domingo, 15 de febrero de 2026

El genocidio que no cesa y la acusación de antisemitismo por parte de Israel (con Judith Butler de fondo)

Fuente:   Cristianisme i Justicia

Por   Josetxo Ordóñez Echeverría

11/02/2026

«Ninguna ética política puede comenzar con la
asunción de que los judíos monopolizan el lugar de la víctima».
Judith Butler[1]

 

Recabar la información necesaria para conocer un poco mejor el panorama actual en la Franja de Gaza significa encontrarse de frente con una realidad que exige ser publicada, conocida, pronunciada. Los hechos de la realidad, una vez son conocidos, merecen ser pensados humanamente. En el caso de Gaza, en mi pensamiento no puedo hacer otra cosa que representarme un juicio moral, jurídico y político sobre el gobierno de Israel que debe denunciar, revelar y exponer la destrucción deliberada y sistemática de la población palestina. Y esto no ha cesado desde el 9 de octubre de 2025, a pesar del alto el fuego.

Acabando el mes de enero de 2026, la Franja de Gaza se encuentra en el medio de una cruel evidencia: la coexistencia de un alto el fuego nominal, declarado el 9 de octubre de 2025, y una realidad sobre el terreno marcada por la persistencia de la violencia, el desplazamiento crónico y un colapso sistémico de las infraestructuras vitales. Una catástrofe humanitaria de desarrollo lento.[2] La población gazatí, que sobrevivió a más de 830 días de conflicto, enfrenta ahora un asedio administrativo y territorial que amenaza con perpetuar el sufrimiento mucho más allá del silencio del asedio militar. ¿El genocidio a fuego lento?

Desde la entrada en vigor del alto el fuego, se ha documentado un patrón de fuego reducido o ataques selectivos que ha resultado en la muerte de al menos 492 palestinos y la lesión de otros 1.356 hasta finales de enero de 2026.[3] UNICEF ha denunciado que más de 100 niños han sido asesinados en Gaza desde el inicio del alto el fuego en octubre de 2025, lo que equivale aproximadamente a un niño o niña muerto cada día.[4] Además de los ataques directos, los niños están muriendo por «causas humanas provocadas», como la hipotermia derivada de la falta de refugio adecuado frente al invierno.

En enero de 2026, se ha consolidado la denominada «Línea Amarilla» (Yellow Line). Una frontera interna, establecida tras la retirada parcial de las fuerzas israelíes el 9 de octubre de 2025, que no es simplemente una marca de repliegue, sino una herramienta de control territorial que divide la Franja en zonas de ocupación militar directa y zonas de alta densidad civil.[5] A pesar de las órdenes de alto el fuego, el ejército israelí ha declarado el territorio al este de la Línea Amarilla como zona letal, donde cualquier civil que se acerque corre el riesgo de ser atacado. La demarcación física de esta línea se ha realizado mediante bloques de hormigón pintados de amarillo y postes de 3,5 metros de altura colocados cada 200 metros. La restricción de movimiento impuesta por la Línea Amarilla ha forzado a la población palestina a hacinarse en solo el 42% del territorio de la Franja.

A finales de enero de 2026, la falta de vivienda adecuada es el principal motor de la crisis de salud. Se estima que 800.000 personas viven en lugares inundables, donde las tormentas invernales y las lluvias torrenciales de las últimas semanas han hecho que los refugios sean inhabitables. Expertos en salud pública han acuñado el término «síndrome de la tienda mojada» (wet tent syndrome) para describir el ciclo mortal de déficit inmunológico, infecciones respiratorias e incapacidad de recuperación que afecta a quienes viven en campamentos inundados por aguas residuales y barro.[6] Entre el 4 y el 17 de enero de 2026, se registraron más de 124.000 consultas relacionadas con enfermedades infecciosas respiratorias agudas (el 70%), diarrea aguda (80% en menores de 5 años), anemia e ictericia.[7] La situación sanitaria actual se define por una escasez absoluta de medios para tratar tanto las heridas de guerra como las enfermedades infecciosas emergentes. La OMS y el Ministerio de Salud palestino ya describen esto como un proceso de «des-sanitarización» (de-healthification).

Respecto de la educación en Gaza, se vive una situación que la ONU califica como «ataque deliberado al futuro de la sociedad palestina». En estos momentos, el 60% de los niños en edad escolar de Gaza (aproximadamente 336.000 menores) no tiene acceso a ninguna forma de educación formal o informal.[8] El 6 de enero de 2026, fuerzas israelíes demolieron cuatro escuelas de UNRWA en el campo de Jabalia utilizando dispositivos explosivos y excavadoras, alegando necesidades operativas a pesar de que las instalaciones servían como refugios de emergencia.[9]

El gobierno israelí ha revocado las licencias de 37 organizaciones no gubernamentales internacionales, incluyendo a Médicos Sin Fronteras, Oxfam, World Vision y el Consejo Noruego para los Refugiados. Israel ha impuesto reglas de registro que exigen la entrega de listas detalladas de todo el personal (palestino y extranjero), con números de identificación y pasaportes, alegando motivos de seguridad nacional.[10] Las ONG y la ONU han calificado esta medida como una «burocratización de la asfixia» y un ataque a los principios de neutralidad e independencia humanitaria. Si esta prohibición no se revierte antes del 1 de marzo de 2026, Naciones Unidas estima que se perderá el 50% de la asistencia alimentaria de Gaza, el 60% del apoyo a hospitales de campaña y el 100% de los centros de estabilización nutricional para niños con desnutrición aguda.[11]

La «paz» que se vive en Gaza a finales de enero de 2026 no es el fin del genocidio, sino la formalización por Israel de un status quo criminal, de privación y control que mantiene a 2,4 millones de personas en el abismo de la indigencia y el aniquilamiento más absolutos.

