abandono de bastantes de ellos. 

Semáforo verde, según algunos.

            En febrero, a un mes del golpe de Estado de la Junta Militar encabezada por Jorge Videla (24 marzo de 1976), en una situación extremadamente inestable, estos dos jesuitas reciben una carta de su provincial instándoles a abandonar el barrio. Su negativa determina que el p. Bergoglio les expulse de la Compañía. Tres meses después, en mayo, son secuestrados y torturados, y finalmente liberados en otoño de 1976.

En la actualidad, hay quienes que sostienen que la expulsión de los padres Yorio y Jalics por el provincial jesuita habría sido algo así como poner en verde el semáforo invitando a secuestrar a los dos sacerdotes. “No se puede descuidar que son los militares los que piden al provincial que retire a los jesuitas de esos barrios, el refugio de los opositores”, afirma el P. Claude Faivre Duboz.

Este sacerdote francés (que pasó más treinta y cinco años en Argentina, entre 1972 y 2008) entabló amistad con uno de los dos jesuitas, el P. Yorio, hoy fallecido. “En aquellos años, todos los que estaban cercanos a los pobres eran inmediatamente sospechosos de querencias comunistas”, continua contando. Con su decisión, le reprocha al P. Bergoglio, no defendió debidamente a sus amigos. “Este tipo de comportamiento era muy propio de la jerarquía católica de aquella época”, concluye.

“Salieron gracias a él”

Por el contrario, el p. Charles Plancot, afirma que “el p. Bergoglio no podía hacer más de lo que hizo”. “Sabía que estos dos jesuitas estaban amenazados de muerte. Ésta fue la razón por la que les pidió que salieran del barrio. Y a su intervención se debe, igualmente, que fueran liberados más tarde”, indica el sacerdote francés, misionero en Argentina entre 1970 y 1978.  Según cuenta, el provincial de los jesuitas buscaba actuar de la mejor manera posible y con esa finalidad se encontró con el dictador en cuatro ocasiones, obteniendo finalmente la liberación de los sacerdotes.

“Es evidente que en aquellos años había que cuidar la relación con las víctimas y también con los victimarios. Yo mismo viví una situación semejante. Muchas veces, he tenido que ver a coroneles y generales para presionarles y así poder encontrar a los desaparecidos”, cuenta.

El cardenal “hizo lo máximo”

En 2010, en una de las pocas entrevistas concedidas a los medios de comunicación social, el cardenal Bergoglio afirmó al periódico “Perfil” haber hecho “lo máximo, habida cuenta de (su) edad y del limitado mundo de relaciones que (él) tenía aquellos años, para defender a las personas secuestradas”. En la misma entrevista, decía haber salvado la vida de un opositor, que salió del país gracias a sus propios documentos de identidad, y haber ayudado a esconder a disidentes.

El segundo asunto sacado a la luz por los medios de comunicación argentinos desde el pasado miércoles es el de los “bebés robados”, es decir, el secuestro de cientos de niños de las mujeres encarceladas para entregárselos a un militar o a una persona cercana al mundo de la milicia. 

Mientras que el cardenal Bergoglio manifiesta haberse enterado de este asunto cuando se informó al gran público, a principio de los años 2000, varios miembros de una asociación cercana a las víctimas, “las abuelas de mayo”, afirman que el eclesiástico estaba al corriente desde 1976, gracias a las cartas que le enviaron los parientes, denunciando la desaparición de niños. 

Fotografías trucadas

Escuchado, en calidad de testigo por la justicia de su país en 2010, el arzobispo de Buenos Aires negó rotundamente haber estado al corriente de este dramático episodio. Alimentando esta polémica, han aparecido, desde hace dos días, fotografías por Internet pretendiendo ser la prueba de encuentros entre el nuevo papa y el ex-dictador argentino. Pero estas fotografías han sido denunciadas como falsas.

En 2007, después de la condena de un sacerdote argentino por haber estado implicado en las tropelías cometidas por la Junta, el cardinal Bergoglio, entonces primado argentino, afirmó que “si un miembro de la iglesia había apoyado, con su consentimiento o complicidad, la represión violenta lo había hecho bajo su responsabilidad, pecando, de esta manera, gravemente contra Dios, contra la humanidad y contra su propia conciencia”. Siete años antes, la iglesia de Argentina había pedido perdón por las faltas cometidas durante este período.

El pasado jueves, el premio Nobel de la paz, el argentino Adolfo Pérez Esquivel, opositor histórico del régimen de Jorge Videla, ha manifestado que el nuevo papa no mantuvo ninguna complicidad con la dictadura. “Ese fue el comportamiento de algunos obispos, pero no el de Bergoglio”.

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