Fuente: MéridaBadajoz

Ha reunido a numerosos sacerdotes, vida consagrada y laicos

La Archidiócesis de Mérida-Badajoz ha celebrado este sábado 15 de junio la Asamblea Diocesana Final en el que han participado más de 200 personas, entre sacerdotes, vida consagrada y laicos, adultos y jóvenes, que ponía el colofón al trabajo realizado durante este curso pastoral, en el que se han celebrado asambleas diocesanas por sectores para, como pedía el D. José Rodríguez, escuchar sus inquietudes y sentar las bases del futuro Plan Pastoral Diocesano.

La Asamblea Final comenzaba con la celebración de la Eucaristía en la Catedral de Badajoz, presidida por el Arzobispo de Mérida-Badajoz y concelebrada por unos 60 sacerdotes. En su homilía, D. José agradecía el trabajo de la Secretaría de las Asambleas Diocesanas por todo el trabajo que han realizado durante estos meses. Además, afirmó que este camino recorrido ha merecido la pena, en el que ha destacado la importancia del encuentro, necesario para conocer los miedos y esperanzas, preocupaciones y sueños fundamental para trabajar juntos, para soñar juntos… Indicó que es tiempo de mirar al futuro siendo profetas de esperanza. HOMILÍA COMPLETA
Trabajo por grupos en el Seminario
Tras la finalización de la Eucaristía, los participantes se trasladaron al Seminario, donde se desarrolló el resto de la jornada. En un primer momento se llevó a cabo el trabajo por grupos, en total 30, en los que había representación de cada uno de los sectores. Estos se distribuyeron en distintas estancias de la Casa de la Iglesia, el Seminario y el Colegio Diocesano y abordaron cuáles deberían ser las propuestas prioritarias de cara al futuro Plan Pastoral Diocesano.

Propuestas
Tras la comida, se dieron a conocer cuáles habían sido esas propuestas y se votaron a través del móvil cuáles deberían ser las propuestas que salieran de esta Asamblea Diocesana Final:
- Para la evangelización: La priorización del primer anuncio, revisión de los procesos catequéticos de iniciación cristiana y fomento de la espiritualidad como fundamento de la evangelización.
- Para la sinodalidad y corresponsabilidad: Formación y capacitación del laicado y el clero para la misión, trabajo coordinado y en equipo dentro de las parroquias y entre ella e impulso de espacios para la misión compartida entre los distintos estados de via.
- Para los laicos: Mejora de la formación cristiana y su aplicación a la vida diaria y crecimiento de la espiritualidad laical y acompañamiento
- Para la vida consagrada: Planteamiento de una pastoral vocacional integral
- Para los sacerdotes: Vivencia de la fraternidad sacerdotal.

¿Qué piden a los distintos sectores?
A continuación, los miembros de la Secretaría de las Asambleas Diocesanas presentaron a los participantes qué le pide cada uno de los sectores pastorales a los demás.
Así, los laicos le piden a los sacerdotes superar el clericalismo y fomentar la corresponsabilidad, coherencia y testimonio de vida, así como formación teológica y humana, fomentar el uso de las redes sociales y predicar con un lenguaje claro y cercano. Por su parte, a la vida consagrada le piden una mayor presencia e implicación en las parroquias y vida social, con un testimonio alegre y visible y en colaboración activa con el resto de sectores pastoral, siendo puente entre ellos. A los jóvenes le piden una participación en las parroquias estable y comprometida, siendo creativos y protagonistas de los cambios, así como ser evangelizadores en sus ambientes, formándose e impulsando la acción social.