Ahora bien, identificar de manera razonada a las víctimas de este genocidio significa recibir por parte del gobierno de Israel el apelativo de «antisemita».[12] La acusación de «ser antisemita» es la reacción israelí tipo. Nadie quiere ser calificado como antisemita e Israel sabe que, usando esta táctica, no «puede ser defendida enérgicamente la idea de que la ocupación de Israel es brutal e injusta, y que la autodeterminación palestina es un bien necesario, si la expresión de esta perspectiva tiene que soportar la horrible acusación de antisemitismo» (J. Butler, ídem, pág. 136).  Es decir, la posición que denuncie la perpetración de un genocidio es automáticamente desactivada.

El recurso al antisemitismo es un ejemplo sencillo de falacia discursiva: la falacia ad hominem. No se trata de rebatir o desmentir un argumento por sus razones intrínsecas, sino que se limita a desacreditar a quien argumenta por una característica personal o moral. Pero no solo es eso, lamentablemente.

Defender una postura objetiva sobre la concurrencia en la política israelí de cuatro de los cinco actos genocidas descritos en la Convención internacional de 1948 sobre la Prevención y la Sanción del Genocidio[13], no debería ser tildado a la ligera de antisemita. Los actos antisemitas son «expresión de odio contra los judíos» o «convocatoria a actos discriminatorios contra los judíos». (J. Butler, ídem, pág. 137). La confusión entre el Estado de Israel y el pueblo judío parece algo más que una casualidad. Resulta útil a la estrategia de enarbolar la bandera del antisemitismo frente a la crítica a Israel. «Cualquier crítica a Israel es anti-Israel, en el sentido en que se piensa la crítica como un desafío al derecho de existencia de Israel», por lo que «un desafío al derecho de existencia de Israel solo puede ser interpretado como un desafío a la existencia del pueblo judío» (J. Butler, ídem, pág. 144). Esta confusión no solamente parece darse dentro del Estado de Israel, ya que las comunidades judías en la diáspora parece que no le den importancia al hecho de diferenciar «ser judío» de «ser israelí» o de «ser el gobierno israelí».[14] El antisemitismo no consiste en criticar a Israel, así como puedo criticar a cualquier otro país o Estado y sus políticas.[15]

Tampoco debemos caer en la ingenuidad, porque es «cierto que las críticas a Israel pueden ser utilizadas por quienes tienen voluntad antisemita», es decir, lo que parece que la acusación de antisemitismo hace es jugar con la intención con que se puede interpretar la crítica a Israel. Sin embargo, tampoco hay que ir más lejos, ya que la «intención con que se hace la crítica a Israel no pertenece a quien critica a Israel sino al receptor de la crítica que es quien le atribuye una intención antisemita. Esto equivale a prestarle a esta interpretación el enorme poder de monopolizar el campo de recepción de dichas críticas» (J. Butler, ídem, pág. 138).

Entonces, previendo interpretaciones desviadas en las intenciones de quienes escuchan las críticas a Israel, se está afirmando la censura de esas críticas a Israel. «Se está diciendo que el discurso público debe estar limitado de modo que esos enunciados públicos no sean pronunciados. Si se pronuncian, van a ser tomados e interpretados de un modo por el que van a ser considerados antisemitas» (J. Butler, ídem, pág. 139).

Esta situación es endiablada. «Si cualquier aproximación crítica al sionismo es considerada antisemitismo de hecho, entonces queda excluida como tópico de legítimo desacuerdo y discusión» (J. Butler, ídem, pág. 153). Es el cierre de la posibilidad de razonar con Israel sobre lo que ocurre en Gaza, por ejemplo. En la práctica, con la acusación de antisemitismo se deslegitima cualquier análisis, por neutral u objetivo que sea, sobre la perpetración de un genocidio sobre el pueblo palestino.

Pero, además, en la conducta y el discurso del Estado de Israel, hay un segundo peligro real, que consiste en la banalización del antisemitismo como crimen denunciable y perseguible: si toda crítica a Israel es antisemita, y la acusación de antisemita se usa sistemáticamente como interpelación amenazante (se está incitando al odio contra los judíos), entonces la acusación de antisemitismo se diluye, se desactiva. Cuando se presenten ahora o haya en el futuro aquellos que muestran explícita y violentamente desprecio y discriminación contra los judíos, «que atentan contra sinagogas en Europa, que portan banderas nazis y que apoyan organizaciones antisemitas», el recurso a la acusación de antisemitismo será banal (J. Butler, ídem, pág. 142).

[Imagen de hosny salah en Pixabay]



 

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