jueves, 4 de junio de 2026

Los influencers del Papa: así es la generación que habla de Dios en las redes sociales

Internet es el lugar de reunión más concurrido y muchas personas aprovechan esta exposición para hablar de lo más importante de su vida: Jesucristo, la Iglesia Católica y su forma de vivir la fe. Con motivo de la visita del Papa León XIV a España, hablamos con creadores de contenidos que hacen gala de su vocación de misioneros digitales.

Fuente:   El Diario Vasco

Por   Elena Romero Vargas

04/06/2026


Quique Mira y María Lorenzo, influencers católicos, con el Papa León XIV @quiquemira

Si algo caracteriza el pontificado del Papa León XIV, es su interés por la situación actual del mundo, donde la tecnología juega un papel fundamental. Su primera encíclica publicada, Magnifica humanitas, advierte sobre los riesgos de la inteligencia artificial y el «tecnofascismo» o peligro de caer en el absoluto control tecnológico. Pero León XIV también es consciente de todas las ventajas que se esconden detrás de herramientas como las redes sociales, donde reconoce una oportunidad perfecta para retomar el contacto entre personas y establecer lazos humanos que trasciendan lo puramente superficial.

Tal es su consciencia y compromiso con el potencial de las redes sociales que en julio de 2025, en el marco del Jubileo de la Esperanza, convocó en la Basílica de San Pedro a más de 1.000 influencers y creadores de contenido que tenían en común algo que define la tendencia de la Iglesia en la actualidad: todos ellos usan sus perfiles en redes sociales para hablar de su fe, para defender el Evangelio y para compartir su experiencia y vida cristiana con todos sus seguidores (que, en la mayoría de los casos, son cifras que poco tienen que envidiar a las creadoras más populares de contenido de Lifestyle).

Todos ellos se agrupan bajo el término misioneros digitales, que según la Conferencia Episcopal Española, hace referencia a todos aquellos «hombres y mujeres que anuncian el Evangelio en el nuevo continente: el entorno digital». Como ellos mismos afirman, esta figura va más allá del concepto de creador de contenidos tradicional, pues su verdadera misión es la de ser testigo y «abrir caminos hacia el encuentro con Cristo».

En realidad, las redes no son ajenas a la tradición católica, y el Santo Padre supo valerse muy bien de este símil para explicar a esa amplia reunión de influencers y misioneros digitales en qué basar su labor apostólica en este territorio de evangelización en el que se han convertido, también, las redes sociales. En la audiencia celebrada el 29 de julio de 2025, el Papa León XIV sentenció: «Jesús llamó a sus primeros apóstoles mientras reparaban sus redes de pescadores. También lo pide a nosotros, es más, nos pide hoy construir otras redes: redes de relaciones, redes de amor, redes de intercambio gratuito, en las que la amistad sea auténtica y sea profunda. Redes donde se pueda reparar lo que ha sido roto, donde se pueda poner remedio a la soledad, sin importar el número de los seguidores, sino experimentando en cada encuentro la grandeza infinita del Amor. Redes que abran espacio al otro, más que a sí mismos, donde ninguna «burbuja de filtros» pueda apagar la voz de los más débiles. Redes que liberen, redes que salven. Redes que nos hagan redescubrir la belleza de mirarnos a los ojos. Redes de verdad. De este modo, cada historia de bien compartido será el nudo de una única e inmensa red: la red de redes, la red de Dios».

Pero, ¿cómo se materializa todo esto en la vida y realidad de los misioneros digitales? Con motivo de la visita del Papa León XIV a España, hablamos con algunos de los creadores de contenidos católicos de nuestro país que encarnan a la perfección esa definición de «misionero digital» y que tratan de construir desde sus perfiles de redes sociales esa «red de redes» que el propio Pontífice les invitó a crear. El cómo han llegado hasta aquí difiere de cada persona, pero todos convergen en un punto en común: su labor en redes sociales es una respuesta de amor a una llamada de amor, una forma de entrega a Jesucristo y a su Iglesia, encabezada por el Papa, que defienden desde la honestidad y la naturalidad que pretenden reflejar tras la pantalla.