Por su parte, los consagrados piden a los laicos que les ayuden a conocer la vida consagrada, tener un sentido de pertenencia, corresponsabilidad y participación en la vida parroquial y ser testigos valientes. A los laicos jóvenes les piden que se impliquen más en las parroquias y acerquen la fe a otros jóvenes. Por último, a los sacerdotes le piden una formación permanente, el uso de un lengua cercano y adaptado, potenciar y cuidar la corresponsabilidad, con especial atención al papel de la mujer, pastoral juvenil y familiar y a la unidad de los cristianos, así como la acogida a los más desfavorecidos, migrantes y alejados. Además, la vida consagrada pide a la Iglesia cuidar y valorar la formación permanente, la casa común y las vocaciones, potenciando la vida de oración y sacramental, con un mayor compromiso y testimonio de vida, anunciando el Evangelio con pasión y promoviendo la pastoral vocacional, a través del discernimiento.
En el caso de los sacerdotes, piden a los laicos adultos una formación más sólida que le permita crecer en autonomía, evitando el clericalismo y asumiendo responsabilidades en la vida eclesial, siendo verdaderos testigos fuera de la Iglesia, con mayor presencia pública y compromiso sociopolítico. A la vida consagrada le piden fidelidad a sus carismas fundacionales, ser testigos de fraternidad y una integración plena e implicación en la vida parroquial. Por último, a los laicos jóvenes le piden un mayor compromiso e implicación en las parroquias y en la sociedad, siendo testigos en sus ambientes, pero sin dejarse llevar por las modas.
Los laicos jóvenes piden a los sacerdotes una mayor cercanía y escucha, con unas liturgias que utilicen un lenguaje claro y actual y celebraciones vivas y juveniles, así como confianza en los jóvenes, dándoles voz y delegando responsabilidades en ellos. Por su parte, a los religiosos y consagrados le piden ser testimonio visible que muestre sus vocación y carisma, siendo referentes de vida evangélica; un mayor acompañamiento espiritual (cercanía, escucha, oración y guía) y una participación activa, con presencia en el mundo juvenil. A los laicos adultos le piden coherencia y ejemplo, escucha y acompañamiento sin juicio previo y mayor confianza en las ideas de los jóvenes.
Los alejados y la Iglesia
Además, durante los meses que han durado las Asambleas Diocesanas se ha enviado una encuesta vía WhatsApp a personas alejadas de la Iglesia, pero no beligerantes con ella, para conocer su opinión sobre esta institución. El aspecto que más conocen es la labor social que realizan (40%), también al párroco, el «edificio» (20 %) y ese mismo porcentaje admiten conocer poco o nada sobre ella. Así mismo, el aspecto que más valoran es «todo lo que hacen en favor de los demás» (80%). Preguntados por en qué creen que la Iglesia debe mejorar, las respuestas han sido muy variadas: cercanía a la realidad de la sociedad y sus problemas (30%), mayor apertura y tolerancia (30%), ayudar a la juventud, conociendo sus problemas (20%) y el papel de la mujer, con más cargos de responsabilidad (10%). Por último, sugieren una mayor difusión de su labor en las redes sociales, más cercanía en las celebraciones y con el lenguaje, mayor trabajo con jóvenes, adaptación a los nuevos tiempos y un clero más cercano a los problemas sociales.

A continuación comenzó el turno para presentar otras propuestas de manera personal. En este momento tomaron la palabra miembros de los distintos sectores pastorales que pidieron al Arzobispo que en el futuro plan diocesano de pastoral haya una mirada a los pobres y últimos de nuestra sociedad, siendo cercanos los problemas de la gente, sin olvida la denuncia profética. También hubo referencia a la importancia de un mayor discernimiento vocacional de los cristianos, la inteligencia artificial, los jóvenes, la vida consagrada contemplativa y la necesidad de una mayor unidad de todos los sectores que forman parte de la Iglesia diocesana.
Mirada al futuro
Este momento asambleario finalizó con las palabras del Arzobispo de Mérida-Badajoz, quien apuntó dos retos tras la celebración de esta asamblea: la formación en clave de sinodalidad misionera y el funcionamiento adecuado de los organismos sinodales de la Iglesia local. Además, indicó que el Consejo Episcopal Extraordinario, celebrado esta semana en Évora, ha marcado los pasos a dar en un futuro en la elaboración del próximo Plan Diocesano de Pastoral. El primero de ellos, el nombramiento de una comisión formada por todos los sectores pastorales de nuestra diócesis que, tras recoger las aportaciones de las Asambleas Diocesanas, prepare un primer borrador de dicho plan, que será examinado por el Consejo Episcopal y por el Consejo Diocesano de Pastoral, que además podrán hacer las aportaciones que crean oportunas. El Arzobispo será quien, si lo considera oportuno, apruebe dicho Plan Diocesano de Pastoral. MENSAJE COMPLETO

La jornada terminó con el concierto-testimonio «Luz en el silencio», a cargo de José Ramón Vázquez y Pedro Monty.










