sábado, 29 de enero de 2022

Entrevista con Gabriel Otalora

Fuente:   Pensamiento Anglicano

 

Licenciado en Derecho y diplomado en Práctica Jurídica por la Universidad de Deusto, donde realizó estudios de posgrado de Antropología Social. Máster en Gestión del Conocimiento, Capital Intelectual y Recursos Humanos por la Universidad Politécnica de Madrid.

Ha publicado once libros, imparte conferencias sobre temas éticos y espirituales, colabora habitualmente en la prensa escrita y ha sido premiado en el XXX Concurso de Prensa de Manos Unidas (2010).

 

[1] Me gustaría que empezáramos recordando nuestra infancia y juventud, como antiguos alumnos de los Jesuitas de Indautxu y que me hablaras de tus recuerdos del Colegio y de la educación cristiana y secular que nos dieron nuestros maestros y RR.PP. ¿En qué medida esa educación nos ha servido y nos ha conformado? ¿Cómo ha cambiado el mundo y nosotros mismos desde aquél Bilbao de los años 60 del siglo XX? ¿Qué impronta han dejado en nosotros los discípulos de Ignacio de Loyola?

 

La sensación que me queda es que me enseñaron a pensar con criterio ético. Fíjate lo que ha cambiado la vida desde aquellos años sesenta y, sin embargo, mantengo el agradecimiento de que me amueblaron la cabeza y, por decirlo todo, también el corazón. Luego, cada uno hace su camino, pero aquello mimbres fueron un regalo.

Es cierto que no todos aquellos jesuitas y profesores laicos me influyeron de igual manera. De alguno, incluso tengo mal recuerdo. Lo importante es que lo bueno pesó mucho más que lo malo. Y para concretar un poco más, el contexto religioso ha sido una palanca esencial para darle un sentido gozoso a la existencia, un regalo.

 

 

[2] En el libro El futuro de la religión (Paidós), escrito junto con el filósofo norteamericano Richard Rorty, el filósofo italiano Gianni Vattimo llega a decir: "Nuestra cultura no tendría sentido sin el cristianismo", al mismo tiempo que anuncia que vivimos un tiempo post-cristiano, no en el sentido que el cristianismo haya desaparecido pero si en el sentido de que ha perdido la posición axial que tenía en favor de la Ciencia y la Filosofía ¿Qué significa hoy en nuestra sociedad post-moderna, pluralista, fragmentaria, fuertemente secularizada la presencia histórica y cultural del cristianismo en sus diferentes versiones? ¿Hasta qué punto esa presencia cultural facilita o dificulta la vivencia del cristianismo como confesión de fe personal?

 

Uno de los cambios profundos ocurridos desde aquellos años del colegio, es la posición social de la religión en general y de la cristiana en particular. Es difícil resumir, pero algunas pautas son clave para entender la crisis espiritual actual, el “pensamiento débil” (Vattimo) y la “cultura líquida” (Bauman):

1) Nuestro mal ejemplo, al habernos mimetizado con el consumismo hedonista, nos hace mucho daño. Falta de ejemplo, falta de buena noticia que ofrecer.

2) La falta de consciencia del poder acumulado por las instituciones religiosas, ha hecho que seamos un anacronismo cultural.

3) Junto a lo anterior, es cierto que la cultura cristiana ha sido uno de los motores de Europa. Pero la inconsecuencia de unos y la capacidad para desmontar la Buena Noticia mostrando todas nuestras contradicciones con habilidad hasta lograr una imagen de algo caduco y negativo, ha acelerado la secularización.

4) Lo positivo es que se está desmontando na incongruencia de religión, una falta de coherencia y un modelo institucional que ahoga el Mensaje. La historia nos muestra periodos parecidos donde, precisamente, la fuerza del Evangelio y de la figura de Jesús, volverán a primer plano ante la sed insatisfecha de la mala praxis de los modelos materialistas, de derechas o izquierdas. Miles de profetas y testigos ya son fermento hoy de esto.