 

Cuando el testimonio traspasa la pantalla

Olatz Elola (@blessings.es) tenía 22 años cuando acabó («de forma absolutamente impredecible») en un viaje de voluntariado al sur de Portugal. Allí se dio de bruces con la fragilidad del ser humano, que a su vez le sirvió de espejo para vislumbrar su propia miseria. Fue justo allí, «en el fondo de mi condición humana», cuando se encontró también con un Dios que le acogía, le abrazaba y le invitaba a decirle que sí. Su aventura en redes sociales comenzó con el nacimiento de su primer hijo. Abrió una cuenta de Instagram con el fin de vender láminas de advocaciones marianas que ella misma hacía, pero acabó por convertirse en el canal por el que muestra su forma de vivir la fe, en familia y acompañando a la comunidad de más de 47 mil seguidores que ha conseguido crear. Ante la pregunta de cómo surge el deseo de compartir todo esto en redes sociales, Olatz responde con claridad: «como hace Dios las cosas conmigo: me deja que crea que ha sido idea mía».

En el caso de Casilda Finat (@casildafinatmc), su apostolado en redes sociales comenzó a raíz de experimentar la cercanía de Dios, primero en un retiro de Emaús y después. en un Seminario de Vida en el Espíritu. Esta empresaria e influencer, que suma 302 mil seguidores en Instagram, se define como una persona natural y transparente en redes, enseñando siempre lo que pasa en su vida, y como ella misma nos cuenta, «cuando lo que pasó en mi vida fue que Jesús entró y la puso patas arriba para bien, no pude evitar compartirlo». Para Casilda, «es imposible no compartir lo más bonito que te ha pasado en la vida» y vive esta llamada a compartir su fe «como un regalo».

De «una necesidad muy natural de compartir lo que estaba viviendo» surge también el apostolado de Paula Vega (@llamameyumi), que se identifica completamente con la definición de misionera digital y vive esta llamada como una vocación. Paula nació y creció en una familia católica, pero no fue hasta 2018 cuando tuvo una experiencia personal «de amor y paz» que le ayudó a hacer suya esa fe heredada. Cuando Paula comenzó en Instagram, eran pocos los jóvenes que hablaban abiertamente de la fe en redes sociales, por lo que el mensaje que transmitía despertó mucha curiosidad entre sus seguidores. Y es que, como cuenta Paula, su perfil ayudó a «derribar prejuicios y ayudar a la gente a descubrir que detrás de la fe no había personas rara o alejadas del mundo, sino jóvenes normales intentando vivir con sentido». Su comunidad cuenta en la actualidad con 88,5 mil seguidores.

Quique Mira (@quiquemira) se sintió llamado a compartir su fe en redes sociales durante la cuarentena, precisamente, al ver cómo éstas se llenaban de falsedad y superficialidad, «y sentía que los jóvenes necesitaban ver más autenticidad». Hasta ese momento, Quique se había limitado a tener un perfil bajo motivado, precisamente, por una conversión que le llevó a estar durante tres años «enamorándose de la fe, del Señor y de la Iglesia». Lo que a Quique le cambió la vida fue una pregunta que un sacerdote le formuló el Viernes Santo de 2017: «Estaba metido de lleno en el mundo de la noche. Una Semana Santa, un sacerdote me invitó a hacer un curso de monitor de tiempo libre y me preguntó: 'Quique, ¿cuándo vas a empezar a tomarte la vida en serio?' Sentí que era el mismo Jesús el que me estaba hablando. Desde entonces, ya nada volvió a ser igual». Desde 2020, Quique se mantiene «fiel a este llamado que Dios me ha hecho a compartir su mensaje por este medio» en el que suma 191 mil seguidores. Eso sí, el mérito de su misión no lo reconoce como propio: «no era mío, era de Él».