5) Aun así, hacemos mucho solidariamente, pero hemos minimizado la oración, a la cual Jesús elevó a práctica esencial. Invito a releer el evangelio de Lucas, el más “social” de los cuatro, para redescubrir la oración en Jesús.

 

 

[3] Tengo la impresión de que vivimos un tiempo de crisis de la religión institucional y jerárquica, lo que sin embargo es compatible con el crecimiento de una espiritualidad difusa y anárquica, muy abierta a los estilos de espiritualidad meditativa de tipo oriental. ¿Es una impresión acertada a su juicio? ¿Cómo entiende hoy la Iglesia Católico-Romana sus relaciones ecuménicas con las demás Iglesias y en particular con el llamado protestantismo histórico: Tradición Evangélica, Tradición Reformada y Tradición Anglicana?

 

"Si los escaparates tradicionales no ofrecen ni viven la espiritualidad que anuncian, no son buena noticia”, no es de extrañar la proliferación de las ofertas orientales, deístas, panteístas o simplemente humanistas. En cuanto a nuestra crisis cristiana, lo que quiso ser una Reforma, acabó en una ruptura con muchas heridas sin cerrar. Como católico que soy, reconozco que había base para una gran reforma por los excesos intolerables de la Iglesia. Otra cosa es si aquello se hizo bien. Lo importante es que se van dando pasos en la buena dirección ante la evidencia que es más lo que nos une que lo que nos separa. Y sobre todo, que este tiempo es propicio para reflexionar que una cosa es la institución y otra, el Pueblo de Dios. Aquella al servicio de este. La institución eclesial -cualquiera- no puede ser más importante que el Mensaje. Y esto es algo que los principales dirigentes religiosos cristianos saben muy bien. Es algo que está ayudando a una común unión (comunión) desde las mejores actitudes cristianas: amor, humildad, comunidad fraterna, evangelización desde el ejemplo y la oración (“Sin mí no podéis hacer nada”).

 

[4] Decía la reina Isabel I de la casa Tudor, quien consolidó la implantación del protestantismo en el siglo XVI en la Gran Bretaña y de ahí́ en todo el mundo anglosajón—, que en materia de cristianismo lo esencial era Cristo, y que lo demás no es sino detalle. ¿Qué es al día de hoy ese contenido esencial del mensaje cristiano y cuales serian los detalles?

 

Estoy de acuerdo en el énfasis que puso esta mujer; y me da la impresión que no era esa una manera corriente de expresarse en aquél tiempo. Cristo es lo esencial porque es “el camino, la Verdad y la vida”. Es seguimiento y adhesión. En la medida en que vivimos en su dirección, crecemos, nos acercamos a la mejor posibilidad de uno mismo.

El jesuita Ladislao Boros lo condensa maravillosamente: “Solamente el amor posee consistencia. Todo lo demás es una realización fragmentaria”. Y esto lleva aparejada la exigencia de vivirlo con los demás y evangelizar, que no es otra cosa que difundir la noticia de que Dios es amor y nos ama, a todos y todas.

En cuanto a los detalles, pues todo lo que arropa este mensaje esencial: los Mandamientos, las Bienaventuranzas, la imprescindible oración, las normas que nos damos las comunidades eclesiales para vivir este Mensaje, los ritos como expresión de nuestra fe compartida, crear un mundo mejor.

 

[5] Dice el filósofo Fernando Savater que en nuestro tiempo “tener fe no es tanto creer sin haber visto, sino creer después de todo lo que hemos visto”, es decir que han pasado muchas cosas y hemos visto muchas contradicciones morales e intelectuales en la Cristiandad, que han oscurecido el mensaje cristiano y no hacen el acto de fe fácil. ¿Qué significa creer —hoy — en el Evangelio y ser miembro de la Iglesia de Cristo?