Un sentimiento similar es el que expresa Gema Martín (@gemambq), quien afirma que su inicio en redes sociales como influencer católica fue más un deseo de Dios para ella que un deseo propio. Gema creció en una familia católica donde le presentaron a un Dios cercano, pero no fue hasta 2016, durante un Camino de Santiago organizado por el Movimiento de Cursillos de Cristiandad cuando hizo, al fin, esa fe suya: «sentí que Dios me hablaba al corazón y me llamaba». Aunque Gema nunca ocultó su fe, su actividad en redes sociales empezó a crecer gracias a su aparición en el programa de televisión Got Talent, donde concursó cantando Al pie de la cruz, una canción católica compuesta por ella misma que no dejó a nadie indiferente. El impulso que obtuvo a raíz de este acontecimiento (en la actualidad, Gema cuenta con más de 46 mil seguidores) la llevó a seguir hablando de Jesucristo en su perfil de Instagram y a compartir su forma de vivir la fe desde la realidad de su día a día con un objetivo claro: «quiero que la gente vea que soy una persona normal, con una vida normal, pero con un ideal en su vida que le da sentido a todo».

 

Echar las redes

En el Jubileo de los Misioneros Digitales e Influencers Católicos el Papa León XIV definió a la perfección la misión que este grupo de creadores de contenido debía defender: «la misión de ustedes es nutrir una cultura de humanismo cristiano, y hacerlo juntos» y remataba el mandato dejando claro que «esta es la belleza de la 'red' para todos nosotros». Y es que las redes sociales pueden ser un arma de doble filo, con mucho poder a la hora de transmitir mensajes de unión y esperanza, pero con un potencial destructor - en muchos sentidos - que estos perfiles tienen muy presente a la hora de desempeñar su labor.

Para Quique Mira «las redes pueden ser una trampa para el ego: si uno entra en redes para buscarse a sí mismo, el mundo le come». Y es que la cuestión del ego, la vanidad o el individualismo es algo que, como usuarios, a ellos también les afecta y que intentan combatir cuidando su vida detrás de las pantallas. Coinciden en la importancia de mimar su vida de oración (como afirma el propio Quique: «si la evangelización no es sostenida por la contemplación, se queda vacía») y en ser consciente de la responsabilidad que tienen al contar con un altavoz tan potente para mostrar una cuestión tan personal. Y es que, a fin de cuentas, para estos influencers y misioneros digitales su labor en redes sociales no deja de ser una misión a la que se sienten llamados.

«Muchas veces, cuando pienso en esto como una vocación, digo: ¿se puede tener una vocación de evangelización en redes sociales, cuando las redes sociales en sí misma son algo que pueden hacer daño?». Este dilema que le nace a Gema Martín cuando se plantea su labor queda respondida, también, desde la fe, donde encuentra el impulso y el sentido para seguir adelante con ello. Pero, ¿qué hace que, a pesar de las dudas o dificultades, sigan apostando por crear este tipo de contenido? En resumidas cuentas, los frutos de los que pueden ser testigos casi al instante y todos los que esperan poder llegar a dar. En el caso de Paula Vega, quien reconoce tener «vocación misionera digital», su objetivo no es otro que «acompañar, escuchar y abrir espacios donde las personas puedan hacerse preguntas sin miedo». Olatz Elola, por su parte, admite que, aunque es una persona que disfruta de vivir lejos de smartphones, se siente llamada a estar en medio de las redes y siente cómo Dios se sirve de ella para consolar a personas «que necesitan de su abrazo y de su palabra».

El secreto de su éxito se basa en la confianza y en hacer vida lo que expresan. Vivir con coherencia lo que creen es, para ellos, una prioridad que tratan de encajar en sus vidas desde la sencillez, la naturalidad y el caos que invade también lo cotidiano. «Mi vida es caótica y preciosa a la vez, pero intento meter a Dios en ella de esta manera», nos confiesa Gema. Es aquí donde entra en juego la Iglesia Católica, que Olatz define como «un grupo de gente muy diversa, muy pecadora, muy necesitada y a veces muy diferente entre sí que buscan mirar hacia el mismo lugar y hacia la misma persona, que es Jesús». Muchos de ellos se apoyan en comunidades religiosas o movimientos dentro de la Iglesia que les acompañan en su vida de fe, como puede ser el Regnum Christi para Quique, las parroquias que frecuentan Gema o Paula, o el grupo de amigos en el que se apoya Olatz (y que proviene en gran medida de las redes sociales).