La frase de Savater es una original manera de plantear la dificultad o el mérito de tener verdadera fe. Si le damos una vuelta de tuerca más, hasta Jesús de Nazaret tuvo que tener tentaciones de fe, a la vista de cómo se iban desarrollando los acontecimientos: hacía solo el bien y cada vez se le complicaba más la existencia al tiempo que su mensaje esencial no acababa de ser entendido ni por sus más íntimos amigos. Tuvo que ser duro para Él que hasta el último momento, algunos no entendieran nada de la liberación a la que se refería (Hch 1,6).

Creer hoy significa lo mismo que en todas las épocas y momentos, cada una con sus claroscuros históricos, culturales y religiosos. Creer es sinónimo de confianza. Tenemos a maestros bíblicos que no acabamos de verles como ejemplo fundamental: Abraham, María, José, entre otros, que nos dejaron una experiencia de fe extraordinaria, un fiat ante lo inexplicable que hoy necesitamos igualmente ejercitar. Y una de las mejores maneras de hacerlo, es la oración (hablar… y escuchar).

 

[6] ¿Qué papel le corresponde a tu juicio a la mujer en el seno de la Iglesia? ¿No es paradójico que en seno del catolicismo-romano y en la ortodoxia, Iglesias que reconocen a María —mujer y madre— una posición singular en la Redención, por su proximidad a Cristo, sin embargo, ¿no se permita a las mujeres acercarse al Altar?

Algo hemos avanzado, las mujeres católicas pueden acercarse a leer las lecturas en la Eucaristía, realizar celebraciones de la palabra en el altar… y poco más. Esto demuestra el peligro de las tradiciones fuera de las enseñanzas de los Padres de la Iglesia (Patrística), que acaban por darle mayor importancia a la institución y los ritos que al Mensaje que representan las celebraciones.

Algunos han convertido el tema en motivo cismático, pero se atisba un cambio de rumbo irreversible también en este tema, en mi opinión propiciado desde abajo y desde el sentido común cristiano.

Lo esencial no es si las mujeres pueden ordenarse o no, sino su papel de igualdad en la Iglesia. Pablo y, por supuesto, Jesús de Nazaret, consideraron de manera muy diferente a la mujer cuando estaba considerada legalmente inferior.

El teólogo Xabier Pikaza, estudioso de este tema, es claro cuando afirma que “Jesús no quiso algo especial para las mujeres. Quiso para ellas lo mismo que para los varones”. Lo cierto es que ellas han protagonizado algo especial: por una mujer se hizo Dios un ser humano, y a mujeres se les reveló la primicia de la Resurrección así como el encargo de anunciarlo.

 

[7] ¿Cómo ha vivido personalmente y la crisis sanitaria desencadenada por el COVID 19? ¿Cree que lo que nos está pasado va a modificar nuestras formas tradicionales de sociabilidad, la distancia social, los hábitos de viaje y de trabajo? ¿Afectará también a la forma de congregarnos en los templos y de participar en la liturgia?

Es indudable que una pandemia durante tanto tiempo deja marca. Aun así, estamos tan inoculados de materialismo que resulta fácil constatar lo que cuesta cambiar a costumbres más ecológicas, solidarias y humanizadoras. Creo que hemos sufrido más que aprendido. Aun así, el coronavirus está evidenciando también las fragilidades religiosas comunitarias en pleno proceso sinodal que, a buen seguro, llevará a una reflexión global con resultados esperanzadores todavía imprevisibles.

 

[8] ¿Algunas palabras para los lectores del Escritorio Anglicano?

Con mucho gusto: mucho ánimo en estos tiempos recios que son los que el Espíritu agita a conciencia para desinstalarnos de nuestras zonas de confort erróneas con el objetivo de que nos pongamos en marcha por el sendero adecuado. Una relectura del éxodo por el Sinaí nos vendría muy bien para repensar a la escucha la Alianza desde la acción de Dios y desde las respuestas de su Pueblo, ayer y hoy, aquí. Ánimo y alegría agradecida por sabemos amados incondicionalmente por Dios, lo mejor de todo. Feliz año!

 

Gracias y que Dios te bendiga.

 

 

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