Pero, más allá del vínculo personal que estos influencers han podido forjar dentro de la Iglesia Católica, si hay dos conceptos que todos repiten al referirse a la Iglesia es el de madre y hogar. Parte de su difusión y apostolado pasa también por hablar de la Iglesia Católica, precisamente, como ese espacio de aprendizaje y comunión donde todos ellos han encontrado el lugar donde vivir en plenitud su fe. Lo explica Gema Martín: «intento que la gente tenga la visión de la Iglesia que tengo yo, porque yo he tenido la suerte de encontrarme con una Iglesia que presenta a Cristo como es: acogida».

 

La comunidad del Papa

Y como cabeza de la Iglesia, el Papa. Muchos de estos influencers católicos y misioneros digitales estarán presentes en los diferentes actos que se celebrarán con motivo de la visita del Papa León XIV a España, un momento que reciben con ilusión y esperanza. Lejos de ser alguien ajeno o inalcanzable, para estos católicos el Papa León XIV es todo un referente, un «padre espiritual» que les ayuda a entender la realidad presente de la Iglesia, el mensaje del Evangelio y la profundidad de la vida cristiana. Olatz Elola no duda en definirlo como «el Papa de los tiempos modernos», algo que secunda también Gema Martín, quien tiene el convencimiento de que «va a hacer muchísimo bien en este siglo».

Quique Mira no se equivoca al definir esta visita como «acontecimiento histórico», no solo por el hecho de que hace 15 años de la última visita de un Papa a España, sino porque esta situación está poniendo de manifiesto el interés que despierta la figura del Papa León XIV, incluso, entre aquellos que no comparten su fe. Para estos creadores de contenido, este fenómeno encuentra su explicación en el mensaje que las obras y palabras del Sumo Pontífice transmiten al mundo donde dar prioridad a las cuestiones profundamente humanas es su objetivo principal. Algunos de ellos, como Quique o Paula, coinciden en que, en cierto modo, el mundo está falto de «referentes auténticos» en los que mirarse, mientras que otras como Olatz o Gema apuntan más al hecho de que el Papa «cuestione nuestra forma vertiginosa de vivir» y de que su mensaje «no es lo que dice el mundo, no divide, sino que une». Casilda Finat, por su parte, afirma con rotundidad que «es un elegido del Espíritu Santo, es una razón más que suficiente».

 

¿Cuestión de fe o de moda?

Lo cierto es que este interés incipiente en la sociedad encaja a la perfección en un momento en el que la religión y la espiritualidad se han convertido en un tema de conversación candente en la sociedad, incluso hay quien defiende que se ha puesto de moda. Productos culturales como la película Los Domingos, de Alauda Ruiz de Azúa o todo el imaginario que rodea el álbum Lux de Rosalía, pasando por su vigencia en redes sociales (como bien atestiguan los protagonistas de esta pieza, que cobran especial relevancia en este contexto) dan buena cuenta de que, lejos de ser motivo de indiferencia, es una cuestión que, al menos, genera inquietud y debate.

La postura de estos influencers católicos es clara: a fin de cuentas, la necesidad de trascendencia y el deseo de encontrar paz en el corazón es algo intrínseco al ser humano. No obstante, existen distintos matices y posturas que estos creadores católicos defienden frente a esta situación. Para Quique Mira, que la fe genere debate es sinónimo de que está viva, sin embargo, advierte del peligro de quedarse en lo superficial: «si alguien llega a la fe porque está de moda y se queda porque es verdad, bienvenido, el problema es quedarse sólo en la estética sin entrar al fondo», algo que, en cierto modo, también defiende Casilda, quien define la fe como algo «que se lleva en el corazón y que no es fácil de fingir por moda». Ante este riesgo, Olatz, que afirma que le parece estupendo que la fe está de moda, hace un llamamiento a los católicos: «debemos ser más fieles que nunca al Evangelio, para que cuando deje de estar de moda, podamos seguir defendiendo la fe, aunque volvamos a ser solo doce».

 

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